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ÚBEDA

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(JA). Ciudad andaluza, cabecera de la Comarca Lomas de Úbeda, a 735 m. sobre el nivel del mar y a 56 km. de Jaén, en un municipio de 402 km 2  y una población de 34.139 h. en 2006, cuya mayor parte reside en el núcleo central, existiendo algunas entidades entre 100 y 500 h.

Situación y emplazamiento.  Se sitúa en la parte alta del Valle del Guadalquivir, donde el relleno del antiguo Mediterráneo o mar de Thetys es de margas y molasas, componiendo elevaciones o lomas entre los ríos Guadalquivir y Guadalimar, por lo que la principal oferta territorial son buenas condiciones agrarias, principalmente de olivar, que, a principios del siglo XXI, es prácticamente un monocultivo. Úbeda se halla en una ruta de tradicional importancia hacia el sureste de la Mancha y Valencia, que pierde tráfico sobre todo en el XVIII, desviado hacia Madrid. Desde finales del siglo XX queda un poco al margen, con el nuevo trazado de autovías (hay perspectivas de convertir esta carretera), aunque es uno de los cinco ejes viarios de la ciudad, que se dirigen a La Carolina, Linares, Jaén y Granada, con bifurcación hacia Guadix y Baza. A escala más pequeña, Úbeda tiene una de las mayores centralidades de Andalucía, atrayendo a buena parte de la población del noreste de Jaén (comarcas de Segura, Mágina y el Condado), de la que es centro comercial, de servicios y cultura. Esto refuerza el comercio y los servicios de la ciudad, tanto públicos (escuelas universitarias, enseñanza media, hospital, cabecera jurídica) como privados. Su emplazamiento concreto le otorga una carácter geoestratégico de defensa, en el cerro de su nombre, dominando el Valle y avistando las sierras de Mágina, Cazorla y Aznaitín.

La Bética y al-Ándalus. La buena situación de estas tierras explican su temprana ocupación y, prescindiendo de leyendas (un descendiente de Noé) existen por la zona restos de la Edad del Cobre (Cerro del Alcázar). En la época romana hay cerca una colonia, Salaria o Úbeda la Vieja, llamada también Bétula, quizás por su proximidad al río Betis (antiguo nombre del Guadalquivir).

Pero el origen de Úbeda es de la época andalusí, como fundación (en la primera mitad del siglo IX) de Abderramán II, que independiza al-Ándalus de Oriente Medio, con el nombre de Medina (ciudad) Úbada (u Óbeda) al Arab (de los Árabes), aunque la mayor parte de la población era autóctona, pero islamizada. Llega a ser una ciudad importante con murallas, puertas, mezquitas, zoco o mercado y callejero intrincado, aspectos que como veremos permanecen en parte. Y con una actividad económica agraria -con varios cultivos y destacando el azafrán, según Abulfeda, XIV- e industrial, sobre todo por la fabricación de los ubedíes o esteras de esparto tejidas y bordadas, así como la producción alfarera y cerámica que llega hasta hoy. Úbeda forma parte de la extensa cora califal de Jaián y, en el XI, primero estaba en la taifa de los Banu Zirí granadinos y, luego, en el extenso reino de los abassíes sevillanos, para integrarse en el reino almohade de Jaén en el XIII.

La buena situación de Úbeda suscita el interés de Castilla y Aragón. Antes de la conquista definitiva hay varios intentos: Alfonso VI arrasa la ciudad en 1132; Alfonso VIII; 1212, con asalto y saqueo, tras la batalla de las Navas de Tolosa. En 1234 los gobernantes ubedíes establecen capitulaciones con el rey castellano Fernando III, quedando la mayoría de la población andalusí, que durante tiempo sustenta la agricultura (cereal, viñedo, seda y azafrán) y la artesanía (alfarería y esparto). En 1476 una disposición real separa en barrios distintos a cristianos, judíos y musulmanes. Después éstos se van haciendo cristianos con el nombre de moriscos y se van diluyendo con el tiempo, aunque a principios del XVII todavía existe una importante morería, procedente del Reino de Granada. Por cierto, que es defendida por el cabildo ubetense ante las pretensiones de expulsión: "an sido jente pobre y de poco trato y caudal sustentándose con su trabajo en la labor de los campos y algunas tiendas de fustas y simillas de poco valor, an vivido con demostración de fieles cristianos!, según el historiador francés Lapeyre.

