| Capital andaluza de 237.663 h., a 738 m. sobre el nivel del mar y con un municipio de 88 km 2 .
Situación y emplazamiento. Granada se sitúa en la Depresión Intrabética o altiplano entre las sierras subbéticas (Los Montes, Colomera, Parapanda) y penibéticas (Sierras Nevada y de Alhama), relleno de un amplio surco con materiales sedimentarios depositados por acarreo fluvial desde las montañas, constituyendo un extenso campo de cultivo y un paso natural aprovechado desde antiguo; origen y desarrollo de varias ciudades (Baza, Guadix, Loja") y concretamente, Granada. La antigua calzada romana es hoy una autovía que recorre la Depresión, interrumpida aquí por la Sierra Harana y Huétor (Puerto de la Mora, 1.390 metros sobre el nivel del mar), que separan dos grandes cuencas afluentes del Guadalquivir: Guadiana Menor y Genil. Éste surca la llanura y fertiliza con sus aguas una antigua vega, cuya organización andalusí ha pervivido.
Pero no acaba ahí la ventajosa situación viaria, sino que al mencionado eje transversal hay que unir otros longitudinales relacionados también con factores naturales. Uno es el que atraviesa los Montes aprovechando el río Cubillas, hasta Iznalloz, y la cabecera del Guadalbullón para alcanzar las campiñas y la ciudad de Jaén. Trazado que sigue hoy la autovía entre las dos capitales y continúa hacia Motril, beneficiándose, asimismo, de otro paso natural, cual es el Valle de Lecrín. Más aún al Norte otra vía va desde Granada al Valle del Guadalquivir, por Alcalá la Real (cuenca del Velillos) hacia Alcaudete y Martos. Y todavía por el Suroeste se enlaza la capital con las tierras de Alhama.
Como escribe Bosque Maurel, "su ubicación en mitad del surco le permite dominarlo, controlando así el conjunto de las cordilleras béticas, que, como una gigantesca fortaleza natural, tiene su centro geográfico en la depresión del Genil, y dirigiendo el tránsito longitudinal entre el Levante "valle del Sangonera y Murcia-Alicante", por una parte, y el valle del Guadalquivir "río Genil" y el estrecho de Gibraltar "curso del Guadiaro" por otra". Así que es cruce de caminos, en el borde de la sierras, ante una extensa llanura al Oeste con agua para regadíos. Y concretamente en ese borde donde se unen los ríos Genil y Darro ("y no lejos de la desembocadura en el primero de sus afluentes Beiro, Monachil y Dílar" con facilidad para la defensa, debida a la condición de auténtica acrópolis natural de tal confluencia", Bosque), sobre una colina, se localiza exactamente el núcleo originario de la actual Granada.
Historia. Iliberris y Elvira. Se trataría de un poblado autóctono, quizás tartésico, situado en el actual Albaicín, denominado Iliberri (o Eliber, Iliberis ") Más conocido es que el municipio de Iliberri se integra en la Bética romana y concretamente en el convento jurídico "especie de demarcación provincial" extendido por el valle del Genil y con capital en Astigi (Écija). Existen piezas arqueológicas de esa época, halladas en el Albaicín y la Alcazaba, así como restos de un foro, encontrados en el siglo XVIII. Se sabe, asimismo, que su población se convierte al cristianismo poco después de su entrada por el Sureste y es sede episcopal en el siglo I, dependiente de Guadix, y lugar del Concilio de Elvira en el año 306, el primero celebrado en la Península, perdurando la religión católica después en el Califato de Córdoba
Garnata en al-Ándalus. La islamización de estas tierras, como toda la Bética, es rápida desde el año 711 y, al parecer, existe un barrio judío frente a Iliberris, al otro lado del Darro, en el actual San Matías, al pie de las Torres Bermejas, que en árabe se llama Garnata al Yakud o Yejud . Éste se uniría al otro poblado, predominando el topónimo Garnata sobre Elvira. Pero también se alude a la sierra cercana de igual nombre y una posible localización allí. En cualquier caso, es una cuestión discutida y lo que sí es cierto, como afirma Bosque, es que "ya en el siglo XI los ziríes abandonan la arruinada Ilbira y se trasladaron, según se lee en las Memorias del último de sus reyezuelos, al monte en el que hoy se asienta la ciudad de Granada".
