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En los orígenes de El Correo de Andalucía, y en buena parte de su larga trayectoria, está la Iglesia católica. En 1882 el Papa León XIII da a conocer la encíclica Cum multa , en la que se pronuncia  sobre la postura de la Iglesia ante el periodismo, y pocos años después "cita del historiador Manuel Alfonso  Rincón", en una nueva encíclica, Ab apostolici solii , se refiere expresamente "a la fundación de periódicos y a la creación de unas asociaciones de medios de comunicación y de gentes del periodismo católico con el fin de conseguir la moralización de la Prensa y, como consecuencia, la de la sociedad entera". Es el arzobispo de Sevilla Marcelo Spínola * el primero en recoger en España la recomendación lanzada por su pontífice. Marcelo Spínola y Maestre había nacido en San Fernando (1835), ejerce de abogado de los pobres y abandona su bufete para hacerse sacerdote. Spínola  había accedido a la silla arzobispal hispalense en 1895, procedente de Málaga. Precisamente en la capital malacitana es donde había nacido la cabecera El Correo de Andalucía en 1851, fundada por Ramón  Franquelo. "Relevante diario malagueño, con dos claras etapas, la primera bajo la influencia de su fundador, Ramón Franquelo, liberal independiente, y la segunda, a partir de 1875, cercana al partido conservador", señala Antonio Checa. El Correo de Andalucía , si se considera como tal origen este nacimiento en Málaga "si bien hay que constatar que hay una interrupción en la publicación al pasar de una ciudad andaluza a otra" sería, en la actualidad, el periódico decano de la prensa española. En cualquier caso, sí ostenta este rango de antigüedad en Sevilla. "Ni un solo trabajo, ni una sola línea, ni una sola letra de las que en él se publiquen dejen de encaminarse a la defensa de la verdad y de la justicia", reza el lema editorial de su fundador, que sentencia finalmente: "antes de faltar a esas normas, que El Correo muera". Larga vida le espera al rotativo católico desde su primer ejemplar como El Correo de Andalucía. Diario Católico de Noticias. Miércoles, 1 de febrero de 1899. El nuevo rotativo dice en su primer editorial: "Sale hoy, por primera vez, El Correo de Andalucía , que ni es carlista ni integrista, sino eminentemente católico y noticiero. No será, pues, un periódico consagrado a la piedad, que para tanto no tenemos aliento; antes eminentemente noticiero, con una información local, regional, nacional y extranjera, bien por el telégrafo, bien por el correo, lo más completa, exacta y rápida que sea posible".

Así es como, día a día, echa a rodar ese primer periódico de cuatro páginas, que se vende al precio de cinco céntimos. Sevilla es entonces una ciudad de 160.000 habitantes, que ha de padecer, años más tarde, la terrible sequía de 1905, que empobrece aún más la ciudad, por cuyas calles, y para paliar los efectos del hambre, no duda en mendigar su arzobispo, que un año más tarde sería elevado por Pío X a la dignidad del cardenalato.

Siete años después de su salida, muere su fundador en 1906. Un azulejo, que retrata al cardenal Spínola "beato de la Iglesia desde 1987 por haber fundado el periódico en un tiempo en el que se reclamaba por la máxima autoridad eclesiástica un compromiso de los católicos para crear prensa afín a sus ideales" con un ejemplar de El Correo de Andalucía , acompaña al periódico en todas las sedes sociales por las que pasa a lo largo de su historia: desde la de su etapa fundacional en la calle San Isidoro, pasando por Cuna, Rivero, Albareda y la Carretera Amarilla (Avenida de la Prensa), donde permanece el rotativo hasta su traslado en 2003 a la Isla de la Cartuja. El histórico azulejo es al fin colocado en un lateral de la parroquia de San Lorenzo.