Conquista y Edad Moderna.  Según algunos autores, en el momento de la conquista nace el dicho de "irse por los cerros de Úbeda", atribuido a la excusa por parte de un capitán del rey, de no participar en la contienda por haberse perdido en los cerros. Aunque otros atribuyen la frase al abandono del citado camino hacia Levante.

En los siglos XIV y XV hay bastante inestabilidad por las luchas de la nobleza por controlar el Concejo -cuyo alfoz o territorio iba en aumento con la incorporación de varias villas- y son muy conocidas las disputas entre las familias Aranda y Trapera en el cuatrocientos y los Cueva y Molina en el siglo siguiente. Y también tienen repercusiones las luchas entre herederos de la Corona y, así, en 1368 fue asolada la ciudad, partidaria de Enrique II, por las tropas de Pedro I. No obstante, es un núcleo importante cerca de la frontera con el reino nazarí por su posición defensiva y el cruce de caminos. En 1507 los Reyes Católicos, en su campaña contra la poderosa nobleza andaluza, ordenan demoler el Alcázar, que había sido utilizado por diferentes aristócratas.

En el siglo XVI se produce una expansión agraria con roturaciones de bosques en la amplia jurisdicción ubetense, que hace subir bastante la población, llegando a acercarse a los 20.000 habitantes. Parte de la nobleza alcanza puestos importantes, como Ruy López Dávalos, condestable con Enrique III, Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV, Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I, y otros miembros de su familia (Diego de los Cobos, Juan Vázquez de Molina), que dejan en la ciudad obras de Siloé, Vandelvira y Berruguete. En cambio el XVII es un siglo de malas cosechas y epidemias, a la vez que se van separando pueblos, como Torreperogil en 1680, y se había dejado de usar el camino medieval hacia el este peninsular. El terremoto de 1755 destruye parte del caserío y al final del XVIII hay una cierta recuperación económica.  

El siglo XIX. La información más importante de esta época se encuentra en el Diccionario  de Madoz, de hacia 1850, cuando la población era de 13.086 habitantes en algo más de 2.000 viviendas, en 11 plazas y 133 calles, la mayoría estrechas y tortuosas, constituyendo una población de "gusto árabe". Tres de ellas estaban "arrecifadas" (con aceras) desde el Real Viejo al Salvador, y destaca el paseo de las Delicias. La antigua muralla iba por la Cava, plaza de Toledo, calle Corredera, convento de Carmelitas e iglesias de Santo Tomás, San Lorenzo y Santo Domingo. Había diez puertas, tres arcos y 35 torreones, en uno de los cuales, plaza de Toledo, estaba instalado el reloj. Úbeda cuenta con ciertos equipamientos, organizaciones y entidades. Así un hospicio, asilo, hospitales (Santiago, San Pedro, de Arminde), pósito, matadero, carnicerías, alhóndiga, escuelas primarias, un colegio de segunda enseñanza, teatro, plaza de toros. Había nueve parroquias (1842), nueve antiguos conventos de frailes (a mediados del XIX, derruidos o con otros usos) y tres de monjas (dominicas, franciscanas y carmelitas).

Se dice que, aunque el "vecindario es rico y numeroso, no hay un arquitecto de la academia de San Fernando; solo se encuentran algunos albañiles". Y es que se trata de una ciudad monumental, sobre todo del Renacimiento, y por eso, en el Diccionario  aparece un apartado de Edificios notables, cosa poco frecuente en otras ciudades. En él se describen la Colegiata, varias iglesias (Salvador, San Pablo, San Nicolás y San Isidro), conventos (de las Cadenas, Trinidad) y el hospital de Santiago.

La economía era agraria, sobre todo de cereales, aceite, vino, leguminosas y también hortalizas y frutas, con una industria de avituallamiento local (almazaras, molinos de harina, telares...), pero también había una importante alfarería, sobre todo tinajas de hasta 120 arrobas de cabida, y fabricación de útiles de labor. Se exportaba aceite y grano y se celebraba una concurrida feria del 29 de septiembre al 15 de octubre. En las lomas había abundantes pastos, a pesar de los desmontes, y destacaban los caballos andaluces, existiendo un escuadrón de remonta, que entrega 800 potros al ejército entre 15 de marzo de 1848 y final de septiembre de 1849.

