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CAZORLA, COMARCA SIERRA DE

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 (JA). La comarca se localiza al este de la provincia de Jaén, ocupando algo más del 40% del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Las características naturales de este ámbito condicionan su desarrollo socioeconómico, que tradicionalmente se relaciona con el cultivo del olivar, pero la declaración de una parte importante de su territorio como espacio protegido supone el desarrollo de una fructífera actividad turística que contribuye a la generación de riqueza para una comarca históricamente aislada.

Como es característica general del nordeste jiennense, se trata de un espacio poco poblado, desarticulado e incluso considerado zona periférica a desarrollar (en este caso concreto, sobre las actividades que genera y potencia el Parque Natural). Por razones naturales la comarca está bien definida, además de por sus características históricas (antiguo Adelantamiento) y administrativas (es partido judicial desde 1834), por su unión voluntaria (a los grupos Proder, consorcio). Es una comarca sin área funcional, donde Cazorla desempeña el papel de cabecera a pesar de su escasa dotación de servicios e infraestructuras. En este sentido, funcionalmente depende de Úbeda aunque la capital comarcal cubra las necesidades básicas de servicios de los habitantes de este territorio. Es, por tanto, la existencia del Parque Natural lo que condiciona el criterio de delimitación de este espacio conformado por nueve municipios, a saber Cazorla, Chilluevar, Hinojares, Huesa, La Iruela, Peal del Becerro, Pozo Alcón, Quesada y Santo Tomé.

Fauna y flora.  El patrimonio natural de la Sierra de Cazorla merece una atención especial. Los paisajes de la abrupta serranía, la flora y la fauna hacen de éste un lugar de gran interés. Las pináceas predominan a grandes rasgos en el paisaje, concretamente el pino laricio y el carrasco, que en muchos lugares por debajo de los 1000 m. aparecen sustituyendo a la vegetación natural (encinares y quejigales). Autóctono o de repoblación, el pino se encuentra ampliamente difundido por la acción del hombre que tradicionalmente lo explota para su aprovechamiento maderero. En las zonas más bajas y soleadas aparecen las encinas asociadas al robledal de quejigos, mientras que en las de mayor altitud se localizan sabinas junto a otras especies arbustivas y herbáceas como el espino, majuelo, esparto, etc. El encinar se ve especialmente reducido debido a la presión a la que es sometido por los distintos asentamientos poblacionales. Aún así, todavía existen una serie de enclaves de esta especie localizados en las zonas de umbrías de Quesada y en el embalse de la Bolera. La flora de la Sierra y del espacio comprendido dentro de los límites del Parque Natural hace de la comarca el terreno botánico más importante del ámbito mediterráneo, con una proporción importante de endemismo entre los que destacan la violeta, el geranio de Cazorla (en peligro de extinción), la aquileña y el erodio. Su riqueza cinegética merece también una atención especial. Es el Coto Nacional de Caza Mayor por excelencia y destacan especies autóctonas como el ciervo, el jabalí (ambas reintroducidas tras su extinción) y la cabra montés. Junto a ellas conviven otras especies como gamos y muflones, que son introducidas y que se aclimatan perfectamente. Por otro lado, parte del territorio comarcal es declarado Reserva de la Biosfera y Zona Especial de Protección para las Aves, salvaguardando así a especies de incalculable valor como el alimoche, buitre leonado, águila imperial o el quebrantahuesos. Sobre éste último se está realizando un programa de reintroducción, ya que en los años ochenta desaparece de la zona.

Finalmente, otras de las características fundamentales a resaltar del patrimonio natural es que este espacio se constituye como un importante nudo hidrológico. El río Guadalquivir nace a 1.350 m. de altura en la Cañada de las Fuentes y en su curso alto, el de mayor pendiente, atraviesa una parte importante del territorio comarcal, alimentándose de las abundantes precipitaciones (que superan los 1.100 milímetros anuales e incluso registran máximos de 1.500) y del deshielo de las nieves de los altos macizos. También contribuyen a esta riqueza ríos de gran importancia, como el Guadaletín (que forma el embalse de la Bolera) y otros afluentes del Guadiana Menor, así como numerosos arroyos que riegan las vegas de la comarca.

Economía y demografía.  En cuanto a la estructura económica, tradicionalmente la comarca se sustenta sobre el sector agrícola que está dominado por el cultivo del olivar (que ocupa el 52% de las tierras labradas). En noviembre de 2000 se aprueba el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Sierra de Carzorla, cuya zona de producción abarca todos los municipios que componen la comarca, sumando un total de 31.500 ha dedicas al cultivo de este leñoso. La consecución del distintivo favorece la distribución de la producción oleícola al contar con el respaldo de una garantía de calidad que les permite introducirse en las principales redes de comercialización. La revalorización que está experimentado el olivar va acompañado de la intensificación de la producción a través de la puesta en regadío de algunas extensiones (que suponen ya entre el 20-25%) y con la ocupación de parte de las tierras que tradicionalmente se dedicaban al cereal en las zonas de campiña.

