|
|
GALLINA, EL |
VOLVER |
|
|
| (andújar, jaén, 1910-madrid, 1991).
Cantaor. Nombre artístico de Rafael Romero, quien
recibe dicho apodo por cantar frecuentemente en su juventud una canción
popular titulada "La gallina papanatas". Sus comienzos tienen lugar en
tierras jiennenses, donde llega a bailar cuando pierde temporalmente su
voz. En 1955 graba por vez primera en una
Antología del cante flamenco
editada por Hispavox y a la que aporta excepcionales
siguiriyas, tonás, peteneras, alborás y mirabrás. En Madrid, donde reside
prácticamente desde 1937, en plena Guerra Civil, forma parte, durante
muchos años, del famoso tablao Zambra, donde comparte cartel con Pericón
de Cádiz, Rosa Durán o Pepe El Culata, además de actuar en el Villa Rosa
y Los Gabrieles. Se forja entre Sevilla y Madrid a la sombra de su
maestro, el mítico guitarrista Perico el del Lunar, con quien se forman,
entre otros, Vicente Escudero, Teresa y Luisillo. Viaja por toda España y
lleva su copla, sus sentimientos y su pasión por no pocos teatros de
Europa, dejando grabados numerosos discos. Andújar, su patria chica, le
tiene dedicada una calle a Rafael Romero. En 1973 obtiene el Premio
Nacional del Cante otorgado por la Cátedra de Flamencología de Jerez de
la Frontera, en razón a su pureza cantaora. A lo largo de su carrera
actúa también en las compañías de Vicente Escudero, Teresa y Luisillo,
Antonio, El Greco, etc., viajando por distintos continentes, y en el
tablao El Catalán de París. Entre sus actuaciones en festivales hay que
destacar su participación en la Cumbre Flamenca de Madrid y en la Bienal
de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, así como en las Noches Flamencas del
Círculo de Bellas Artes madrileño, junto a recitales en peñas flamencas y
centros culturales. En 1984, la Peña Flamenca de Jaén le tributa un
homenaje consistente en un festival a su beneficio. Actúa en las
películas
Brindis a Monolete
,
El llanto de un bandido
y
El arte de vivir
. Cantaba con la máxima delicadeza, opina Manuel
Ríos Ruíz, "a suspiro por el suspiro, primorosamente, bendiciendo
con la mano cuanto saca del corazón, oficiando un rito, hilvanando la
copla puntá a puntá, dulcificándola, sin que el cante pierda tronco,
profundidad o azogue, dejándolo plantao como un olivo en lontananza".
Fernando Quiñones le considera un "brillante cantaor general, capaz de
dominar todos los estilos y registros, siempre en una línea de solera,
calidad y ortodoxia, a la que espolvorea de garbo su gitano decir. Largo,
puro y ancho, tal vez más que jondo, aunque con la suficiente jondura".
Su cante, a juicio de Antonio Murciano, era "hablado, susurrado, para ser
escuchado con religioso silencio, para casi dicho al oído del aficionado
cabal; cante fuerte, cante puro, manantial de labio a labio, de corazón a
corazón".
|
|