| Conjunto de movimientos que fomentan y encauzan la asociación de personas para la defensa conjunta de intereses comunes. Por las características de la sociedad contemporánea, dominada por el capitalismo, se tiende a considerar sindicalismo esencialmente a la actividad ejercida por el proletariado en defensa de sus aspiraciones. El sindicalismo nace tras la extinción de los gremios y corporaciones medievales y cobra fuerza conforme se implanta la sociedad industrial y las nuevas relaciones impuestas por ella. Así, los primeros ejemplos de sindicalismo se sitúan en la Inglaterra de principios del XIX, con las Trade Unions, que consiguen un primer reconocimiento en 1824. En el caso de Andalucía, y aunque se sabe de la existencia de núcleos sindicalistas durante el reinado de Isabel II, serán los años de libertad que siguen a su destronamiento en 1868, el Sexenio Revolucionario, los que marquen el inicio de un fuerte movimiento de sindicación obrera en la actual comunidad, con numerosos núcleos y ciudades y cabeceras comarcales, una presencia notable que explica que se celebre en Córdoba, en 1872, uno de los primeros congresos de la I Internacional Obrera, creada en Londres en 1864.
Los orígenes. La Restauración canovista, que prohíbe inicialmente la sindicación, da paso poco a poco -sobre todo en periodos de gobierno liberal- a incipientes organizaciones sindicales. La Unión General de Trabajadores (UGT) surge en 1888 y pronto tendrá presencia en Andalucía y en 1909 lo hará la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), libertaria. La implantación de los sindicatos de clase en Andalucía es difícil y discontinua, por las frecuentes oleadas de represión, y cuaja sobre todo en núcleos mineros -Linares, luego Peñarroya, Nerva-, con etapas de auge, como la crisis fin de siglo, 1898-1903, y sobre todo en la coyuntura revolucionaria de 1917-1920. Esa evolución esta jalonada por la presencia de líderes, como el libertario Fermín Salvoechea en la Cádiz de fines del XIX o décadas después el doctor Pedro Vallina en Sevilla, o instituciones, como La Obra, en Granada, que llega a alcanzar al inicio del siglo XX notable representatividad. La CNT arraiga sobre todo en Sevilla, Cádiz y Málaga, dominando el socialismo en Jaén, Huelva y Granada. Esos núcleos sindicales crean periódicos defensores de su ideario con muchas dificultades económicas y políticas. En los años diez del siglo XX se organiza un sindicalismo católico, con presencia sobre todo en el ámbito rural, pero también otros -Astilleros de Cádiz-, que vive sus mejores años en esa coyuntura. La dictadura de Primo de Rivera será un periodo de hibernación para todos esos sindicatos que en los años anteriores alcanzan ya notable presencia en prácticamente todas las ciudades y comarcas andaluzas.
La II República representa una etapa de auge innegable para el sindicalismo en Andalucía. Crece la afiliación, que será proporcionalmente la más alta en la historia del sindicalismo en la actual comunidad. CNT y UGT se reparten influencias, aunque el sindicalismo libertario sufre periódicas represiones y cede presencia en el periodo en favor del sindicalismo socialista y, en algún punto, el incipiente sindicalismo comunista. Un sindicalismo de base sobre todo campesina, con el gran horizonte de la reforma agraria iniciada, pero con importante presencia asimismo en los núcleos mineros y en la enseñanza -UGT- y compartiendo presencia en los núcleos industriales, como las bodegas jerezanas. La Guerra Civil marca un auge de la afiliación a ambos sindicatos, en las provincias que permanecen en el bando republicano, pero tras ella llega la implantación del sindicato vertical del nuevo régimen. La dictadura del general Franco crea la Organización Sindical, con importante poder, que encuadra a todo el país al contemplar la sindicación obligatoria. El franquismo prohíbe la huelga y permite solo algunos sindicatos de rama con cierta autonomía -Servicio Español del Magisterio, SEM- y se persigue a las viejas centrales sindicales, cuyo patrimonio, generado durante décadas, es incautado. La larga clandestinidad y la durísima represión diezma las viejas organizaciones sindicales, que languidecen poco a poco en Andalucía, mientras desde mediados los años sesenta comienza a brotar un nuevo sindicalismo, en torno a lo que se llaman Comisiones Obreras, impulsadas por el Partido Comunista, pero que van ampliando influencia y pronto incluyen núcleos católicos reivindicativos nacido al calor del Concilio Vaticano II.
La democracia. La huelga de la construcción en Granada en el verano de 1970, con la brutal represión del franquismo, que causa tres muertos en julio de ese año, muestra por un lado la creciente actividad del sindicalismo clandestino en la comunidad, por otro la impotencia y crueldad del régimen para con esas asociaciones obreras, que no harán sino crecer en los años siguientes, marcados por un lado por la crisis económica, que genera un importante desempleo industrial desde finales de 1973, y por otro por el declive del franquismo y la consolidación pacífica de la democracia. El panorama sindical andaluz cambia radicalmente a partir de 1977. Desaparece el sindicalismo vertical franquista, cuyas amplias sedes pasan a las nuevas centrales sindicales y asociaciones empresariales, y aparecen nuevos sindicatos. Reaparece la UGT, que en un proceso muy rápido alcanza notable implantación en toda la comunidad, y se consolida CC OO como el principal sindicato en ella. La conflictividad en los años de la la transición es alta, pero Andalucía, como en general toda España, mostrará en adelante, incluso en algunas coyunturas de crisis, como 1993-1994, una baja tasa de afiliación a sindicatos, muy inferior a los niveles de pre-guerra y una de las más bajas de toda la Unión Europea. Los intentos de crear un sindicato o central sindical exclusivamente andaluza no cuajan, aunque hay intentos en el periodo 1977-1980, y tampoco se consolidan otras centrales, como la católica USO o la libertaria CGT. Pero surge con cierta fuerza y con ámbito propio el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), con notable influencia en los años de la transición y primeros tiempos de la autonomía en la Andalucía latifundista, que aporta además algunos líderes carismáticos, como Diego Cañamero, poco frecuentes en el sindicalismo andaluz reciente.
Desde los años noventa del pasado siglo XX, los acuerdos de Concertación Social, suscritos por las dos principales centrales sindicales, la Confederación de Empresarios de Andalucía, CEA, y el gobierno andaluz, con las que Andalucía se adelanta al resto de España en 1994, que son renovados en cinco ocasiones más entre esa fecha y 2008, aporta estabilidad y un paulatino descenso de la conflictividad, muy baja en la comunidad desde 1995-1996. El éxito del modelo no evita que los sindicatos sigan perdiendo poco a poco incidencia en la vida económica y laboral andaluza y que reciban acusaciones de sumisión al poder político en la comunidad. En los últimos años, las dos grandes centrales sindicales, CC OO y UGT reparten su influencia en Andalucía, con ligero predominio reciente de la central socialista, aunque CC. OO. tiende a ser mayoritaria en provincias como Cádiz o Málaga. Ambas centrales, no obstante, ceden notable parte de su representatividad a favor de sindicatos más específicos, sobre todo en la nutrida administración pública, caso de ANPE en la enseñanza no universitaria, Cemsatse en la Sanidad, USO en la Justicia o CSIF en el funcionariado de la Junta de Andalucía, en tanto el Sindicato de Obreros del Campo mantiene afiliación e influencia, con tendencia a reducirse, en núcleos rurales de la baja Andalucía. [ Antonio Checa Godoy ].
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