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GIBRALTAR, CIUDAD DE

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Población bajo administración británica, que cuenta con 30.000 h., situada en la comarca andaluza del Campo de Gibraltar.

Situación y emplazamiento. El Peñón es una formación geológica de las cadenas Béticas, islote abrupto de 5 km. de longitud por 1,5 km.de anchura, cuya cumbre se sitúa a 425 m. sobre el nivel del mar, que se une al Campo de Gibraltar en el Cuaternario con un cordón arenoso o istmo. La ciudad se localiza en la ladera oeste menos escarpada, mirando a la Bahía de Algeciras, sobre las instalaciones portuarias; en un emplazamiento casi de isla "sobre todo, en las época de cierre de la verja", en posición de fácil defensa y en una ubicación privilegiada en el Estrecho de Gibraltar. Su situación geoestratégica funciona desde siempre como un punto crucial entre dos continentes y mares.

La Antigüedad. Con esa privilegiada situación, no es extraño que la ocupación humana fuese muy temprana y se encuentren restos humanos del Neardenthal en las cuevas calizas del Peñón: cráneo de un niño " descubierto en 1926 por el arqueólogo Breuil" y una mujer con varios útiles  domésticos de piedra "hallados en 1848". El Peñón es "junto con su homólogo Gebel Musa, al oeste de Ceuta" un punto de referencia clave para la navegación en la Antigüedad. En esta época se denomina Calpe "el nombre africano es Avyla", cuya significación es objeto de especulaciones "urna, orza u otras formas evocadoras del islote", siendo quizás más acertado un origen púnico. En cualquier caso, los orígenes de Avyla y Calpe se hunden en la mitología para ser atribuidas a los trabajos de Hércules y a las dos columnas que indicaban el final del mundo conocido, el non plus ultra o no más allá del Mediterráneo, donde empezaba el mar Tenebroso o Atlántico. Muchos son los relatos sobre estas montañas, como el de Estrabón "principio de la era", que la llama "peñasco enhuequecido" y que "algunos han tenido por Columnas de Hércules a Calpe y a Abila", si bien él mismo añade que "ni las pequeñas islas ni los montes pueden tener alguna semejanza con las Columnas". O las referencias de la cartografía, siendo Ptolomeo "año 150" el que primero fija ambos montes en un mapa, según estudio de M. Marchena (1987). Recordemos que el Escudo de Andalucía recoge esa leyenda y, en consecuencia, una de las dos columnas es, en realidad, el Peñón.

En la GranEnciclopedia de Andalucía  "editorial Anel" aparecen unas interesantes referencias a que "estuvo totalmente poblada de árboles, y según las palabras de Euctemon, "las selvas que le cubrían causaban a los que subían a él un miedo religioso" ["] y, además de higueras, chumberas y algarrobos, había "alimentos útiles para caballos, ovejas, cabras y cerdos". [...] En resumen el Peñón era en la Antigüedad una especie de pequeño paraíso terrenal".

Etapa andalusí.  El monte recibe precisamente su nombre "Gebel Tarik, Gibaltarí, Gibraltar" del lugarteniente de Muza, llamado por la declinante aristocracia visigoda, comenzando así la islamización de la antigua Bética, que se convierte en un estado independiente con el califato de Córdoba. Entonces el Peñón se incluía en la cora o provincia de Algeciras, que comprendía algo más de la comarca actual, integrando la Costa del Sol a occidente de Marbella,  con Estepona; y, al oeste, Tarifa, Castellar y Jimena, como núcleos importantes, además de la plaza de Gibraltar. Con la disgregación en taifas, Algeciras forma parte unas veces del Reino de Málaga y, otras, de Sevilla, uno de cuyos reyes recomendaba en 1069 a su heredero, Abu al-Casen, que  asegurara la plaza de Gibraltar como una de las llaves de al-Ándalus.

En el siglo XII, el geógrafo El Edrisí la describe así: "Desde esta montaña a Algeciras hay seis millas: está  aislada y es redonda en su base; del lado del mar existen extensas cuevas por las que corren fuentes de agua, y cerca de allí hay un pequeño puerto denominado del Árbol". A mediados del siglo siguiente forma parte del reino almohade de Sevilla y al parecer al-Mumim ordena edificar una ciudad con mezquita, palacios y murallas. En 1292 el rey de Castilla, Sancho IV, se apodera de la ciudad, comenzando una época de alternativas castellanas y granadinas, dado que la Roca se convierte en punto fundamental para el dominio del Estrecho, por lo que cada vez aparecía más fortificada.

Pero el centro de resistencia andalusí se hallaba en Algeciras, sitiada por Alfonso X en 1278, si bien la defensa de los algecireños y los fuertes calores, a los que no estaban acostumbrados los castellanos, les llevan a levantar el cerco y huir. Y algo similar ocurre en 1309 con las tropas de Fernando IV, que abandona el sitio, tras innumerables deserciones y el recibo a cambio de 50.000 doblas de oro, pero  se apodera de Gibraltar tras el asedio comandado por Juan Núñez, Alonso Pérez de Guzmán y el Arzobispo de Sevilla; si bien en 1333 es recuperada por el rey nazarí Mohamed IV de Granada, no terminando ahí la historia de idas y venidas.