Sin embargo, no olvidemos que el olivar impone un marcado carácter estacional al mercado de trabajo, por lo que desde las diferentes asociaciones de desarrollo se mantiene la idea de recuperar la diversificación agrícola para contrarrestrar este problema. Se promueve la reintroducción de la producción hortofrutícola en las zonas más fértiles del Alto Guadalquivir y del Guadiana Menor. De esta manera, podría mantenerse ocupada durante el mayor número de meses posibles a los trabajadores del medio agrícola ya que el empleo está fuertemente condicionado por las fluctuaciones mensuales del mercado agrícola comarcal.

La población ocupada en este sector es del 31,43% del total, mientras que la proporción de los empleados en la industria (21,74%) demuestra la escasa importancia que ésta tiene en la comarca y cuya actividad se reduce a la manipulación y transformación del aceite y de otras materias primas, como la miel y los productos hortofrutícolas. Como en parte refleja el mercado de trabajo, el turismo (sustentado fundamentalmente sobre la riqueza natural del medio) se convierte en una de las principales actividades económica para determinados municipios. Habría que resaltar en particular los casos de Cazorla y La Iruela, donde se concentra la mayor oferta de plazas turísticas, fundamentalmente en el primero, y la fuerte demanda que está generando a su vez nuevos puestos de trabajo en otros servicios turísticos y comerciales. No obstante, la actividad turística debe desarrollarse de manera planificada, de forma que permita la conservación del medio ambiente y del entorno que tanta riqueza le está proporcionando, ya que el incremento de la demanda provoca la proliferación de urbanizaciones poco integradas en el medio que contrastan con la arquitectura tradicional comarcal.

Otro de los recursos turísticos lo constituye la riqueza monumental que ofrecen municipios como Cazorla y La Iruela, reflejo del esplendor que se alcanza entre los siglos XIV y XVII. Las construcciones de incalculable valor monumental y artístico posibilitan la introducción de la comarca en las conocidas rutas renacentistas que llevan a los visitantes hacia centros tan importantes como Úbeda y Baeza, a las que se accede fácilmente por su cercanía y buenas comunicaciones. No obstante, el patrimonio no está compuesto únicamente por las construcciones de esta época, sino que el paso de numerosas civilizaciones dejan importantes vestigios. Sirvan de ejemplos la cerámica y pinturas rupestres esquematizadas de Quesada, que datan del Neolítico; los vestigios de los iberos y agáricos en el pasillo natural del Guadiana Menor; la Casa de las Siete Fuentes de origen romano; o el Castillo de la Yedra y el de Salvatierra de la época musulmana. Todos ellos atestiguan el paso de las numerosas civilizaciones y conforman un patrimonio digno de ser visitado.

En definitiva, a pesar del dinamismo económico que se vislumbra a través tanto de la intensificación de la producción oleícola como de la expansión de la actividad turística, la población continúa con su tendencia de abandono del territorio. Los densos movimientos migratorios de mitad del siglo XX dejan como herencia una reducción de las tasas de natalidad y un envejecimiento progresivo de la población. Los movimientos no sólo se realizan hacia otras comarcas de mayor dinamismo económico, sino que se experimenta igualmente un proceso de relocalización en el interior de la misma. La tendencia es el abandono de los municipios serranos más aislados para acudir en busca de mejores condiciones de trabajo a los principales núcleos de población de la comarca. No se trata de municipios de gran entidad (Cazorla cuenta con algo más de 8000 h.), sino que su fuerza de atracción viene dada por su estructura económica donde los servicios van adquiriendo mayor relevancia. Además, la deficiente y mal estructurada red viaria intracomarcal agudiza aún más este proceso.

A pesar de todo, la dinámica de población en la actualidad, según los datos del 2001, demuestra que en municipios como Huesa y Pozo Alcón se está produciendo un pequeño resurgir. Éstas dos localidades son las únicas de la comarca que mantienen el crecimiento vegetativo positivo (con el 4,01 y 2,01, respectivamente), mientras que el resto continúan con la ya tradicional pérdida demográfica, es decir, con índices negativos (hasta un máximo de "16,23 que mantiene La Iruela). Sin duda, la inestabilidad laboral que otorga las tareas propias del campo y las del sector turístico no están ayudando a evitar el abandono de este territorio por parte de la población. [ Reyes Manuela González Relaño ].

 

 
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