| Uno de los más interesantes oficios manipuladores del cuero es la marroquinería, de tradición e incluso denominación inequívocamente árabes. Aunque han sido y aún son muchos los centros marroquineros repartidos por el territorio andaluz, la marroquinería actual está sin duda asociada al nombre de una localidad gaditana: Ubrique. Este pueblo serrano y ganadero destaca desde antiguo por sus tenerías, que suministran a los artesanos del cuero el material preciso para la confección de sus productos. La cantidad y calidad de las piezas elaboradas les va guiando a la especialización en determinados artículos, los cuales reflejan las diferentes demandas históricas. Así, en época romana predomina la elaboración de escudos, mientras que en la de al-Ándalus se consolidan los repujados inherentes a los cordobanes. Con posterioridad, sobre todo a partir del siglo XVII, los artesanos de Ubrique se decantan por la fabricación de objetos utilitarios, desde calzado hasta artilugios de caza, llegando a ser conocido el pueblo como el de los "petaqueros", en referencia a las petacas para el tabaco usadas por los campesinos. Finalmente, en los últimos tiempos, ese progresivo acomodo al mercado les ha llevado a convertirse en el principal centro productor de artículos de adorno personal, hoy presentes en comercios de todo el mundo.
Las pieles más utilizadas siguen siendo las de oveja, cabra y vaca, bruñidas y lustrosas, y necesariamente delgadas, al tiempo que se ha introducido el apoyo de algunas máquinas que aligeran labores como el planchado, el cosido, el troquelado y el rebajado, entre otras, en un claro acomodo al sistema económico vigente. Esto conlleva igualmente el establecimiento de cadenas de producción "con mano de obra especializada tanto en el interior de las fábricas como en tareas auxiliares encargadas a domicilio" y de distribución, aunque no por ello deja de ser considerada como una de las artesanías más representativas de Andalucía.
Al margen de Ubrique y de algunos pueblos cercanos como Prado del Rey, que están siguiendo un desarrollo similar, son todavía abundantes los artesanos marroquineros ubicados en otros puntos de Andalucía, hacedores de una atractiva producción, aun moviéndose a mucha menor escala comercial. Desde grandes ciudades como Sevilla o Jerez de la Frontera, hasta pequeñas localidades como puedan ser algunos pueblos alpujarreños, la marroquinería andaluza mantiene un sólido empuje, tanto en productos de honda tradición como en artículos de libre creación. Unos y otros saben hallar su adecuado cauce de comercialización, sea éste su presentación en tiendas lujosas o su venta directa a pie de taller o en ferias y mercados especializados. [ Esther Fernández de Paz ].
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