| (espartinas, sevilla, 1943). Matador de toros, de nombre Antonio Ruiz Rodríguez. Es padre de Juan Antonio Ruiz Espartaco y, a decir de muchos, gran responsable del éxito profesional de uno de los toreros más brillantes del último cuarto del siglo XX. La plaza de Granada es testigo de su debut en público, el 13 de abril de 1961, y su presentación con picadores, el 27 de julio del mismo año. Después de cinco años luchando en el escalafón de novilleros, sin demasiados contratos, decide tomar la alternativa en Huelva. Aquella tarde del 19 de marzo de 1966, Emilio Oliva, en presencia de Efraín Girón, le cede la muerte del toro Isleño, número 39, negro zaíno, de 472 kilos, perteneciente al hierro de Jiménez Prieto. El rejoneador Álvaro Domecq Romero, que abre plaza, completa el cartel. Después de varios años de sinsabores decide cambiar el oro por la plata y, por último, dedicar sus desvelos a la preparación de sus hijos, Juan Antonio, sobre todo, y Francisco José, matador de alternativa también este último. || Espartaco. (espartinas, sevilla, 1962). Matador de toros, de nombre Juan Antonio Ruiz Román e hijo de Antonio Ruiz Rodríguez. La primera vez que ciñe el traje de luces es el 19 de marzo de 1975, con sólo 17 años, en la localidad sevillana de Camas. Su debut con picadores no puede resultar más prometedor; se produce en Ondara (Alicante) el 29 de enero de 1978, junto a los entonces novilleros Manolo de los Reyes y Emilio Muñoz. Aquella primera tarde, con los del castoreño, Espartaco corta un total de cuatro orejas y un rabo a sendos novillos de Castraz de Yeltes. Ese mismo verano se presenta, también con éxito, en la Monumental de Barcelona el 28 de julio. Corta dos orejas a un novillo de Baltasar Ibán y comparte cartel con dos de sus habituales compañeros de entonces, El Mangui y Aguilar Granada.
Con un bagaje importante, aunque también con cierta incomprensión por parte de las grandes empresas, adquiere el grado de matador de toros en Huelva "al igual que su padre" el 1 de agosto de 1979, con un cartel de auténtico lujo: toros de Carlos Núñez, Manuel Benítez "El Cordobés" "como padrino de ceremonia" y Manolo Cortés haciendo las veces de testigo. Las cuatro orejas y la posterior apoteósica salida a hombros por la puerta grande no van a tener, incomprensiblemente, una inmediata repercusión en forma de contratos. Los comienzos de la carrera de matador de Espartaco, muy al contrario, van a venir sembrados de obstáculos y sinsabores, aunque, paradójicamente, siempre el éxito acompaña a sus actuaciones. De hecho, las temporadas de 1979 y 1980 suma 35 y 59 paseíllos. La siguiente logra, además, su primera Puerta del Príncipe en la Real Maestranza de Sevilla el día 27 de abril. El de Espartinas, que comparte cartel con Curro Romero y Francisco Rivera "Paquirri", corta tres orejas de sus dos astados, de la divisa gaditana de Jandilla. Apenas un mes después, el 25 de mayo, confirma doctorado en Las Ventas, con una corrida de Matías Bernardos. Paquirri le cede la lidia y muerte del toro Frutero, en presencia del malogrado Julio Robles. Aquella espectacular temporada de 1982 la finaliza como líder del escalafón de matadores, con un total de 69 corridas. Sin embargo, el bravo torero tiene que aguardar un par de campañas para recoger el justo premio a tantos méritos.