Historia reciente.  La ciudad de Úbeda se mantiene en la segunda mitad del XIX con un crecimiento demográfico en torno al natural (natalidad menos mortalidad), para alcanzar 19.395 en 1900 y 30.840 en 1940, con una tasa media anual en torno al 8 por mil, que indica estabilidad. En 1950 la población desciende y registra 28.398 en 1970 por efecto de las fuerte emigraciones andaluzas de esas fechas, de las que no se libran muchas ciudades medias como Úbeda, fundamentalmente agraria. Si bien algo más diversificada que ahora con el monocultivo olivarero, pues se producen también cereales, leguminosas y vino y en los años setenta había almazaras y artesanías tradicionales de alfarería, cuero -sobre todo albardonería para animales de labor- y esparto. Y, sobre todo, un amplio comercio y servicios -enseñanza media y profesional, escuela de artes y oficios, de magisterio, academia de la Guardia Civil, hospital o juzgados- para una extensa zona de influencia o comarca. Y cuenta ya el turismo por la atracción monumental de esta ciudad. En el censo de 1981 comienza una lenta recuperación (29.038 h.) para alcanzar los 34.139 en el 2006, con un crecimiento medio anual en torno al 6 por mil, que indica inmigración.

Plano, monumentos y turismo.  En el plano de Úbeda, que presenta una forma rectangular, destaca la zona originaria de la urbe comprendida por toda la vertiente sur de la actual ciudad, la cual se estructura a partir de un punto, su centro geográfico, que se puede situarlo en la actual plaza de Andalucía, antigua puerta de Toledo. Esta zona, más antigua, queda delimitada al sureste por las Rondas Muñoz Molina, la Redonda de los Miradores y calle San Millán, en las que se conservan partes de la antigua muralla; y al oeste por la calle Fuente de las Risas. Dentro de esta parte se distingue, a su vez, el núcleo original de la ciudad en torno a la plaza del Ayuntamiento, con una morfología cuya estructura y trazado viario es radial y de herencia musulmana, que vendría definida a partir de calles como la Real, Corredera de San Fernando o Prior de Monteagudo, que conectan este punto con el resto de las antiguas puertas de acceso (se conservan la de Granada, del siglo XV, y la de Sabiote, mientras que las de Santa Lucia o de Quesada son reconstruidas), atravesadas por otras transversales o adarves. A partir del siglo XVI la ciudad crece fuera del recinto amurallado manteniendo calles estrechas y enrevesadas propias del trazado árabe, como se observa en barrios que perviven en determinadas zonas del centro histórico, como los de San Pablo, Santo Tomás o Santo Domingo.

A partir del siglo XIX, con la construcción de la actual plaza de Andalucía, se produce un nuevo crecimiento urbano en Úbeda, apareciendo las principales arterias de tipo radial: la calle Nueva hacia el Hospital de Santiago y la del Obispo Cobos, al oeste; la calle Trinidad, al norte; el eje formado por las vías Rastro y Cava, al sur; y la Corredera de San Femado al este. La ciudad actual, heredera del urbanismo del siglo XX, ha crecido hacia el norte por impedimentos del medio físico (la depresión al sur por la Loma hacia el Guadalquivir) y delimitada por la N-322. Aquí tiene un papel impulsor la implantación de edificios administrativos, dándose un trazado moderno de calles alargadas y perpendiculares que dibujan una trama de manzanas regulares, ejemplo singular de ciudad jardín, como las avenidas de Cristo Rey, Linares y Ramón y Cajal, al noroeste con barrios como el de San Rafael. Mientras que por el noreste -a partir de la calle Torrenueva y su prolongación, la carretera de Vílches y la avenida de la Libertad- se levantan barrios como el del Cristo del Gallo o San Pedro. En los últimos años destaca el desarrollo de la zona del suroeste de Úbeda entre la Avenida de la Constitución y la Carretera de Jódar, por la parte de El Comendador, con una tipología de viviendas unifamiliares adosadas.

