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REPOBLACIóN DE ANDALUCíA

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Las repoblaciones del siglo XIII siguen incluso cronológicamente a las grandes conquistas cristianas por al-Ándalus. En un primer momento, y al menos hasta la frustrada revuelta de los mudéjares * andaluces en 1264, toda vez que los moros, en virtud de numerosas ?pleitesías? o pactos, dominaban mayoritariamente el campo andaluz, la repoblación castellana se orienta hacia las grandes ciudades del Valle del Guadalquivir y las cabeceras de comarcas agrícolas: campiñas, vega, etc. Se trata de una repoblación selectiva y estratégica, de signo urbano y militar, que persigue ante todo el control colonial del territorio. Tras el obligado éxodo mudéjar en 1266, la corona castellana renuncia a la coexistencia pacífica con los musulmanes vencidos y se promueven trascendentales acciones repobladoras básicamente rurales, siguiendo el tradicional sistema de los Repartimientos * . A partir de ahora la historiografía castellana difunde la quimérica imagen de Andalucía como ?tierra de promisión?, con la intención de atraer nuevos pobladores cristianos del norte peninsular. Sin embrago, la empresa no resulta nada fácil, sino muy azarosa por la condición creciente de frontera del nuevo territorio. A juzgar por los resultados y los datos que se disponen, los repobladores asentados son insuficientes; con excepción de las grandes ciudades como Sevilla y Córdoba, las restantes reciben un número de vecinos muy por debajo de sus posibilidades. La sangría que origina en el campo la expulsión de los mudéjares no puede ser jamás mitigada, y el resultado es la multiplicación de despoblados; es decir, antiguas alquerías de tradición andalusí ahora arruinadas y vacías de hombres. El empobrecimiento es general.

Pero aquellos primeros pobladores del siglo XIII trasladan a Andalucía una sociedad nueva de ?hombres libres?, propietarios plenos de los bienes rústicos y urbanos que habían recibido en los diferentes repartimientos. Se trata de gentes procedentes mayoritariamente de todas las regiones del reino de Castilla y León (sobre todo de Burgos, Toledo y León) y en menor medida de la Corona de Aragón, Portugal y Navarra. También extranjeros, siendo los genoveses asentados en Sevilla y la Bahía de Cádiz la colonia más importante.

Balance final de la repoblación del siglo XIII es muy discreto, especialmente en los territorios situados en las proximidades de la raya fronteriza con Granada. Pero, aunque no se consiguiera ?rellenar? todos los huecos del éxodo mudéjar, no se puede mantener, sin más, el fracaso poblacional, como se justifica hasta fechas recientes. Pues los factores coyunturales negativos del poblamiento andaluz ?guerras, inseguridades, carestías, deserciones, etc.? no consiguen anular del todo el objetivo básico de la corona: la castellanización del Valle del Guadalquivir.

Las repoblaciones de los siglos XIV y XV. Las actividades repobladoras continúan lógicamente en Andalucía durante los últimos siglos medievales. En la  frontera, en gran parte llamada la Banda Morisca, durante al primera mitad del siglo XIV la corona castellana auspicia, no sin grandes dificultades y sacrificios, el poblamiento de las villas y ciudades que progresivamente conquista en el contexto general de la guerra por el control del Estrecho de Gibraltar: Gibraltar (1310), Olvera (1327), Alcaudete (1328), Teba (1330), Alcalá la Real (1341), Algeciras (1344), Medina Sidonia (1346), Morón de la Frontera (1378), Antequera (1410). Son repoblaciones modestas a pesar de los incentivos económicos, fiscales, sociales, etc., como la exención de las alcabalas y algunos privilegios extraordinarios para el poblamiento como ferias locales y sobre todo el de homicianos * . Hasta su desaparición en 1492, la frontera es un ?espacio repulsivo? para el poblamiento de Andalucía; pero a raíz de la conquista de Granada, la situación cambia por completo con una cascada de repoblaciones de villas y lugares fronterizos, ya regias ya señoriales, y con el crecimiento demográfico de las existentes en los Reinos de Sevilla y de Jaén, cuyos ejemplos más significativos son La Puebla de Cazalla, 1502 y Mancha Real, 1508 respectivamente.

Las repoblaciones del interior son muy distintas.  El modelo y el método repoblador es la carta puebla * , de probada eficacia en las iniciativas poblacionales fronterizas. Pero, en el interior, éstas se deben básicamente al esfuerzo conjunto de algunos señores (nobles locales, instituciones eclesiásticas, órdenes militares * ) y sobre todo de campesinos (sin tierras o sin las suficientes para sobrevivir) para transformar y humanizar un paisaje antiguo, inculto y yermo, de vastos territorios del interior de Andalucía, como el Aljarafe sevillano y las Campiñas meridionales cordobesas. Lo que se trataba no era solamente poner en explotación la tierra, sino asentar en ella campesinos-vasallos  sobre los que ejercer la jurisdicción, en una época caracterizada por la caída de las rentas señoriales. En este sentido, en el Reino de Sevilla a mediados del siglo XIV se habían poblado nada menos que 30 aldeas: Umbrete (1313), Albaida (1302), Los Palacios (1371), El Coronil (1381) entre otras pueblas de interés. A diferencia del siglo XIII, estos nuevos pobladores proceden de la misma comarca, del realego próximo en migraciones de ?corto radio?, ante la posibilidad que los señores les ofrecen de rehacer sus modestos patrimonios.

La repoblación del antiguo Reino Nazarí de Granada * , iniciada en 1485 con la conquista de Ronda, recuerda en muchos aspectos a las repoblaciones andaluzas del siglo XIII. Por su carácter socio-militar, se trata de una operación muy selectiva, auspiciada y controlada directamente por la corona castellana, con la técnica de los repartimientos * del siglo XIII. Pero los nuevos pobladores procedían ahora y en su mayor parte del mismo Valle del Guadalquivir y en menor medida de otros territorios de Castilla como Murcia y Extremadura. La permanencia de los mudéjares granadinos, y la teórica vigencia de sus capitulaciones, determinan que las repoblaciones cristianas fuesen muy selectivas, afectando a las grandes ciudades que, como Málaga, habían resistido a los castellanos, al menos hasta 1501. Consciente de lo limitado de estas nuevas pueblas granadinas ?entre ellas la propia capital del reino? los Reyes Católicos otorgan a los nuevos pobladores la exención fiscal completa de todos los impuestos durante los cinco primeros años. Sin embargo, hasta el destierro de los moriscos * en 1568, los cristianos viejos siempre son en el antiguo Reino Nazarí una minoría, incluida la ciudad de Granada. [ Manuel García Fernández ].

 

 
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