La temporada de 1985, sin ningún género de dudas, resulta determinante en la carrera de Espartaco. Tanto es así que ha de jugarse su futuro a una sola carta en la plaza de Sevilla, tal vez una de las pocas que hasta ese momento sabe darle su sitio. La tarde del 25 de abril marca un verdadero hito en la historia de la tauromaquia contemporánea, por cuanto Juan Antonio toma una drástica y al tiempo dramática decisión de antemano: si no se produce un triunfo grande va a seguir el camino que años atrás eligiera su padre, cambiar el oro de los matadores por la plata de los subalternos. Afortunadamente, y con las cámaras de Televisión Española como testigos de excepción, Espartaco corta una oreja al primero de su lote, del hierro de Manolo González, y forma un auténtico alboroto con el sexto, el ya célebre Facultades, al que corta las dos orejas después de una templadísima faena desarrollada en los medios de la plaza. En ese mismo lugar lo despena de espectacular y fulminante volapié. Con Emilio Muñoz y Tomás Campuzano compartiendo también el histórico triunfo "cortan una y dos orejas, respectivamente, de una extraordinaria corrida", Sevilla abre a Juan Antonio por segunda vez en su carrera la Puerta del Príncipe y, de paso, la del camino al estrellato. Importantísimo es también, días después, su triunfo en Las Ventas de Madrid, el día 15 de mayo, después de cortar las dos orejas de un toro de Atanasio Fernández en presencia de Ruiz Miguel y Emilio Muñoz. Concluye la temporada, de nuevo, como líder indiscutible del escalafón y no va a soltar el cetro del toreo hasta la de 1991: siete temporadas como máxima figura con un total de 636 festejos a sus espaldas y un sinnúmero de tardes para el recuerdo.
Y es que, por poner un ejemplo significativo, todavía le aguardan nada menos que otras tres Puertas del Príncipe. La tercera en su carrera tiene lugar el 13 de abril de 1986, tarde en la que alterna con Curro Romero y José Antonio Campuzano y corta las tres orejas reglamentarias a los dos toros de su lote, del hierro de Carlos Núñez. Sin solución de continuidad, su siguiente Feria de Abril vuelve a tener tintes épicos: cuarta Puerta del Príncipe, el 28 de abril de 1987, tres orejas a los astados de Juan Pedro Domecq junto a dos ilustres veteranos: Antonio Chenel "Antoñete" y Manolo Cortés. La quinta y última se le abre de par en par el Domingo de Resurrección de 1990, en la corrida de Torrealta, en la que Espartaco ejerce como testigo de la alternativa que Curro Romero concede al prometedor diestro Julio Aparicio.
Los años siguientes, antes de llegar al fatídico 1995, Espartaco sigue en primera línea de la torería, aunque midiendo algo más el número de sus actuaciones. Con todo, cabe anotarle una sensacional faena a un toro de Núñez del Cuvillo en la Feria de Abril de 1993, al que corta las dos orejas después de instrumentarle los muletazos más templados que se recuerdan en la plaza sevillana. Lamentablemente, una inoportuna lesión de rodilla que sufre en la disputa de un partido de fútbol benéfico merma considerablemente sus facultades físicas. Con todo, hace el esfuerzo y la tarde del 23 de abril de 1995 concede la alternativa a su amigo Francisco Rivera Ordóñez en la Maestranza sevillana, en presencia de Jesulín de Ubrique y con toros de Torrestrella. El primero de su lote lo prende de muy mala manera en la faena de muleta y le ocasiona una seria recaída en su lesión rotular. En vista de las circunstancias decide abandonar de manera provisional los ruedos y centrarse en recuperar su maltrecha rodilla. Durante más de cuatro años, Espartaco demuestra un espíritu de superación y una afición fuera de lo común. Hasta cinco veces ha de pasar por el quirófano y las manos del doctor Ramón Cugat, con largos viajes a Houston (Estados Unidos) de por medio, en busca de una nueva meta en su carrera: volver a ejercer una profesión que para él es mucho más que una forma de vida. De nuevo, logra el justo premio a su sacrificio. Vuelve a vestir de luces en Olivenza (Badajoz) la tarde del 6 de febrero de 1999, junto a Enrique Ponce y El Juli, en la lidia de un encierro de Juan Pedro Domecq. Tres orejas y puerta grande: como si no hubiera sucedido nada.
Cumplido el gran sueño, Espartaco sigue vistiendo el traje de luces, a pesar de anunciar en alguna ocasión una eventual retirada de los ruedos. Lo hace, cierto es, en mucha menor medida que en su época dorada y todo parece indicar que el gusanillo de la afición lo va a mantener todavía algunos años en el candelero. Anualmente, en un hermoso gesto de su espíritu solidario, organiza en Madrid el festival a beneficio de la Fundación Padre Arrupe, con la que colabora para conceder becas de estudios a los niños necesitados de El Salvador. En diciembre de 2003, además, le llega un importante reconocimiento de orden social: el Consejo de Ministros le concede la medalla de oro de las Bellas Artes, galardón que comparte desde entonces con figuras de la talla de Curro Romero o Manolo Vázquez. Con todo, en 2005 va a vivir una de las más emotivas jornadas de su dilatada y triunfal vida profesional y personal.
