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CONQUISTADORES ANDALUCES |
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| El hecho de que sea en tierras andaluzas de donde
partan los llamados viajes colombinos hace que en el proceso que sigue al
descubrimiento, es decir, la conquista y la colonización de América, los
nombres de los andaluces llenen las páginas de esa parte de nuestra
historia. Junto a la indudable importancia de ser Andalucía la tierra de
partida de las indicadas expediciones, influye el hecho de que en Sevilla
se instale la sede de la Casa de la Contratación, el principal de los
organismos administrativos relacionados con los más importantes y
variados aspectos de las tierras descubiertas, y sea su puerto el lugar
de llegada y salida de las denominadas flotas de Indias.
La primera base de operaciones para la conquista
queda establecida en la isla La Española, actual Santo Domingo. De allí
parte una serie de expediciones a otras islas de las Antillas, como la
del sevillano Juan de Esquivel, que conquista Jamaica. Sus relaciones con
la familia Colón son muy estrechas y en todo momento está al lado de Diego Colón en la reivindicación de
sus derechos frente a la Corona. Esa postura le enajena voluntades, lo
que probablemente le lleva a regresar a España, donde muere.
Cristóbal de Olid.
En la conquista de Nueva España, organizada desde La
Habana, participa activamente el jiennense Cristóbal de Olid, que es uno
de los más relevantes capitanes con que cuenta Hernán Cortés. Al igual
que del sevillano Esquivel es muy poco lo que se sabe de su vida anterior
a la aventura. Dos localidades se disputan el ser su cuna: Baeza y
Linares. Al parecer tiene gran facilidad para aprender las lenguas de los
indígenas, lo que le proporciona un papel de suma importancia en la
conquista del imperio Azteca. Está junto a Cortés en todos los grandes
eventos de aquella empresa, como son la batalla de Cholula, la Noche
Triste, la batalla de Otumba o la recuperación de Tenochtitlán.
Enviado hacia el sur por cuenta de Cortés, Olid
recorre tierras de la actual Honduras, comenzando de este modo las
desavenencias con su jefe. Marcha a La Habana y cierra un acuerdo con
Diego Velázquez, gobernador de esta ciudad, para conquistar, desvinculado
de Hernán Cortés, la América Central. En este proceso Olid se enfrentará
a otro conquistador que opera en la zona, Gil González Dávila, y se
enfrenta asimismo a Francisco de las Casas, enviado por Cortés, para
someter a Olid a su obediencia. El jiennense sale victorioso. Perdona la
vida a sus enemigos y éstos logran a la postre vencerle. Tras un
simulacro de juicio, es degollado.
Otro de los conquistadores andaluces es el egabrense
Francisco Hernández o Fernández de Córdoba, quien conquista las tierras
de la actual Nicaragua. Probablemente embarca para América en 1517 o
1518. En 1519 está en Panamá. A las órdenes de Padrarias Dávila, quien le
encarga la conquista de Nicaragua, algunos años más tarde. Junto a la
conquista, Hernández de Córdoba lleva a cabo la fundación de dos de las
más importantes ciudades de la actual Nicaragua: Granada y León. Entra en
contactos con Cortés para separarse de Pedrarias, lo que da lugar a
graves enfrentamientos. Derrotado por Padrarias, Hernández de Córdoba es
sometido a juicio y condenado. Es ejecutado en León, una de las ciudades
por él fundadas.
El Dorado.
Gonzalo Jiménez de Quesada, cordobés según unos,
granadino según otros, es uno de los conquistadores que se siente atraído
más que por un territorio por una leyenda, por un mito. En busca de El
Dorado recorre todo el curso del río Magdalena. En competencia con
Sebastián de Belalcázar funda en la meseta de Bogotá la ciudad de Santa
Fe con el propósito de explotar las esmeraldas de la zona. Sus conflictos
con Belalcázar hacen que regrese a Europa para zanjar el pleito. Es
nombrado mariscal de Nueva Granada y con tan pomposo título regresa a
América, donde atraído por la leyenda continúa con la búsqueda de El
Dorado en una larga y dura expedición que acaba con la mayoría de sus
hombres: de más de 500 sólo regresan, al cabo de tres años, 25 de ellos.
Realiza a edad muy avanzada un nuevo intento, ahora con el objetivo de
encontrar la fuente de la eterna juventud. Muere en la ciudad de
Mariquita a la edad de 80 años.
Sebastián de Belalcázar nace en la localidad
cordobesa de su mismo nombre y llega a Panamá en el momento en que
Francisco Pizarro organiza su expedición, enrolándose en ella. Aprovecha
su presencia en tierras andinas para lanzarse en busca de El Dorado,
chocando inevitablemente con Jiménez de Quesada, quien opera por la misma
zona de la meseta de Bógota persiguiendo la misma ilusión. Interviene en
las luchas entre los conquistadores españoles a la muerte de Pizarro,
tomando parte activa en la muerte de Jorge de Robledo, otro de los
buscadores de El Dorado.
Jorge Robledo es natural de Úbeda, donde nace a
comienzos del siglo XVI. Al igual que Jiménez de Quesada sirve al
emperador en sus campañas de Europa para embarcarse después a las Indias
en busca de fortuna. Se sabe que está en México, siendo uno de los
descubridores de Nueva Galicia y figura en la conquista de Guatemala,
dirigida por don Pedro de Alvarado. Tiempo después se pone al servicio de
Pizarro en las batallas del Perú, más exactamente en Cajamarca.
Posteriormente integra el ejército de Belalcázar que viene buscando El
Dorado y está presente en las fundaciones de Santiago de Cali y Popayán,
ciudad esta última de la que llega a ser alcalde. Erige los asentamientos
de Cartago y Anserma. Como gobernador de Antioquía es acusado por
Sebastián de Belalcázar de apoderarse de la hacienda real y es
ajusticiado.
Los Naufragios.
Otro de los grandes conquistadores andaluces es
Alvar Núñez Cabeza de Vaca
*
, jerezano de nacimiento, protagonista de una de las
aventuras más espectaculares de la conquista de América. Forma parte de
la expedición de Pánfilo de Narváez a la península de Florida, a cuyas
costas arriba como náufrago junto a otros compañeros. Con dos de ellos
recorre a pie toda la parte meridional de los actuales Estados Unidos,
más de 10.000 kilómetros. Después de numerosas penalidades Cabeza de Vaca
llega a México. El épico relato de este viaje lo deja en sus
famosos
Naufragios
. Posteriormente en otra extraordinaria aventura
recorre las tierras del Plata, llegando a las famosas cataratas de
Iguazú. Allí organiza la gobernación de aquel territorio, que le es
concedida, no sin tener que enfrentarse a Irala, otro conquistador que
alega derechos sobre aquella demarcación. Es también de los que pretenden
encontrar El Dorado, lo que le lleva a recorrer las tierras del Mato
Grosso. A su regreso a Asunción, Irala lo hace preso y lo envía a España,
donde se ve envuelto en un largo proceso judicial del que logra salir
indultado, al cabo de ocho años.
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