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CERDA, LINAJE |
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| Descendientes del infante don Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X. Crean un importante señorío en Andalucía a partir de Alfonso de la Cerda, primogénito del infante, que recibe, como compensación a la renuncia de sus derechos a la corona de Castilla, una gran cantidad de villas, entre las que se encontraba Gibraleón y La Algaba "sentencia arbitral de Torrellas, 1304". En 1320 Alfonso de la Cerda cede sus posesiones andaluzas a su hijo Juan Alfonso. Durante el siglo XIV consolidan sus posesiones en Andalucía y el linaje centra sus intereses en este territorio. Las vinculaciones andaluzas de los Cerda se produce a raíz de la segunda generación, acrecentando sus posesiones con la incorporación de Huelva y El Puerto de Santa María. Estas localidades se incluyen en el patrimonio de los de la Cerda a partir del matrimonio de Luis, primogénito de Alfonso de la Cerda, con Leonor de Guzmán. Juan de la Cerda, el Mozo, hijo de Luis, se convierte en el único heredero. Durante el reinado de Alfonso XI, el carácter andaluz del linaje se acentúa a partir de su intervención en la vida municipal sevillana y de su participación en la guerra de Algeciras. Juan el Mozo contrae matrimonio con María Coronel en 1351, pero las intrigas amorosas de Pedro I respecto a su mujer hacen que intentara sublevar sus pueblos contra el rey. Es vencido en la zona de Beas y Trigueros (Huelva) y encarcelado en la Torre del Oro de Sevilla, donde muere en 1357. A partir de aquí, se cierra momentáneamente la vinculación de la familia con Andalucía, debido a la pérdida de sus dominios a favor del realengo y el agotamiento de la rama masculina. Acabada la guerra civil, Enrique II recompensa a sus seguidores: Bernal de Bearne, capitán de las milicias trastamaristas, recibe en 1368 la villa de Medinaceli con el título de conde, interviniendo el monarca, además, en su posterior enlace con Isabel de la Cerda, hermana de Juan el Mozo y última representante del linaje de la Cerda (1370). Pronto recuperaría este linaje sus posesiones andaluzas. Así, desde 1366, Isabel de la Cerda goza del señorío de El Puerto de Santa María y las heredades de la familia en tierras de Jerez. En relación con Huelva y Gibraleón, después de la guerra entre Pedro I y Enrique II, son entregadas a Alfonso Pérez de Guzmán en 1366. Por ello, Isabel de la Cerda inicia un largo y complicado pleito, consiguiendo en 1379 que Juan I le devuelva estos señoríos. A cambio, el reycompensa a Alvar Pérez de Guzmán, hijo de Alfonso Pérez, comprando para él 255.000 maravedís en bienes, entre los que se encontraba la aldea de Villalba del Alcor y la heredad y castillo de Palos. Don Alvar no renuncia a sus derechos sobre Huelva y Gibraleón, continuando el proceso, hasta que en 1401 se decide la entrega de Gibraleón a las hijas del difunto Alvar Pérez. Con ello, la villa onubense se desvincula definitivamente del señorío de los Medinaceli. A finales del siglo XIV, la familia posee dos grandes núcleos territoriales: en el viejo solar castellano "Medinaceli, más algunos núcleos vecinos, como Somaen, Miñana o Almazán" y en el bajo Guadalquivir "Huelva, El Puerto de Santa María, posesiones en Sevilla, etc.". Con Luis de la Cerda, quinto conde de Medinaceli "fallecido en 1501", la familia da un importante paso adelante. Combate en la guerra civil a la muerte de Enrique IV a favor de los Reyes Católicos y es elevado a la categoría ducal por privilegio de los monarcas (1479). A partir de entonces se abre la etapa más importante de la historia del linaje: a sus extensos dominios señoriales, los duques de Medinaceli unen los servicios prestados a la monarquía de los Austrias, ocupando puestos de virreyes, gobernadores, capitanes generales, gobernadores, etc. Además, en el siglo XVII experimenta sucesivos engrandecimientos por matrimonio, siendo el más importante la adición de la casa de Segorbe por enlace del octavo duque de Medinaceli, primer ministro de Carlos II desde 1680 a 1685, con la duquesa de Segorbe, Cardona y Lerma "linaje de Aragón". Muerto sin sucesión el noveno duque "fallecido en 1711", su Casa pasa a su hermana Feliche María, casada con el duque de Feria, con lo que el patrimonio se traslada a manos de los Fernández de Córdova. Su patrimonio continúa incrementándose con el matrimonio de posteriores titulares. Así, el undécimo duque, Luis Fernández de Córdova y Figueroa, incorpora el ducado de Camiña y el marquesado de Aytona y Luis María Fernández de Córdova y Gonzaga, décimo tercer duque, el ducado de Santisteban del Puerto. [ María Antonia Carmona Ruiz ].
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