Tres años antes, Juan Antonio ya coloca la primera piedra de un proyecto que le colma de ilusión: la plaza de toros de Espartinas, su tierra natal, cuyo nombre pasea por todas los cosos del mundo. El 19 de marzo de 2005 se celebra una corrida goyesca de inauguración en la que actúan, además del torero local, Francisco Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla. Minutos antes del paseíllo, que tiene lugar a las doce de la mañana, Espartaco inaugura junto a su esposa, Patricia Rato, y sus tres hijos un monumento en bronce enfrente de la puerta principal del coso. El mejor colofón a tan emotiva mañana no puede ser otro que una gran corrida de toros, con tres astados de Zalduendo y otros tantos de Juan Pedro Domecq que brindan un apoteósico triunfo a la terna: diez orejas y tres rabos, con los tres espadas a hombros.
Juan Antonio Ruiz Román, sin cuya aportación resulta difícil entender la evolución del toreo en el último tramo del siglo XX, forma ya parte de la historia de la tauromaquia como un diestro poderoso, honesto a carta cabal, dotado de un extraordinario sentido del temple y, sobre todo, de una clarividente inteligencia. Ante cualquier tipo de toro, de cualquier condición, Espartaco sabe estar a la altura, aplica la correspondiente faena en función del animal y cumple con creces con las expectativas de los aficionados más exigentes. En su periodo de oro, el comprendido entre 1985 y 1991, no encuentra rival posible a pesar de compartir cartel con grandiosas figuras. Nadie es capaz de hacerle sombra, ni en lo profesional ni en lo humano. Su penúltima gran lección, que no es otra que ganarle la batalla al infortunio, merece de por sí el respeto y la admiración de todos los que aman la fiesta brava. || Espartacochico. (espartinas, sevilla, 1966). Matador de toros, de nombre Francisco José Ruiz Román. Hijo de Antonio Ruiz Espartaco y hermano de Juan Antonio Ruiz Espartaco, el vínculo familiar define su vocación taurina y le lleva a debutar en público en 1982. Su debut con picadores se produce cuatro años después en Huelva. Aunque sus actuaciones como novillero no son abundantes "no pasa de la decena de festejos en 1987 y suma ocho en 1988", decide tomar la alternativa el 3 de agosto en el día grande de la feria de Colombinas de Huelva. La cita tiene tintes familiares, ya que es su hermano Espartaco quien hace de padrino en presencia de Miguel Báez "Litri". El toro de la alternativa, que se llama Montano y es del hierro de Juan Pedro Domecq, se lo brinda a su hermano y su padre, que al igual que en el caso de Juan Antonio, es el pilar básico en su preparación como torero. Trece corridas suma en lo que resta de esa temporada, subiendo el número a 27 en 1990 "pese a sufrir una cornada grave en Utiel" y a 40 corridas en 1991, su año más importante. Es evidente que Espartaco chico tiene el apoyo de su hermano, consolidado como figura del toreo, en estas primeras temporadas, pero él hace méritos y justifica en la plaza su presencia en ferias importantes. Tal es el caso de Sevilla, donde el 7 de abril de 1991 consigue uno de los triunfos más importantes de su carrera al cortarle una oreja a un toro de Carlos Núñez, alternando con José Antonio Campuzano y Manili. A este éxito se unen otros esa temporada como la faena a un toro de Cebada Gago en Algeciras, la oreja que corta en Santander y la salida a hombros en Gijón, entre otros. El torero parece responder bien ese año, pero en los siguientes pierde brío y acaba por retirarse poco después de haber confirmado la alternativa en Madrid, curiosamente con el mismo cartel de Huelva: su hermano Juan Antonio como padrino y El Litri como testigo, con toros de Los Bayones. Como tantos otros matadores que no consiguen la gloria, Espartaco Chico se hace banderillero y actúa a las órdenes de Eduardo Dávila Miura y de su hermano Espartaco en las últimas reapariciones de éste. En 2003 sufre una cornada grave en un tentadero, lo que le hace replantearse su futuro en el toreo. Decide cortarse la coleta también como banderillero y dedicarse a los negocios taurinos. [ Ángel Cervantes Velarde ].
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