En agosto de 1342, Alfonso XI de Castilla, al que se unen Felipe III de Navarra y algunos nobles extranjeros, cerca la ciudad de Algeciras, que capitula en marzo de 1344; y seis años más tarde intenta entrar en Gibraltar sin conseguirlo, muriendo de una epidemia de peste ante sus muros. Poco después, Ibn Batuta, en su viaje por Andalucía, visita en primer lugar "después pasa a Ronda" la montaña de Tarik o de la Conquista y dice que Abu Hasan había construido una torre sobre el castillo, así como un arsenal, talleres y una gran muralla. Y aprovecha para recordar unos versos del poeta Abu Abdalá sobre la "montaña de las dos victorias", cuya "altura es soberbia: está revestida de un manto negro, cuyo cuello sin abotonar está formado por la nubes. Las estrellas coronan por la noche su cima ["] y se parecen a dinares de oro. ["] Está llena de experiencia ["], sus pensamientos se pasean en lo que hay de asombroso en sus dos situaciones: la del pasado, la del presente o del porvenir ["], muestra gravedad y oculta los misterios".

En 1462 es conquistada por Enrique IV, que un año después visita la ciudad y está cazando con el rey de Portugal, don Alonso, en los bosques de la Almoraima, cerca de Castellar. La población autóctona, como en toda Andalucía, permanece en parte y con el tiempo se diluye, pero aún a principios del XVII existía una morería en Gibraltar, según el historiador francés Lapeyre.

Corona de Castilla.  Lógicamente, la importancia geoestratégica del Peñón continúa, algunos monarcas castellanos se titulan también reyes de Gibraltar y la misma Isabel I de Castilla deja escrito en su testamento de 1504, como antes hicieran los andalusíes, que sus sucesores  "tengan i retengan en si i para si la dicha ciudad; ni la enagenen  de la corona de Castilla". Sin embargo, este trozo del territorio andaluz vuelve a dejar de serlo para pasar en 1704 a la Corona británica.

Antes no existen muchas noticias. En 1580 el viajero alemán Erich Lassota dice de ella que era "una antigua  y hermosa ciudad, situada a la entrada del Estrecho". En la GranEnciclopedia de Andalucía se recoge un viaje de Felipe IV en 1624, que recorre parte de Andalucía, poco antes del intento independentista de 1640, y se afirma que, dadas las protestas porque el carruaje real no podía circular por las angostas calles, el gobernador de la plaza dice "quizás arriesgando demasiado" que "la puerta no se había hecho para que entrasen carrozas, sino para que no entrasen enemigos".

En 1659 el francés Francisco Bertaut está en el Peñón y describe las fortificaciones: "Murallas en terrazas, que están a lo largo de la roca, en el sitio en que no está escarpada", los baluartes, el muelle, la calle Mayor con el arsenal y una gran cueva "que atraviesa la costa desde el lado de la bahía hasta el otro que da al Mediterráneo, ["] llena de grandes bóvedas, ["] con pilares, estatuas y cien extrañas figuras que han hecho las caídas de agua". Es decir, las formas kársticas con estalactitas y estalagmitas. Un embajador marroquí en 1690 la considera una ciudad más bien pequeña, muy fortificada y habitada por soldados y gentes ligada a la administración militar.

El Tratado de Utrecht.  Al morir Carlos II sin sucesión, se entabla una guerra donde se mezclan intereses dinásticos y de las potencias europeas. Así, Francia apoya la entrada de la casa de Borbón, mientras Inglaterra, Holanda y Portugal son partidarios de la continuidad de los Austrias en la persona del archiduque Carlos, que desde Lisboa espera la toma de Gibraltar como puerta de entrada, una vez más. El almirante Jorge Rooke toma la plaza con 55 navíos y más de 3.000 hombres, enarbolando después la bandera británica "bajo su propia responsabilidad" y el rechazo, real o aparente, de la propia Inglaterra. No parece que la guarnición sitiada fuese muy grande y, posteriormente, hay alusiones sobre el particular, como las realizadas por el francés Juan Bautista Labat en 1705 "los ingleses tenían bloqueado el Estrecho y "se habían hecho dueños de Gibraltar sin disparar ni un tiro"" o Esteban de Silhuette en 1730 ""no tenían en esa plaza más que cien hombres"". En cualquier caso, Algeciras recibe una parte de la población refugiada, así como San Roque y Los Barrios, que forman tres concejos o ayuntamientos distintos en 1755.

El Tratado de Utrecht (1711-1714) es un conjunto de convenios de los que se beneficia principalmente Gran Bretaña, no sólo por la cesión que hace el Estado español de varios territorios "como Menorca y Gibraltar", sino por las ventajas comerciales a escala internacional. A la vez que Francia pierde la ocasión de ser la gran potencia europea, pues, entre otras cosas, Felipe V de Borbón tiene que renunciar al trono francés, pero es reconocido como rey de España. No obstante, se dan varios intentos de recuperación: el más importante entre 1779 y 1783, que es narrado por viajeros extranjeros, como el barón de Bourgoing, relator de algunos planes "construcción en San Roque de una torre más alta que el Peñón para dominarlo o el fallido ataque de barcas blindadas en 1782". Añadiendo, quizás de manera parcial, que "España no tiene otro interés en recobrarlo que un empeño de honor ["] y ha sacrificado a esta quimera, durante cuatro años, la Hacienda pública". Cuestión en la que insiste el marqués de Langle en 1784: "España gastaba cerca de 180.000 libras diarias para aturdir al general Elliot con un vano ruido que ["] no llegaba hasta él".