En Úbeda se conservan parte de las murallas andalusíes y algunas puertas, como la de Granada y Losal; y otras modificadas y reconstruidas (Sabiote, Santa Lucia), con varias torres: la de Arcas, en la Corredera, y la del Reloj, con templete superior renacentista. Queda el callejero intrincado de la parte antigua y el recuerdo de la mezquita mayor, donde hoy está la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares (mudéjar, renacentista y otros estilos posteriores), justamente en el sitio de la fortaleza islámica. Existen restos mudéjares en Santa Clara y en la Casa Mudéjar, hoy Museo Arqueológico, y se constatan dos edificios góticos (San Nicolás y San Pablo). Se sabe que estas dos iglesias y otras muchas se edifican sobre mezquitas o construcciones andalusíes que se han perdido, pero se conservan bastantes elementos mudéjares con añadidos renacentistas. Son Santa María, San Pedro, Santo Domingo, San Lorenzo, San Millán y San Isidoro, donde hay una fortaleza árabe al oeste de la muralla.

Pero lo que identifica a Úbeda y le hace merecedora de su condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, en el 2003, es la monumentalidad del Renacimiento andaluz, ligado a personajes ilustres del XVI. Úbeda cuenta con nada menos que con medio centenar de monumentos notables, lo que hace imposible la enumeración de todos, por lo que vamos a destacar algunos de ellos y ciertos conjuntos.

Muchas guías y publicaciones coinciden en señalar la plaza de Vázquez de Molina como el espacio más monumental y representativo, con edificios religiosos, civiles, palacios y casas particulares que forman un bello conjunto artístico. Los tres inmuebles más importantes son la iglesia de Santa María, la Capilla del Salvador -de los más grandes arquitectos de Andalucía, Siloé, Vandelvira y Ruiz, que logran una fachada de estatuas alegóricas- y el Palacio de las Cadenas o de Vázquez de Molina -de extremo purismo y equilibradas proporciones, con fachada de tres plantas de órdenes corintio, jónico y cariátide, junto con elementos netamente andaluces-, hoy Ayuntamiento. También los palacios del Deán Ortega, con inicios del barroco y amplia balconada, hoy Parador, y del marqués de Mancera, así como la Cárcel del Obispo (hoy juzgados),  antiguo Pósito, casa de Juan de Medina, la fachada del palacio de don Francisco de los Cobos y hospital de los Honrados Viejos.

Por la calle Ruiz González, se sube a la plaza del Mercado, de época islámica, pero reurbanizada en el XIX. Cuenta con dos edificios notables, la iglesia de San Pablo y el Ayuntamiento Viejo, de doble arcada italiana, hoy conservatorio. Cerca está la puerta del Losal y la calle de los alfareros. Retrocediendo, por la calle Santa Lucía, se alcanza el Mirador, con vistas al Valle del Guadalquivir, y por la Saludeja se llega a la puerta de Granada. Al lado de ésta se halla la iglesia de San Lorenzo y, tras su plaza y la del Marqués, se llega a la de Andalucía y, siguiendo recto, a la Trinidad (uno de los pocos ejemplos barrocos de Úbeda), palacio de los Bussianos, manierista, y casa del caballero Ortega. Al otro lado de las murallas y a la entrada de la ciudad, viniendo de Jaén y Baeza, se halla el Hospital de Santiago, llamado el "Escorial de Andalucía". Es fundado en 1562 por Diego de los Cobos Molina (ubetense, obispo de Ávila y después de Jaén) y se tiene por la obra cumbre de Vandelvira. Es un edificio sobrio, de impresionante fachada con dos torres escurialenses, patio de dos pisos y gran escalera. Hoy es un centro multiuso de congresos y exposiciones.

A los palacios citados habría que añadir otros en el casco antiguo: Vela de los Cobos, Conde de Guadiana, Luis de la Cueva, Marqués de la Rambla, y de Contadero, Medinilla, Casa de las Torres... Y viviendas con patios en callejas intrincadas e íntimas placetas. Y en las afueras, el puente de Ariza sobre el Guadalimar (de Vandelvira,) y el conjunto arqueológico de Úbeda la Vieja; más el puente viejo, con base romana, en el Guadalquivir, en la calzada de Cástulo (minas de Linares) a Granada y Baza.