Vaivenes editoriales. El Correo de Andalucía  forma parte del patrimonio histórico de Sevilla. Sus páginas saludan el comienzo del reinado de Alfonso XIII y sus visitas a Sevilla; registra los acontecimientos locales, sociales, políticos, económicos y culturales, desde la fundación de la fábrica de Cervezas Cruzcampo, al nacimiento y desfile por las calles de Sevilla de la primera Cabalgata de Reyes; en sus informacione s deportivas acuna el nacimiento del Sevilla Balompié y del Real Betis, asiste a la rivalidad de Joselito-Belmonte, a los traslados de la Feria de Abril. Vive con la intensidad propia de un periódico dos guerras mundiales, una Guerra Civil, dos repúblicas, dos dictaduras, la restauración de la Monarquía y la Democracia. Eso significa, para un periódico que vive entre tres siglos, cumplir años para registrar las legendarias historias de Sevilla. Por sus páginas desfilan periodistas, desde su primer director, Rafael Sánchez Arraiz, con firmas brillantes, entre las que se encuentran el nobel andaluz Juan Ramón Jiménez, por citar el nombre de su colaborador más emblemático.

El Correo  es, además, campo de experimentación de los más diversos mensajes, de sectores católicos conservadores de la Liga Católica y de la CEDA y más tarde de sectores progresistas; se presta a ser, como los periódicos locales de su época afines al levantamiento militar de 1936, vocero del general Queipo de Llano con  la publicación de sus arengas; fortín del cardenal Segura frente o junto, según soplaran unos u otros vientos, al poder dictatorial de Franco, vive la etapa brillante de oposición al régimen franquista a través de sus páginas dedicadas a la opinión y a la información laboral, refugio de políticos y sindicalistas que alcanzan altas responsabilidades políticas, como Felipe González, que desvela en sus páginas que era el clandestino Isidoro "nombre de guerra del joven secretario general de los socialistas españoles, en una entrevista memorable de Juan Holgado Mejías, publicada el 19 de octubre de 1974", Manuel Chaves, Rafael Escudero, Alfonso Guerra, Isidoro Moreno, Fernando Soto, José Rodríguez de la Borbolla, Luis Uruñuela, Alejandro Rojas Marcos, entre otros.

Etapa laboralista. Ese cambio progresista, desde sectores cristianos disconformes con la dictadura, se inicia en la etapa de Rafael González y se continúa de forma más notoria con el director José María Javierre, que es el que encarga a otro sacerdote periodista, Eduardo Chinarro, la organización de la sección "Mundo laboral". El Correo se convierte, desde entonces, en una pesadilla para el régimen y en un punto de referencia de la información laboral no sólo en Andalucía, sino de toda España,  en un momento en que la publicación hace valer más abiertamente su condición andaluza, como expresará durante las últimas décadas de su existencia. El Correo se mantiene en esa posición, marcando sus distancias con el colega ABC  y la prensa del Movimiento, hasta que las autoridades lo asfixian por donde más le duele a un medio, convenciendo al grupo editor que había que cambiar la línea progresista. Los directores de esos años duros sufren los efectos de la censura y las amenazas. Uno de ellos, Federico Villagrán, la sufre tan personalmente que da con sus huesos en la cárcel cuando se atreve a publicar una noticia (que resulta ser falsa) sobre un supuesto desembarco de marines en la base de Rota con destino a las costas de Portugal para abortar la llamada Revolución de los Claveles de 1975.

El Correo asiste después al nacimiento de la democracia y se constituye nuevamente como referente de la Transición democrática y como uno de los pocos periódicos de Andalucía que apuestan abiertamente por el proceso autonómico y la defensa de la identidad andaluza.

Cambio en la propiedad.  A sus páginas le van saliendo las arrugas de la vejez y el color amarillento de las hemerotecas. Si el periódico vive en distintos lugares de la ciudad, atravesando diferentes crisis de identidad, con cambios antagónicos en su línea editorial, no menos importantes son sus crisis económicas. El decano de la prensa sevillana sobrevive como puede "a veces, incluso con el apoyo de las Esclavas, la congregación religiosa fundada también por el cardenal Spínola". Así, si una de esas adversidades es el forcejeo por conquistar cotas de libertad de expresión en tiempos de Franco, otras azotan con el cierre a su plantilla cual periódicas plagas bíblicas. Y si un arzobispo es su fundador, es también un arzobispo, monseñor Amigo, el que reescribe la historia del periódico cuando intenta salvarlo de la amenaza de cierre para ponerlo de nuevo en manos del capital privado en 1986, cuando cede el control de Editorial Sevillana a Diasur (sociedad integrada por empresarios próximos a los socialistas), lo que conlleva también un cambio ideológico en la línea editorial. Del ensayo progresista de los años setenta, nace esa atracción por esta cabecera de aquellos jóvenes sevillanos que llegan años después al poder.

