| Orden religiosa. Tiene su origen en el Valle de la Chartreuse, cerca de Grenoble (Francia), en 1084, cuando San Bruno crea una comunidad religiosa de vida austera, silencio riguroso y ayuno. Llega a España en el siglo XII, estableciéndose primero en Cataluña y en la región levantina. A finales del siglo XIV se implanta en Castilla, con la fundación de El Paular, en Segovia. Y en el siglo XV irrumpe en Andalucía con fundaciones en Sevilla, Jerez y Cazalla de la Sierra. Posteriormente, en el siglo XVI, se funda la Cartuja de Granada. Estas cuatro casas coexistirían hasta 1835, cuando se produce la desamortización de Mendizábal. En 1948 los cartujos ponen fin a un siglo de ausencia regresando a Jerez, sede que permanece hasta su definitivo cierre en 2002.
Santa María de las Cuevas. La primera Cartuja andaluza es fundada en Sevilla en 1401 por el arzobispo Gonzalo de Mena, eligiéndose para su ubicación la orilla derecha del río Guadalquivir "una zona abundante en barro moldeable que posibilita la instalación de varios hornos cerámicos durante la época almohade", en el camino entre Santiponce y Sevilla, junto a una antigua ermita de Santa María de las Cuevas, a la que debe su nombre el monasterio. El edificio, de estilo gótico mudéjar en su origen, modificado posteriormente por las reconstrucciones y las sucesivas ampliaciones del recinto "como la instalación de la fábrica decimonónica", es construido en relativamente poco tiempo, gracias al mecenazgo de la familia Afán de Ribera, que dota a su interior de gran belleza y esplendor con numerosas obras de Murillo, Zurbarán, Martínez Montañés... Las continuas avenidas del Guadalquivir determinan su fisonomía externa, semejante a una fortaleza con una tapia de tres varas de alta, tras la cual se cultiva una huerta interna con más de 3.000 naranjos y otros árboles frutales. En 1411 el monasterio es erigido en priorato, llegando a tener un relieve y desenvolvimiento tal que se erige en la primera Cartuja de Castilla. Un capítulo significativo de su historia es la estancia de Cristóbal Colón * en sus dependencias, quien junto a su familia mantiene relaciones cordiales con los cartujos de Santa María de las Cuevas, donde se ubica el panteón familiar y reposan durante algún tiempo los restos del Almirante. La tradición atribuye a su hijo Hernando la plantación de un gigantesco árbol zapote en la puerta del monasterio. El terremoto de Lisboa de 1755 causa importantes daños en el edificio, que en 1810 es utilizado como cuartel por las tropas francesas. Tras la exclaustración de 1835, el monasterio es convertido en fábrica de loza ( -> véase Cerámica ), dirigida por Charles Pickman * , La Cave, Echecopar y Lorenzo Hernández, quienes saben dar una dimensión industrial a un oficio artesanal desempeñado durante siglos en el barrio de Triana. La Cartuja es declarada monumento nacional en 1964 "la fábrica se traslada a un nuevo emplazamiento en la actual autovía Ruta de la Plata" y en 1982 pasa a depender de la Junta de Andalucía. Con vistas a la Exposición Universal de 1992 se inicia su restauración y durante este evento adquiere protagonismo como Pabellón Real, hasta donde llegan jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo. El recinto, caracterizado por sus chimeneas y altos hornos, alberga una de las sedes de la Universidad Internacional de Andalucía, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
Nuestra Señora de la Defensión. A la fundación de la Cartuja sevillana seguiría el establecimiento de la orden en Jerez de la Frontera. En 1463 el caballero jerezano Álvaro Obertos de Valeto dona al prior de Santa María de las Cuevas una finca situada a cinco kilómetros de la ciudad, a orillas del Guadalete, hasta donde llegarían los primeros cinco cartujos provenientes de Sevilla en 1476, fecha fundacional. Dos años más tarde se inicia la construcción de la Cartuja junto a una ermita, la de Nuestra Señora de la Defensión, de la que el monasterio tomará el nombre. Presenta dos partes claramente diferenciadas: el monasterio como tal, con la iglesia, la sacristía, el refectorio, capítulo de monjes, de legos, diversas capillas, claustro grande, celdas de los monjes; y la Casa de campo, con las dependencias de la administración, molino de aceite, tahona, granero" Una extensa finca donde surge el codiciado caballo cartujano ( -> véase caballo andaluz ). La fachada, obra del arquitecto jerezano Andrés de Ribera en 1571, presenta un estilo grecorromano que culmina en su magnífica portada, a través de la cual se accede, tras dejar atrás un gran patio y la capilla de "Caminantes", a la iglesia de estilo barroco edificada en 1667. El coro (1547) es obra de Jerónimo de Valencia y Cristóbal Voisin, y el altar mayor sale de las gubias de José de Arce. Hay que resaltar también el "claustrillo" o "claustro chico", de mediados del siglo XVI, el "claustro grande" o del "cementerio", de la misma época, y el refectorio, magnífico con su púlpito plateresco, como símbolos de un soberbio edificio que sufre el abandono absoluto, como consecuencia de la desamortización, y continuos expolios. A este respecto escribe Mateos Gago: "Allí no han quedado más que las paredes, los arcos, las piedras que no han podido llevarse los incautadores" Lo demás todo fue arrebatado por el huracán de nuestras desatentas revoluciones; alguna que otra escultura procedente de la Cartuja puede aún gozarse en la catedral de Cádiz; pero la inapreciable riqueza pictórica que allí existía y con la que hoy podría ostentar Jerez un museo digno de una capital, las obras de Murillo, Lucas Jordán, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, y sobre todo Zurbarán, desaparecieron por completo; allá en tierra extranjera, en galerías públicas y privadas de Francia e Inglaterra pueden contemplarla los curiosos, porque los listos incautadores "las vendieron por una copla", según frase del viajero inglés O`Shea". La Cartuja es declarada monumento nacional en 1856 y posteriormente, en 1875, el ministerio de Fomento permite el establecimiento de una escuela agrícola en sus dependencias, dirigida por la congregación sevillana de las Madres Filipenses, mientras que la casa de campo se convierte en cuartel destinado a la cría de caballos sementales. A mediados del siglo XX, en 1948, los cartujos regresan a Nuestra Señora de la Defensión, en donde permanecen hasta 2002, cuando aproximadamente 20 religiosos abandonan definitivamente Andalucía. El monasterio, declarado Patrimonio Histórico de Andalucía, es donado al obispado de Jerez-Asidonia, que a su vez lo cede a las hermanas de la orden de Belén.