Además del Museo Arqueológico (Casa Mudéjar), Úbeda cuenta con otros espacios expositivos, significativos de su historia y cultura: Agrícola, de Alfarería, San Juan de la Cruz y Semana Santa. También se mantiene la tradicional artesanía de forja, esparto y cerámica, donde permanecen elementos desde la época andalusí (hornos de leña, color verde, vidriado, filigranas, alcuzas, bordados...), incorporándose nuevos diseños. El aceite es básico en la gastronomía  ubetense y destacan platos como la pipirrana, picadillo de hortalizas y orégano; y postres, como el ochío (torta de aceite con pimentón y sal) y los papajotes, especie de pestiños. Estos están ligados a la Semana Santa, principal celebración, como en toda Andalucía, con abundancia de saetas. Otras fiestas son la romería de la Virgen de Guadalupe, la Feria de San Miguel, Carnaval, Candelaria, Cruces de Mayo, Corpus y otras propias: Butifuera, al final de la recogida de aceitunas, Fiesta del Renacimiento, o el festival 'Ámono pal flamenco', porque Úbeda es eminentemente andaluza y hasta el Renacimiento está impregnado de esta cultura, que, como veremos, constituye hoy una importante fuente de ingresos por turismo.

Economía y población. El municipio de Úbeda, cabecera de la comarca que lleva el mismo nombre, tiene una extensión de 402 km 2 y una población de 34.139 h. en el año 2006, lo que supone una densidad de población de 84,92 h./km 2 . Comprende siete núcleos, además del principal, que por importancia son Santa Eulalia (419), el Donadío (265), Solana de Torralba (261), Veracruz (119), San Miguel y San Bartolomé.

La dinámica demográfica es positiva, tanto desde el punto de vista natural como migratorio. Aunque el crecimiento de población se ve ralentizado los últimos años (32.524 h. en 1998). Esta evolución viene inducida por una estructura demográfica con tendencia al envejecimiento (el porcentaje de población menor de 20 años es del 22,6%, mientras que el de mayor de 65 años es de 16,9% en el 2006). Y la población residente extranjera sólo supone el 1,5% del total, principalmente rumanos (20,9%), seguidos por la colonia marroquí.

Úbeda sostiene su economía en el sector servicios, fundamentalmente en el comercio y la administración, aunque el motor es la agricultura, principalmente olivar. Y ello explica que tenga en el año 2004 una renta media declarada bastante alta (14.739,88 euros), en torno a la media de Andalucía (14.838,80 euros). Con una antiquísima tradición comercial, el sector terciario experimenta una importante diversificación (talleres, actividades financieras, inmobiliarias, hostelería y restauración, servicios públicos...). La ubicación en la ciudad de un hospital comarcal, centros educativos y escuelas universitarias (Uned y Safa), hacienda, juzgados, etc., la  convierten en un importante centro de atracción para la población de la mitad oriental de la provincia. Además, la actividad turística está en proceso de expansión, y se basa en su rico conjunto histórico-artístico, siendo la ciudad, como ya se ha señalado, nombrada Patrimonio de la Humanidad en julio de 2003. La oferta de alojamientos es amplia, con diezhoteles (466 plazas) y cuatro pensiones (100 plazas) en el año 2005.

No obstante, la vida económica del municipio gira en torno al cultivo del olivar. La fertilidad de sus tierras, las Lomas, hacen que sea el mayor productor de aceite de oliva del mundo. El olivar ocupa 26.749 has. (en 2005), tanto en secano como en regadío, y la calidad de su aceite virgen extra está certificada y acreditada por la Denominación de Origen Campiñas de Jaén, la más grande del continente, y pendiente del reconocimiento por la Unión Europea. En las vegas del Guadalquivir y Guadalimar también se da la agricultura intensiva de regadío (espárragos, algodón, cebolla, tabaco, remolacha?), manteniéndose, en otras zonas, el tradicional cultivo del cereal (897 ha en secano, según datos de 2005).

Por otra parte, la ciudad de Úbeda es históricamente un importante centro industrial y algunas de las actividades artesanales tradicionales generan industrias de considerable tamaño, que alcanzan su máximo auge entre 1950 y 1975. El esparto desarrolla la fabricación de capachos para los molinos de aceite, y más tarde la cordelería sintética y textil; la rejería y la calderería da origen a la industria de fundición y fabricación de maquinaria de almazara; la hojalatería a la industria de grifería; la artesanía cerámica a la industria de materiales de la construcción, etc. Asimismo, el sector secundario está ligado al cultivo del olivar y la producción de aceite, pero sin perder su famosa artesanía, cuyos orígenes están en al-Ándalus, destacando la fabricación de los ubedíes (esteras de esparto tejidas y bordadas a mano) o diversos objetos de alfarería, forja y cerámica. [ Gabriel Cano / Francisca Ruiz Rodríguez / Ángel Luis Lucendo Monedero ].

 

 
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