| Enfrentamiento militar, terrestre y naval, entre cristianos y musulmanes que la cronística castellana considera siempre como una de las últimas y grandes batallas por la conquista definitiva de al-Ándalus. Desde finales del siglo XIII hasta mediados del siglo XIV, desde Alfonso X * a Alfonso XI * , con la conquista de Tarifa en 1292 y Gibraltar en 1309 hasta la de Algeciras en 1344, todos los monarcas castellanos entienden que el dominio de la estrecha manga marina que separa Andalucía del Norte de África goza de un inestimable interés geopolítico. Un valor estratégico vital para la defensa y la repoblación de las posesiones más inmediatas del bajo Guadalquivir y el Guadalete, y fundamental para la seguridad del tráfico comercial cristiano, que por la nueva ruta de poniente conecta ahora los mercados mediterráneos con los atlánticos, Italia con Flandes a través del Mar de Alborán, el Estrecho de Gibraltar y el Golfo de Cádiz. Sin embargo, para los monarcas nazaríes, desde Muhammad I * a Yusuf I * , el control y la seguridad de la travesía marítima desde Ceuta, y otros puertos adyacentes de Berbería, hasta las plazas del litoral "Algeciras, Gibraltar y Marbella", entregadas a los benimerines * a mediados del siglo XIII como garantía de amistad y alianza natural islámica frente al empuje de los cristianos, fundamenta gran parte de la supervivencia del propio reino de Granada. Por ello, el enfrentamiento presenta en Andalucía un marcado carácter internacional; por un lado los granadinos y norteafricanos, por otro los castellanos, catalanes, genoveses y portugueses. Cada uno con intereses políticos y sobre todo económicos ora compatibles ora adversos. Y en medio de todos, muchas veces como sujeto pasivo, los hombres y las tierras andaluzas recientemente conquistadas y todavía en proceso de consolidación, o mejor de "castellanización".
No obstante, conviene saber que lo que verdaderamente está en juego en gran parte de la baja Andalucía no es someter el territorio del litoral atlántico inmediato, de escaso valor económico y poblacional, sino el control de unos puertos "Tarifa, Algeciras y Gibraltar" de gran trascendencia para la flota aliada cristiana que opera en el Estrecho frente a la musulmana.
Después de derrotas y triunfos alternos, tanto en el litoral como sobre todo en el mar, la victoria castellana y portuguesa del río Salado en 1340, cerca de Tarifa, frente a benimerines y granadinos, consolida el dominio cristiano en tierra; mientras que la flota aliada, genovesa y catalana básicamente, controla el tráfico mercantil por el Estrecho de Gibraltar. Y así lo entienden todos los contrincantes. El Poema de Alfonso el Onceno recoge con lúcidos versos la soledad, la resignación y el llanto del rey de Granada Yusuf I: "Granada, la muy noble / oy perdiste grand abrigo / poderío e altura, / que te siempre ennobleció. / Mudada es tu ventura, / la rueda se volvió. / Yo tu rey finco vencido, / ca non se que faser /, pues el poder e perdido, / ca non te puedo defender./
Desde mediados del siglo XIV y hasta el final mismo del reino Nazarí en 1492, Castilla controlaría definitivamente el Estrecho. Lo que para Andalucía significa seguridad repobladora y progreso económico de las ciudades costeras, como Cádiz, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María, y sobre todo, de la gran capital fluvial del interior, Sevilla, convertida ya en la urbe mercantil y naviera más importante de la corona castellana. [ Manuel García Fernández ].
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