| (vivar, burgos, hacia 1043-valencia, 1099). Caballero castellano, apodado El Cid, término que deriva de la trascripción del árabe sayyid , que significa amo o señor. Es hijo de Diego Laínez, un infanzón que dice descender de Laín Calvo, uno de los jueces de Castilla. Su madre, hija de Rodrigo Álvarez, está emparentada con la alta nobleza castellana. Es criado por el infante don Sancho, futuro Sancho II, a quien sirve como su armiger o alférez. Como tal participa en diversas batallas y tiene que tomar parte en el duelo judicial que debe de solventar la posesión de Pazuengos y otros castillos fronterizos entre Castilla y Navarra, venciendo al navarro Jimeno Garcés. Dirige el ejército que en 1067 asedia Zaragoza, participando en todas las guerras del reinado de Sancho II, hasta que éste es asesinado en 1072 frente a los muros de Zamora. Esto supone que Alfonso VI se convirtiera en sucesor de su hermano, acogiendo el nuevo rey al Campeador con los honores y respetos que se merecía un destacado vasallo de su predecesor, hecho que se ve reflejado en la boda de Rodrigo con Jimena Díaz, sobrina del monarca e hija del conde de Oviedo (1074). Este hecho desmitifica el supuesto episodio de la Jura de Santa Gadea, convirtiéndose El Cid en miembro asiduo de la corte, y participando en algunos de los principales acontecimientos del reinado. A finales de 1079 Rodrigo es enviado a Sevilla para cobrar las parias, viéndose obligado a enfrentarse a García Ordóñez y otros caballeros súbditos de Alfonso VI, que ayudando al rey Abd Allah de Granada, atacan a al-Mutamid, rey de Sevilla. Al regreso a la corte, el Cid encuentra al rey indispuesto con él por acusaciones procedentes del entorno de García Ordóñez, y poco después una cabalgada que hace por tierras de Toledo como respuesta a un ataque de los monarcas taifas a la comarca de Gormaz, obliga a Alfonso VI a imponer un castigo ejemplar a Rodrigo, ante el peligroso precedente que significa que un vasallo rompiera sin autorización directa del rey la frontera.
El desterrado Rodrigo se dirige primero a la corte de Barcelona, para posteriormente ponerse al servicio de al-Muqtádir, rey de Zaragoza, y muerto éste (1081), de su heredero al-Mutamin, protegiendo sus tierras de los ataques del rey Sancho de Aragón y del conde Berenguer Ramón de Barcelona, y de las ambiciones de su hermano, el rey de Denia, Lérida y Tortosa. La victoria de Almenar (1082), en la que es apresado el propio conde de Barcelona, permite que poco después (1083) se iniciara el primer acercamiento del Cid a Alfonso VI, pero la falta de entendimiento entre ambas partes mantiene a Rodrigo en Zaragoza, combatiendo a favor del rey taifa.
En 1085 Alfonso VI conquistó Toledo, propiciando la alteración de la situación política peninsular, con la llegada de los almorávides, que le infringen la importante derrota de Sagrajas (1086). Todo ello coincide con el fallecimiento de al-Mutamin (1085), lo que supone la reconciliación del monarca castellano con el Cid en 1087. Poco dura este entendimiento ya que, fruto de ciertos malos entendimientos, Rodrigo no participa en la hueste real en Aledo, cercada por el emir Yusuf. A partir de este segundo destierro (diciembre 1088), don Rodrigo interviene en Valencia, convirtiéndose en garante de la integridad de las tierras de al-Qadir, frente al conde de Barcelona y al rey de Lérida. Derrota a sus competidores en esa zona, e incluso apresa al conde de Barcelona, Berenguer Ramón II (1090). A la muerte de al-Qadir en 1092 durante una revuelta urbana organizada con apoyo almorávide, el Cid cerca la ciudad de Valencia, hasta que en 1094 capitula, asumiendo su control de manera autónoma, aunque desde 1092 se había vuelto a reconciliar con Alfonso VI. Los últimos años de la vida del Cid están marcados por el enfrentamiento con los almorávides, frente a los cuales muere su único hijo Diego, en la batalla de Consuegra (1097). El prestigio conseguido por sus éxitos le permite concertar, en torno a 1098, ventajosos matrimonios para sus hijas. Cristina se casa con el infante Ramiro de Navarra, y María con Ramón Berenguer III de Barcelona.
A su muerte el 10 de julio de 1099 en Valencia, su mujer, Jimena Díaz, permanece en la ciudad del Turia, resistiendo los ataques almorávides, hasta que en 1102 pide ayuda a Alfonso VI, quien se presenta en la ciudad, y convencido de la imposibilidad de mantener la plaza la evacua, llevándose el cadáver de don Rodrigo a Cardeña.
Las hazañas del Cid lo hacen merecedor de protagonizar el primer cantar de gesta de la literatura hispánica. Aunque sus conquistas son en ocasiones efímeras, no la dimensión de su figura, que permanece en la mente de su pueblo como la reencarnación del ideal caballeresco, hecho que es reconocido tanto por musulmanes como por cristianos. [ María Antonia Carmona Ruiz ].
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