La Concepción de Nuestra Señora. Este monasterio se sitúa a tan sólo tres kilómetros de Cazalla de la Sierra (Sevilla) y es fundado por los cartujos de la capital hispalense en 1479, tras adquirir una heredad de Castillejo. El edificio combina diferentes estilos, dominando el renacimiento y el barroco. Muy insalubre y difícil de sostener, los monjes están tentados varias veces de abandonarla y buscar un lugar más adecuado. Allí muere en 1956 el santo cartujo Luis Telm, nacido en Lérida, fundador en Portugal de los monasterios de Lisboa y Evora. Tras la desamortización se convierte en aprisco para el ganado y sufre un paulatino deterioro. Adquirido en 1977 por la familia Ladrón de Guevara, se inicia su lenta restauración "recibe en 1986 el premio Europa Nostra de rehabilitación" y su conversión en hospedería, en un grato entorno rico en aguas y arboledas.
La Cartuja de Granada. La andadura de los cartujos en la ciudad de la Alhambra comienza en la conocida como "Cartuja vieja" o monasterio de Santa María de Jesús (1506), emplazado en el bello y fértil pago de Ainadamar, sobre unos terrenos donados por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Poco después este santuario es abandonado por miedo a los moriscos y se comienza la construcción, gracias a la mediación del obispo Antonio de Rojas y de la reina doña Juana, del nuevo monasterio, dependiente de El Paular y destinado a perpetuar un hecho de armas del Gran Capitán contra los moros y a conservar sus restos mortales. Desde 1845 y hasta la desamortización de 1835 la cartuja granadina conserva el nombre de La Asunción de Nuestra Señora. La entrada al conjunto se realiza por una portada de estilo plateresco, realizada en el siglo XVI por Juan García de Pradas. A través de ella se accede a un gran patio que precede a la iglesia, culminada en el siglo XVII por Francisco Díaz de Rivero. Se ingresa en ella por tres puertas, una para los fieles y las otras dos, comunicadas con el claustrillo, para los monjes y los legos. Su planta es de una sola nave dividida en cuatro tramos a partir de elementos como el retablo, que separa el coro de legos y el de monjes. Embellecen el interior los retablos de Sánchez Cotán " Descanso en la huida a Egipto y Bautismo de Cristo , del siglo XVII" y el cancel de puertas de cristales adornadas con conchas de nácar, plata, maderas preciosas y marfil. Paramentos y cubiertas aparecen profusamente decorados, siendo el yeso el material utilizado para esculturas, hornacinas y arcos de los lienzos, inspirados en la vida de la Virgen y ejecutados por el diestro pincel de Pedro Anastasio Bocanegra en la segunda mitad del siglo XVII. En el presbiterio, cubierto con una bóveda elíptica, destaca el altar mayor: se trata de un altar-baldaquino, obra de Francisco Hurtado Izquierdo en 1710, sobre un rico basamento de mármol rojo de Cabra que alberga una talla de la Asunción del escultor José de Mora. A sus espaldas y tras un arco de medio punto acristalado se alza el sagrario cartujano, también trazado por el arquitecto y decorador Hurtado Izquierdo, en el cual desarrolla toda su fantasía barroca plena de efectos lumínicos y escenográficos. La sacristía, que junto al sagrario constituye una de las joyas de la Cartuja granadina, está situada a la izquierda del presbiterio y es uno de los monumentos arquitectónicos más importantes del barroco dieciochesco europeo. No se sabe con certeza quién es su autor y entre las numerosas atribuciones se vuelve a citar a Hurtado Izquierdo. En palabras de Bonet Correa la sacristía "es como una continuación del arte nazarita, a la vez que una creación nueva". De sencillas proporciones, su ámbito se acrecienta gracias al hábil manejo de la iluminación. Por último, hay que citar como lugares emblemáticos del monasterio el refectorio (1531), la Sala de Profundis (1600) y la Sala Capitular de Legos (1517). [ Antonio Checa Godoy / Javier Vidal Vega / Cristina Mellado Morales ].
|