| (linares, jaén, 1893-madrid, 1987). Guitarrista. Maestro inigualable de la guitarra clásica, Andrés Segovia es uno de los músicos más célebres de la historia de España y el responsable de la dignificación y expansión de la guitarra como instrumento válido en la interpretación de los clásicos. Hijo de un humilde carpintero, es educado por un tío suyo, abogado de profesión, que goza de una mejor posición económica. Pese a que la familia quería que estudiara Leyes, Andrés Segovia desarrolla una inquebrantable vocación musical, centrada en la guitarra, un instrumento que le seduce por su especial sonoridad de ?hierro y terciopelo?. Recibe clases de piano y violín, pero su principal preocupación es situar la guitarra al nivel de estos instrumentos. Ignorando las recomendaciones de sus familiares y profesores en el Conservatorio de Música de Granada, Andrés Segovia insiste en el aprendizaje de la guitarra, hasta entonces considerada un elemento más propios de tabernas y tablaos flamencos.
Aunque en sus inicios Andrés Segovia admite la influencia de Francisco Tárrega, lo cierto es que el maestro se vio forzado a ser un autodidacta desde sus inicios. Aplicando a la guitarra métodos de ensayo propios del piano, desarrolla su propia técnica y estilo y se dedica a adaptar algunas piezas del repertorio clásico (preferentemente Bach) a su instrumento predilecto. Aunque encuentra muchas dificultades en este camino en solitario, su calidad artística crece de forma exponencial, al mismo ritmo que su popularidad. En 1909, con tan sólo 15 años, Andrés Segovia debuta en el Círculo Artístico de Granada. El recital es todo un éxito y los conciertos se hacen cada vez más frecuentes. En 1912 actúa en Madrid y en 1916 en Barcelona. En la capital española, adquiere al luthier Manuel Ramírez, un buen amigo y colaborador suyo, la guitarra que toca durante muchos años, hasta que a mediados de los treinta comienza a utilizar una guitarra del artesano de Múnich Hermann Hauser. Con su fama en pleno auge, en 1919 se embarca en una larga gira por Iberoamérica, donde es recibido de forma entusiasta. En 1923 debuta en Londres. El crítico de The Times , que se había mantenido un poco escéptico, escribe: ?Nos quedamos hasta escuchar la última nota, pues ha sido la más deliciosa sorpresa de la temporada?. Al año siguiente, se produce su consagración. El celista Pablo Casals le prepara un concierto en París. El selecto público, entre el que se encuentran Manuel de Falla o Paul Dukas, entre otros, quedan admirados ante un músico que sabe desenmascarar las esencias de la guitarra española. Tras su actuación en 1925 en Berlín, su música ya es plenamente internacional.
Madurez. Uno de los principales problemas que encuentra Andrés Segovia en su carrera artística, es el limitado repertorio con el que cuenta. La adaptación de piezas de otros instrumento es un proceso largo y complejo. No obstante, muy pronto sorprende a todos con la adaptabilidad de la música renacentista o barroca, como la de Bach o la de Sylvius Leopold Weiss. Pero además, muy pronto cuenta con un gran número de compositores contemporáneos que, bajo su tutelaje, empiezan a componer para guitarra, como Manuel Castelnuovo-Tedesco, Alfred Casella, Turina, Torroba, Manuel de Falla, Ponce y Villa-Lobos. De esta forma, para 1928, cuando debuta en los Estados Unidos, su repertorio es mucho más rico. En enero actúa en el Town Hall de Nueva York, recital que es seguido por otros 25 conciertos en diferentes ciudades. Durante los siguientes diez años, Andrés Segovia se embarca de forma anual en una amplia gira por los EEUU, que le hace famoso en todo el país.
La Guerra Civil le obliga a dejar España. Se exilia en Génova, Italia, y más tarde en Montevideo, Uruguay, desde donde hace numerosas giras por Iberoamérica. En 1943 vuelve a los EE.UU., donde recupera la popularidad de otros tiempos catapultado por la televisión. Acostumbrado a un ritmo de trabajo desorbitado, en los próximos años da conciertos en la mayor parte de países que no pertenecen al bloque comunista. Mientras tanto, establece su residencia en Manhattan y, en su tiempo libre, lee libros de filosofía e historia y comienza a escribir sus memorias, La guitarra y yo .
Junto a sus conciertos y grabaciones (tiene recogidos más de 50 Lps), Andrés Segovia trabaja en dos cuestiones básicas para la guitarra española. Por una parte, se entrega a la docencia, teniendo entre sus discípulos a músicos excepcionales como John Williams, Alirio Díaz, Ben Bolt o Christopher Parkening. Por otra, colabora con diversos luthiers en el perfeccionamiento técnico de los instrumento, introduciendo maderas de mayor calidad, modificaciones en la estructura de la caja de resonancia y cuerdas de nylon. En la última etapa de su vida, Andrés Segovia vuelve a residir en España. Juan Carlos I lo nombra, en 1981, marqués de Salobreña. Un paro cardiaco le quita la vida el 3 de junio de 1987. [ Pablo Santiago Chiquero ]
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