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JERóNIMOS |
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| Orden religiosa. Debe su nombre a San
Jerónimo, padre de la Iglesia occidental y ermitaño del siglo IV en el
desierto de Calcis. La Orden, en su inspiración originaria, nace en Roma
a mediados del siglo IV, y se establece en Belén, a la sombra de tan gran
doctor, y de un discipulado de ambos sexos, en el que despuntan Santa
Paula y sus hijas. Son célebres los monasterios de Belén e irradian en el
mundo antiguo, especialmente en el área mediterránea. Destruidos por las
invasiones, unos doscientos años después de la muerte del fundador (420),
reviven en España e Italia en el siglo XIV, al conjuro de una renovación
humanista que da a conocer los escritos del santo. En tiempos de Alfonso
XI y Pedro el Cruel aparecen en la Península Ibérica ermitaños italianos
a quienes su maestro, fray Tomás Succio, de Siena, había anunciado que
veía al Espíritu Santo descender sobre España, en forma de paloma, para
suscitar una Orden nueva. Con afán de recibirle, entran por Portugal y se
esparcen por los desiertos de Castilla y Levante.
Dos personajes de la corte del rey don Pedro,
atraídos por el "espíritu de gloria" que reina en el desierto del
Castañar (Toledo), ingresan en él y atraen numerosas vocaciones. Se trata
de Fernando Yáñez de Figueroa, canónigo de Toledo, y Pedro Fernández
Pecha, quien en sus
Soliloquios
explica en qué consiste la espiritualidad de
San Jerónimo: conciencia de pecado y de miseria personal junto a una
extraordinaria confianza en el valor de la misericordia divina; una
espiritualidad personal, intimista, emotiva, más que intelectual. Ambos
fundan el primer monasterio jerónimo de España, San Bartolomé de Lupiana
(Guadalajara), en 1370.
Rama masculina.
El número de miembros crece y tres años más
tarde, en 1373, el papa Gregorio XI les permite fundar una orden bajo la
filiación de San Jerónimo, dándoles como regla de vida cenobítica la de
San Agustín y permitiéndoles que elaboren sus propias constituciones.
Esta Orden "de caballeros encerrados" se extiende por toda la Península,
en monasterios autónomos, muy favorecida por los reyes de Castilla,
Aragón y Portugal. Benedicto XIII, el papa Luna, les concede la unión y
exención de la misma en 1414 y en 1415, en Santa María de Guadalupe, 25
priores celebran la elección de su primer general.
Para esa última fecha son más de 25 los monasterios
jerónimos implantados en España, entre ellos el de San Jerónimo de
Valparaiso (Córdoba), fundado en 1405, y el de San Jerónimo de Buenavista
(Sevilla), que data de 1414, Aunque no se incorpora a la Orden hasta
1426. Este último alcanza gran renombre por su austeridad, observancia,
vida litúrgica y caridad. Su fama cruza los mares, Felipe II le concede
la importante impresión de las bulas de Indias. Hospeda a Carlos V y
Felipe IV. Otro monasterio de gran tradición en Andalucía es el que se
funda en Granada tras su reconquista por los Reyes Católicos, Santa María
de la Concepción, aunque se ha llamado siempre de San Jerónimo.
En 1421 es elegido general fray Lope de Olmedo,
quien pretende introducir una reforma que recupera la primitiva
austeridad, aislamiento y pobreza. Con esta finalidad funda en 1424 el
monasterio Cazalla de la Sierra. Además, compone una regla con los
escritos de San Jerónimo y los presenta a la Santa Sede para que sean
aprobados. El papa Martín V autoriza a fray Lope de Olmedo la fundación
de una nueva orden, que aprueba con el nombre de la Congregación de la
Observancia de San Jerónimo, dejando total libertad a los otros jerónimos
para incorporarse o no a la reforma. El primer monasterio de esta nueva
tendencia es el de San Isidoro del Campo (Sevilla), fundado en 1431,
hasta ese año cenobio cisterciense. Este monasterio se hace célebre por
ser uno de los núcleos sevillanos en donde prende la reforma protestante,
siendo fray Antonio del Corro y fray Casiodoro de Reina sus miembros más
representativos. Los "isidros", como también se conoce a la Congregación
de la Observancia de San Jerónimo, erigen otros monasterios en la
Península, algunos de ellos en Andalucía: Santa María de Barrameda, en
Sanlúcar (Cádiz), fundado en 1440 por don Juan de Guzmán; Santa María de
Gracia de Carmona (Sevilla), en 1477; Santa María de los Ángeles, cerca
de Sanlúcar la Mayor (Sevilla); Santa María del Valle de Écija (Sevilla),
fundación de don Luis Portocarrero en 1468; y el de Santa Quiteria de
Jaén.
Esta observancia jerónima se extiende por Italia y
se extingue en el siglo XIX. El papa Nicolás V convoca un capítulo
general de la Orden en Roma con la intención de tender a la unificación
de todos los grupos jerónimos existentes en España, pero el propio
pontífice acaba desistiendo. Los monasterios de "isidros" inician un
retorno a la Orden desde finales del siglo XV, lo que se consigue en
1567. A lo largo del siglo XVI se fundan numerosos monasterios jerónimos
por toda la geografía nacional, coincidiendo con el "siglo de oro" de la
Orden. El siglo XVIII es un tiempo de relajación en la vida de los
monasterios y la decadencia espiritual se hace cada vez más notoria.
Entre los mismos monjes surgen severas críticas por las riquezas
acumuladas con los años. Las luchas internas se hacen manifiestas y los
pleitos entorpecen la vida de los monasterios, que van decayendo hasta
que en 1835, con los decretos de desamortización y exclaustración,
desaparecen del todo. Esta medida es la causa de la desaparición de la
Orden en España. Algunos años más tarde hay dos intentos de restauración
en el Escorial y Guadalupe sin éxito. Ya entrado el siglo XX, la Orden
jerónima se restaura en España. El monasterio de Santa María del Parral
(Segovia) es el primero en abrir sus puertas. En 1956 una pequeña
comunidad de monjes se instala en el monasterio sevillano de San Isidoro
del Campo hasta 1978, cuando la Orden decide cerrarlo. Los jerónimos han
dado a la Iglesia hombres ilustres "obispos y arzobispos, entre ellos
fray Hernando de Talavera" y una amplia galería de hombres brillantes en
el campo de las letras, la música y las artes plásticas.
Rama femenina.
Al tiempo que surge la Orden de varones, un
grupo de mujeres se retira a unas casas en Toledo para consagrarse a
Dios. Las primeras beatas jerónimas se asientan en la capital toledana y
con posterioridad surgen otros grupos con idéntico deseo de constituirse
como rama femenina de la Orden jerónima, lo que tiene lugar en el
capítulo de 1510. Los conventos son autónomos entre sí y tienen como
regla la de San Agustín. Sus años de esplendor tienen lugar entre los
siglos XVI y XVII, gracias a la expansión por México "conventos de
México, en donde destaca la célebre poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, y
el de la Puebla de los Ángeles".
La rama femenina se asienta por tierras andaluzas
desde el siglo XV, fundándose monasterios en Córdoba (Santa Marta, 1464),
Sevilla (Santa María de la Asunción en Morón de la Frontera, 1562, y
Santa Paula en la capital hispalense, 1475), y Granada (Santa Paula,
1543). De reciente creación es, en cambio, Nuestra Señora de los Ángeles,
en Constantina (Sevilla). Los monasterios españoles de jerónimas forman
una federación, presidida por la priora general, que reside en la casa
madre de Sevilla.
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