| Familia de califas de Córdoba, a la caída de los omeyas, y señores de Málaga, Ceuta y Algeciras, en el siglo XI. Linaje descendiente de los príncipes idrisíes * , que gobiernan Marruecos desde el Fez que ellos fundan y que a finales del siglo X se convierten en vasallos del califa de Córdoba. En el proceso de caída de la dinastía omeya en al-Ándalus participan apoyando a Sulaymán al-Mustaín * , el pretendiente que se hace con el poder en la capital califal en 1010, por primera vez, y en 1013, cuando tras el saqueo de Córdoba por parte de las tropas bereberes llega a él por segunda vez. Muy probablemente participan en la destrucción de Medina Azahara. En origen habían constituido uno de los grupos que los califas omeyas incorporan al ejército andalusí. Pertenecían a la tribu de los Banu Qannún o Guennún, en la terminología norteafricana. Sulaymán al-Mustaín les concederá en 1013, cuando comienza a configurarse el sistema de los reinos de taifas * , los territorios de Ceuta a Ali b. Umar b. Hammud y de Tánger, Arcila y Algeciras a al-Qásim b. Hammud. El primero de ellos amplía sus dominios apoderándose de Málaga y en 1016, ya en rebeldía contra Sulaymán al-Mustaín y autoproclamado como heredero del califato, avanza hacia Córdoba con el pretexto de "liberar" al califa Hixam II * , que ya había muerto. El primero de julio de ese año entra en Córdoba, desentierra a Hixam II y ejecuta a al-Mustaín, acusándole de magnicidio. A continuación se proclama califa, tomando laqab o sobrenombre honorífico de an-Násir, el mismo que había sido utilizado por Abderrahmán III * . Se trata de la primera persona no andalusí ni perteneciente a la familia omeya que accede al cargo.
Ali b. Hammud actuará al comienzo con una gran prudencia. Ante la sensibilidad que existe en la ciudad contra los bereberes, por el saqueo de mayo de 1013, se acuartela con sus tropas en el Alcázar de Córdoba y sigue una política moderada, impidiendo que se cometan atropellos. Así permanece durante ochos meses, hasta que surge una coalición en su contra que cuenta con un candidato a califa, un biznieto de Abderrahmán III an-Násir, que años más tarde se convertirá en el califa Abderrahmán IV al-Murtadá * . A partir de ese momento Ali b. Hammud deja a sus tropas campar a sus anchas por la ciudad y se suceden los atropellos y condenas. En 1018 termina por ser asesinado por sus esclavos.
Sus partidarios llaman entonces para sucederle como califa a su hermano mayor, al-Qásim, que en ese momento estaba como gobernador en Sevilla. Durante tres años intentará establecer un régimen más abierto en una Córdoba que teóricamente sigue siendo la capital de todo el país. Este liberalismo resultará ya inviable, en un al-Ándalus en el que los reinos de taifas, con la división política y administrativa que supone, son ya un hecho. De este modo proclama una amnistía general en la capital, que es el único territorio que domina de forma efectiva. Por otro lado, con las arcas del Estado vacías, obliga a la aristocracia árabe a una serie de contribuciones especiales, como la de pagar el equipo de un soldado para librar a los miembros de una familia del servicio militar obligatorio. Al no fiarse de sus propias tropas bereberes acude a mercenarios negros, con lo que se gana la antipatía de sus partidarios. Para consolidar su posición llega a acuerdo con los príncipes eslavos * del oriente del país, que cuentan todavía con influencia en la mínima administración califal que queda todavía en al-Ándalus. Se trata de los señores de Denia y Almería, a los que se reconoce de iure unos señoríos que ya tienen de facto sobre sus territorios. Los bereberes de Córdoba, relegados del poder, proclaman como califa, el 5 de agosto de 1021, a su sobrino Yahya, hijo del fallecido Ali b. Hammud. El nuevo califa entra en Córdoba en noviembre de ese año, mientras al-Qásim huye a Sevilla. Yahyá b. Hammud * deja una guarnición en Córdoba y regresa a Málaga, que es un reino taifa desde 1016. Los eslavos que quedan en Córdoba logran que la población cordobesa expulse al gobernador hammudí y a su guarnición a finales de 1022. Al-Qásim vuelve de nuevo desde Sevilla como califa. A los pocos meses, el 10 de septiembre de 1023, una revuelta generalizada lo expulsa definitivamente de la ciudad. Esta vez se le cerrarán las puertas de Sevilla, ciudad hacia la que vuelve a dirigirse. Los sevillanos, dirigidos por un triunvirato de notables entre los que se encontraba el juez Muhammad b. Ismail b.Abbad * , expulsa al hijo de al-Qásim. Éste puede marcar el principio de la taifa sevillana. Al-Qásim toma entonces camino de Jerez, donde es estrangulado, quizás por orden de su sobrino Yahya.
Los hammudíes, a partir de ese momento, perdido el califato en Córdoba, conservarán sin embargo su poder como señores de Málaga, Algeciras y Ceuta. La primera de ellas hasta 1057, cuando se la anexiona la Granada de los ziríes * , y la segunda hasta dos años antes, momento en el que pasa a formar parte de los territorios de la Sevilla de los abbadíes. El reino taifa de Málaga se constituye tras la retirada de Yahya b. Hammud de Córdoba en 1026. En Málaga continúa usando su laqab califal de al-Mutali, pretendiendo una cierta supremacía sobre las dinastías bereberes de todo al-Ándalus. Su enfrentamiento con la taifa de Carmona le va a llevar a morir en una expedición por tierras sevillanas en el 1035. A pesar de haber designado como sucesor a su hijo Hasan, le sucede su hermano Idrís b. Ali b. Hammud * , que viene desde Ceuta y que gobernará hasta 1039. Entonces los malagueños proclaman como soberano a su hijo Yahya, pero finalmente se hace con el poder el mencionado Hasan, el hijo de Yahyá * que, viniendo desde Ceuta, gobernará hasta su muerte, en diciembre de 1042, sin dejar hijos. Después de un breve paréntesis en que se hacen con el mando dos cortesanos de Málaga, gobierna Idrís II b. Yahya b. Ali * , con el que comienzan enfrentamientos internos en la familia gobernante. Tras sucederse varios mandatarios, el último de ellos, Yahya III, con Málaga anexionada a la Granada zirí, se retira a Almería. Algeciras, aparte de su posición estratégica en el Estrecho de Gibraltar y la importancia que tenía para los Hammudíes como salida hacia su plaza de Ceuta y el norte de África, era, como durante todo el resto del periodo altomedieval, un puerto vital para la economía de al-Andalus. En ella, se alza como soberano taifa Muhammad * , hijo de al-Qásim b. Hammud. Sucedido en 1048 por su hijo al-Qásim, en 1055 el territorio algecireño será incorporado a la Sevilla de los abbadíes por al-Mutadid * , tras diferentes enfrentamientos con los ziríes de Granada y sus parientes los monarcas de Málaga. Con éstos siguieron disputando la dignidad califal que sus antepasados habían tenido pocos años antes en Córdoba. [ Rafael Valencia ].
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