El Correo se abre a una etapa de convivencia editorial entre los poderes político y eclesiástico, logrando que la cabecera saliera del estado agónico en el que se encontraba. Resurge de nuevo El Correo con muchos esfuerzos, sacrificios e imaginación en la larga etapa del director Manuel Gómez Cardeña "lo acompañan en puestos directos, en distintas etapas, Antonio Lorca, Rafael Camacho, Francisco Romacho, Antonio Avendaño, Rafael Guerrero, Sebastián García, José A. Martínez "Quini", Luis Felipe Santamaría ...", que lo lleva a alcanzar altas cotas de mercado, fijando sus objetivos en la información política, la provincia, afianzando su liderazgo en la información deportiva con el equipo de Tomás Furest y en la cultural con el de Carmen Carballo y, en lo comercial, marcando con el invento de las promociones, especialmente las que se dedican a la Semana Santa, un camino que imitarán después no sólo los demás periódicos sevillanos, sino también la mayoría de la prensa andaluza y nacional. Pero todo ésto no  era suficiente y la empresa decide buscar apoyos editoriales para continuar su camino, justamente cuando El Correo alcanza su primer centenario.

Nuevo rumbo. Ése es el momento, mediados ya el año 1999, cuando PRISA compra, en su camino de apuesta por lo local, el histórico rotativo sevillano. Tras pasar por difíciles singladuras, el veterano Correo  afronta con Prisa una etapa renovadora con una empresa deficitaria, que pasa por serias dificultades con el personal hasta acoplar su plantilla, y formar una red informativa de tres puntas de prensa, radio y televisión: el periódico, la Ser y Localia. El decano de la prensa sevillana pasa a imprimirse en la rotativa de Prisa, instalada en Dos Hermanas, y a quedar instalado en la Isla de la Cartuja en 2003. En 2005, el Ayuntamiento de Sevilla le concede la medalla de Oro de la Ciudad al periódico centenario, que recoge Fernando Orgambides, director desde 2001, al que acompaña en la subdirección Antonio Hernández Rodicio. En este salto histórico de los 106 años de su historia, entre mil vericuetos, aciertos y dificultades, transcurre su historia, con movimientos ideológicos pendulares, como de la noche al día; y no es casual que, en los momentos más decisivos de su trayectoria, su vida haya estado protegida por un arzobispo fundador, luego nombrado cardenal (Marcelo Spínola), y por otro arzobispo, salvador en una coyuntura delicada, que también es elevado al cardenalato (Amigo Vallejo).

Es la historia del Correo. Así sucesivamente, representado e interpretado por generaciones de familias periodísticas, que han contribuido a la construcción de este bosque de columnas de papel. Cada una de estas columnas tiene sus registros propios, diferenciados y armónicos, con grandes firmas, con gacetillas anónimas, como testigos de historias convulsas y serenas, como narradores de leyendas, sometidos a los vaivenes del azar, a riadas y tormentas, de cotidianos avisos y noticias, como notarios de grandes sucesos y progresos, en estos y en otros grandes escenarios del universo, con las huellas de las fechas de tres siglos "final del siglo XIX, un siglo XX de principio a fin y comienzos del siglo XXI", que el periódico sucesivamente los sobrevuela, interpreta y deposita en los arcanos de su memoria. Una historia tan larga como enigmática, fructífera e incierta, como la vida misma de los lectores que siguen sus avatares y los periodistas y profesionales que pasan por las entrañas de una cabecera, que, a juicio de Pepe Guzmán "uno de sus reporteros más emblemáticos y heterodoxos", identifica a "un periódico honorable". [ Antonio Ramos Espejo ].

 

 
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