Historia reciente.  Estos intentos de tomar el Peñón o la guerra contra los franceses a principios del XIX  son otros momentos en que se pone de manifiesto la importancia geoestratégica de la plaza, que en 1830 cambia su estatuto de fortaleza al de Colonia británica y durante las dos guerras mundiales se considera base estratégica principal, así como en la llamada Guerra Fría. A partir de 1950, el gobernador está asistido por un consejo legislativo y otro ejecutivo, alcanzando cada vez más autonomía, especialmente desde la Constitución de 1969, en que España cierra la frontera, habiendo reclamado antes, en 1963, en el comité de descolonización de la ONU. Pero un referéndum en 1967 arroja un resultado de 99% favorable a la continuación como colonia y toda una generación "hasta 1982 no se abre el acceso peatonal de la verja" vive de espaldas al  Campo de Gibraltar.

Ciertamente, existen siempre manifestaciones a favor de la recuperación del Peñón y la citada GranEnciclopedia de Andalucía recoge frases de varios  personajes a través de la historia, algunas bastante exageradas: "Todos los españoles, al levantarse ["] deberían pronunciar siempre una palabra: Gibraltar, Gibraltar". Durante la dictadura franquista el Peñón se utiliza como un elemento de unión y de reivindicación patriótica, existiendo después un tratamiento más sosegado y acorde con las dimensiones de la Roca y la pérdida progresiva de función geoestratégica, tras la distensión de la Guerra Fría. Y, al menos en apariencia, hay algunos avances entre los dos estados, firmándose un acuerdo en 1984, por el que España levanta las restricciones, abriéndose totalmente la frontera en 1985, mientras que el Reino Unido se compromete a negociar  incluso la soberanía, existiendo acercamientos posteriores. No obstante, los gibraltareños están clara y masivamente en contra de tal cosa y en el referéndum de noviembre del 2002  otra vez el 99% de la población rechaza la soberanía compartida y, posteriormente, existen manifestaciones en ese sentido, estando en 2005 la situación más calmada y con conversaciones esporádicas, dando la impresión de que Gibraltar tiende a un estatus similar al de Mónaco en una situación de independencia dentro de la Unión Europea. Sería largo enumerar y explicar aquí las actuaciones de representantes gibraltareños, como sir Joshua Hassan, primer ministro entre 1964 y 1987, Joe Bossano o Peter Caruana, actual ministro principal.

Lo que sí choca en esas reuniones recientes es que sean tripartitas y no a cuatro bandas con inclusión de la Junta de Andalucía. Pues, además de que el Peñón es un territorio tan andaluz como Cádiz por ejemplo, se hace necesaria una mayor relación institucional con el Campo de Gibraltar, al que geográfica, cultural y en parte histórica pertenece esta población "mezcla de andaluces, sefardíes, marroquíes, genoveses", que además de inglés habla un perfecto andaluz y sus costumbres y economía están tan relacionadas con la comarca. Si se trabajara más por una integración de hecho y de uso común de servicios e infraestructuras "con los acuerdos financieros adecuados", incluido el aeropuerto, dejando de lado el asunto de la soberanía, con el tiempo se daría una relación natural y seguramente la bandera andaluza no suscitara el rechazo de la española. Todo esto nos da pie a un breve análisis económico.

En este sentido, conviene una doble consideración, ya que el Campo de Gibraltar es, en parte, una cierta respuesta a la colonia. Pronto, en 1728, se crea una comandancia denominada Campo de Gibraltar y en 1834 Algeciras es capital de uno de los partidos judiciales instaurados. A principios del siglo XXI, es centro indiscutible de una de las comarcas más claras y aceptadas de Andalucía; a la vez que la industrialización de esa ciudad "menos de lo conveniente" obedece bastante a la respuesta indicada. Obviamos el asunto del contrabando "presente desde el mismo siglo XVIII y ligado de algún modo al relieve de las sierras de Cádiz y Ronda", del posible blanqueo de dinero y las especulaciones urbanísticas, para enfocar la economía del otro lado.  

La principal contabilidad gibraltareña se basa en la actividad financiera "unas 70.000 sociedades con ventajas fiscales" y el turismo "con un número de visitantes anuales equivalente a toda la población de Andalucía". Su calle Mayor, eminentemente comercial, está siempre llena de turistas, si bien existen escasos monumentos, aunque conserva algo del legado andalusí: la torre de la Calahorra,  que domina el casco urbano; los baños árabes, donde reside el Museo de Historia Militar de Gibraltar; e incluso la moderna catedral anglicana se construye al gusto morisco. [ Gabriel Cano ].

 

 
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