| (granada, 1804-1831). Heroína granadina defensora de la Libertad y la Igualdad. Mariana Pineda nace el 1 de septiembre de 1804. Es la segunda hija de la unión extramatrimonial de María Dolores Muñoz y Bueno, natural de Lucena (Córdoba), y de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío retirado. Sus padres no estaban legalmente casados, pero antes de morir su progenitor en 1805, éste testa a favor de Mariana, a quien reconoce como hija natural. En el testamento nombra tutor y curador a su hermano José de Pineda. La invidencia de su tío hace que éste deje su crianza y educación en manos de José de Mesa y de Úrsula de la Presa, quienes regentan un próspero negocio de abacería y confitería en la ciudad. En casa de los Mesa, próxima a Plaza Nueva, se cría en un ambiente político liberal. Con tan sólo quince años, Mariana contrae matrimonio con Manuel de Peralta y Valte, un militar liberal diez años mayor que ella. De este matrimonio nacen dos hijos: José María y Úrsula María. Mariana inicia su activismo político en 1824, un año después del fallecimiento de su esposo. Su incursión en la política parece que la determina Casimiro Brodett y Carbonell, destacado militar liberal con quien está a punto de casarse, aunque durante su matrimonio con Manuel de Peralta tiene ocasión de entrar en contacto con los sectores liberales de la ciudad. Mariana Pineda comienza a asistir a las reuniones que organizan los liberales. Su compromiso con la causa liberal queda muy pronto constatado. Consigue los pasaportes falsos, mantiene y distribuye la correspondencia bajo nombres falsos con los exiliados en Gibraltar, visita a diario a los presos en la cárcel de Granada... Parte de las tareas de inteligencia están a su cargo y las asume a pesar del peligro que conlleva para su vida. Y es que en el momento en el que Mariana Pineda decide defender la Libertad y la Igualdad, el contexto internacional y nacional es totalmente adverso a las ideas liberales.
En la Europa de la Restauración, desde 1815, el Congreso de Viena y la Santa Alianza velan para alejar el fantasma de la Revolución Francesa (1789) y para que en los Estados imperen los principios absolutistas. En España, la entrada por los Pirineos de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823 liquida el Trienio Liberal (1820-1823) e instaura un periodo, la Década Ominosa (1823-1833), de cruenta represión contra el liberalismo que devuelve a Fernando VII su poder absoluto. El régimen fernandino crea una Superintendencia General de Policía en 1824 cuyo primer y casi único propósito es la persecución de quienes tratan de restaurar la Constitución de 1812. Los tentáculos de aquella institución llegan a todos los rincones del país gracias a una tupida red administrativa al frente de la cual se encuentran unos subintendentes encargados de tareas de información, delación y represión. Estos cargos intermedios disponen además de un conocimiento profundo del territorio que se le encomienda y de una clientela de confianza fiel a la causa absolutista.
En 1825, Fernando VII nombra a Ramón Pedrosa y Andrade subintendente de policía y alcalde del crimen de la Real Chancillería de Granada. Antes de que Pedrosa llegue a Granada, Mariana y su criado, Antonio Burel, son procesados por primera vez al ser delatados por Romero Tejada, preso en Málaga. Merced a su defensor, sobre Mariana no recae sentencia alguna. Pedrosa intenta reactivar la causa, sin éxito. En 1828, Mariana organiza la fuga de la cárcel de Granada de su primo y amante, Fernando Álvarez de Sotomayor, militar liberal y activo conspirador que había tomado parte unos años antes en el pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan (1 de enero de 1820). Procesado y sentenciado a pena de muerte en 1827, gracias a la ayuda de Mariana consigue huir disfrazado de fraile y, días después, marcha a Gibraltar. La policía requisa la casa de Mariana sin probarle nada. A comienzos de 1831, tras el fracaso de los alzamientos de Torrijos y Manzanares, ordena interrumpir el bordado de una bandera masónica que va a enarbolarse en un inminente alzamiento liberal. Se formulan varias acusaciones en su contra sin que ninguna logre ser aprobada. Es finalmente una delación la que permite iniciarle proceso por causa de infidencia. El 18 de marzo, tras un registro de su domicilio, se encuentra en su casa de la calle Águila la bandera sin terminar con la inscripción "Igualdad, Libertad y Ley". Mariana Pineda queda bajo arresto domiciliario con vigilancia policial. Cuando la trasladan al convento de Santa María Egipcíaca, Mariana intenta fugarse sin éxito.
Desde el inicio del proceso, Pedrosa le insiste que delate a sus cómplices a cambio de indulgencia, pero se niega a dar nombre alguno. El 19 de marzo Pedrosa eleva un completo informe de lo hallado en casa de Mariana al ministro de Gracia y Justicia, don Francisco Tadeo Calomarde. Éste adopta medidas urgentes y asciende a Pedrosa a alcalde de Casa y Corte. El ascenso otorga poder a Pedrosa para condenarla a muerte. El proceso dura dos meses. Su defensor, don José María Escalera, tiene veinticuatro horas para estudiar el caso y preparar el escrito. Le niegan la posibilidad de apelación y le formulan un cargo falso que nunca conoce. Tras cuatro días de juicio, el 26 de abril, le notifican la sentencia a pena de muerte fundada en el artículo VII del Decreto del 1 de octubre de 1830. Fernando VII firma la sentencia de muerte que llega a Granada a fines de mayo. El 24 de ese mes la trasladan desde el Beaterio de Santa María Egipcíaca a la Cárcel Baja. Allí está dos días hasta su ejecución en el Campo de Triunfo de la Inmaculada. La trasladan al cadalso en mula por su origen noble. La acompaña un nutrido grupo de funcionarios de justicia, sacerdotes y militares. Todas las desembocaduras del Albaicín están llenas de mujeres que lloran ante su entereza. Llegan refuerzos de tropa presintiendo un amotinamiento. Mariana Pineda es ejecutada a gorrote vil el 26 de mayo de 1831 por la mañana. Aún no había cumplido los 27 años. Es enterrada en el cementerio de Almengor. Esa noche, dos figuras de negro ingresan en el cementerio y clavan una cruz en la tumba innominada de Mariana. Casi de inmediato, la joven granadina se convierte en símbolo de la libertad. El poeta Federico García Lorca exalta la figura de la heroína en el drama que lleva por título su propio nombre, Mariana Pineda . [ Francisco Cobo Romero / María Teresa Ortega López ].
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