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HACHÃS |
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| m. (Del árabe
hassis
, hierba seca).Composición de ápices florales y otras partes de
cáñamo Ãndico, mezcladas con diversas sustancias azucaradas o aromáticas,
que produce una embriaguez especial. La vecindad con Marruecos, el primer
productor mundial de hachÃs, provoca que este derivado del cannabis sea
una droga de fácil obtención y alto consumo en AndalucÃa. En Marruecos,
se calcula que existen unas 100.000 ha dedicadas al cultivo del cannabis,
que producen unas 2.000 toneladas de esta droga al año y dan sustento a
unas 12.000 familias marroquÃes, principalmente en la zona deprimida de
las montañas del Rif. Núcleos urbanos de gran importancia en el norte de
Ãfrica, como Tetuán, Larache o Xauen, se convierten en verdaderas
capitales de la droga, desde donde se prepara su exportación a Europa,
utilizando casi siempre como vÃa de entrada el litoral andaluz. En la
costa gaditana, sólo durante los primeros 11 meses de 2004, PolicÃa y
Guardia Civil incautaron 375.855 toneladas, la mayorÃa pertenecientes a
mafias organizadas, aunque también es frecuente la figura del
contrabandista a pequeña escala. En 2003, los decomisos de esta droga en
AndalucÃa suponen el 32,6% del total del mundo.
El hachÃs "junto a la marihuana" es la droga cuyo
consumo experimenta el mayor crecimiento en los últimos años. Según el IX
Estudio Andaluces ante la Droga, realizado en 2005 por la Dirección
General para las Drogodepencias y Adicciones de la Junta de AndalucÃa, el
consumo de cannabis en AndalucÃa se sitúa en torno al 9% de la población,
elevándose al 22% si las edades consideradas se sitúan entre los 16 y los
20 años. La causa de este incremento del consumo de hachÃs, cuya edad de
inicio se sitúa en los 16 años, es la paulatina socialización de esta
droga, que acarrea multas pequeñas y tiene propiedades calmantes y
relajantes, provocando euforia, bienestar y una amplificación de la
percepción sensorial. El porro, por tanto, se relaciona con un consumo
social (el 40% lo fuma con amigos) y casi siempre está ligado al alcohol.
Aunque en los últimos años aumentan los movimientos que piden la
legalización de los derivados del cannabis, está demostrado que los
fumadores regulares de hachÃs sufren taquicardias, problemas
respiratorios, dolores de pecho y garganta, somnolencia y, con menos
frecuencia, parálisis locales y reacciones alérgicas. En el ámbito
anÃmico, produce apatÃa, pasividad y pereza, asà como pérdidas de
memoria, obsesiones, paranoias y crisis nerviosas.
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