| (olite, navarra, 1017-león, 1065). Rey de Castilla y León. Hijo de Sancho III el Mayor de Navarra, su padre le deja en herencia el condado de Castilla, que gobierna con el título de rey (1035-1065). Casado con doña Sancha, hermana de Vermudo III de León, vence a éste en Támara (1037). Muerto el monarca de León en el combate, se anexiona sus territorios. Más tarde Fernando I se enfrentaría a su hermano García de Navarra, que también resulta vencido y muerto en la batalla de Atapuerca (1054). Esto le permite extender el territorio castellano-leonés hasta el Ebro. Más tarde avanzaría por el valle del Duero, dentro del territorio de al-Ándalus, sumido en aquel momento en la debilidad militar que provoca la caída del Califato omeya de Córdoba y la aparición del régimen de los reinos de Taifas. Por el extremo occidental llegaría en 1064 a Coimbra. Siguiendo una política contraria a la que significan estas anexiones, a su muerte actuaría en forma similar a su padre, dejando Castilla a su primogénito Sancho, León a su hijo Alfonso, el futuro Alfonso VI * , Galicia a su hijo García y a sus hijas Urraca y Elvira los señoríos de Zamora y Toro. Esta decisión provoca un enfrentamiento civil que acaba resolviéndose con la reunificación de sus dominios en manos de Sancho II * .
La debilidad de las taifas andalusíes le permite tener una intervención activa en el territorio de Andalucía. Los señores de Toledo, Valencia y Badajoz se convierten en vasallos suyos. También correría la misma suerte el reino de los abbadíes * de Sevilla, obligado a satisfacer las parias o impuestos al rey castellano. Como parte de éstas, tras un ataque a la zona, en 1063, procederá al traslado a León de los restos de Isidoro de Sevilla * , la figura señera del cristianismo hispánico primitivo, que aún pervivía en al-Ándalus, entre los mozárabes cristianos y como elemento configurador de la cultura del país. Las crónicas de la época muestran al rey sevillano al-Mutadid * lamentándose de tener que entregar los restos del antiguo arzobispo metropolitano hispalense. La medida forma parte de las actuaciones seguidas por Fernando I para la configuración de una legitimidad de la monarquía asturleonesa que entroncara con los reyes visigodos. En el mismo sentido va la restauración de normas visigodas llevada a cabo en el Concilio de Coyanza, hoy Valencia de Don Juan, en 1055. El traslado de los restos isidorianos a León no impide que el cristianismo hispano, el rito mozárabe, fuese sustituido paulatinamente por el compostelano, convirtiendo a San Isidoro en un mero símbolo: reinando aún Fernando I, un enviado del Pontífice romano Alejandro II (1061-1073), el cardenal Hugo Cándido, se presenta en la capital leonesa con intención de lograr la abolición del rito mozárabe. De momento no lo consiguen, algo que sí logra sin embargo en 1067, a través de un concilio local para los territorios de Navarra y Aragón. [ Rafael Valencia ].
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