Antes, en el Califato de Córdoba, es capital de una cora llamada Elvira, que comprende la actual provincia (menos las comarcas de Baza y Huéscar, pertenecientes a Xauén, Jaén, y la de Alhama, integrada en Málaga) más toda la Alpujarra, con la actual de Almería, y una parte de Jaén (Sierra Mágina, comarca de Alcalá la Real) y Priego de Córdoba. Es una extensa y rica demarcación con hortalizas y frutas en la Vega, caña de azúcar y plátanos en la costa, olivares al Norte, azafrán en Priego, minas y otros recursos. Garnata es un mosaico de etnias y religiones con obispos hasta por lo menos el año 1007, según se cita en el Diccionario de Madoz (mediados del siglo XIX), donde aparece una lista de 23 prelados desde 714 (Tritemundo, Exilano, Daniel, Aguilaro, Gervasio, Gundaforio")
La descomposición del Califato de Córdoba da lugar a distintos reinos de taifas andalusíes, uno de los cuales es el de Granada de los mencionados Banu Zirí, que en un principio abarcaba también Jaén y luego se retrotrae a los límites de la antigua cora, más casi toda Málaga en tiempos de Habus b. Maksán, siendo el último rey de este periodo Abd Allah b. Zirí (1073-1090). Después, como todo al-Ándalus, pasa a ser parte de los imperios almorávides y almohade (constituyendo en este momento un reino, "con una corte llena de boato y magnificencia"), bastante coincidente con la demarcación califal. La irrupción del ejército castellano en el Valle del Guadalquivir da lugar en 1238 a la creación del reino granadino nazarita, en el que la capital alcanza su máximo esplendor, como veremos. Pero antes, algunas noticias que también ensalzan esta ciudad y su Vega.
Así el geógrafo al-Idrisi (siglo XII) la llama Granada de Elvira y data su fundación de cuando los "grandes señores de al-Ándalus se hicieron independientes (principios del siglo XI)", trasladándose la población desde Elvira; y Abu az-Zanati y su hijo Badía la fortifican y construyen su castillo. Destaca su localización en la confluencia Darro y Genil (o "río de la Nieve"). Al Sacundi, viajero árabe del XIII, escribe: "Granada es la Damasco de al-Ándalus, pasto de los ojos, elevación de las almas. Dios la ha adornado colocándola en lo alto de su extensa Vega, donde los lingotes de plata de los arroyos se ramifican entre las esmeraldas de los árboles".
La Granada nazarí. En el año 1238 Muhammad b. al-Ahmar, llamado Alhamar de Arjona, es proclamado rey de al-Ándalus, creando un estado que dura hasta 1492; es decir, más de 250 años, en los que se suceden 20 monarcas, "desde Sierra Nevada a Gibraltar con parte de las provincias de Córdoba, Jaén, Sevilla, Cádiz, Almería y Málaga. La capital se convierte en una de la más ricas y populosas ciudades del mundo. Los reyes Yusuf I (1333-1353) y su hijo Muhammad V (1356-1391) la embellecen haciendo de la ciudad "un gran vaso de esmeralda y rubíes, coronado de perlas, sobre un suelo de mármol, oro y agua perfumada" ( Gran Enciclopedia de Andalucía ).
Ambos reyes amplían la alcazaba existente en la colina Sabika, construyendo la Alhambra y el Generalife, monumentos de fama mundial, además de la creación de la universidad o madrasa. Y, junto con el auge interno, saben realizar una conveniente política exterior, pactando con castellanos, comerciando con italianos y mamelucos de Egipto, y manteniendo buenas relaciones con los vecinos del Sur, la dinastía meriní del otro lado del Estrecho.
Los elogios y reconocimiento del estado nazarí y de su capital parten de escritores contemporáneos y posteriores. Así, Abulfeda (siglos XIII-XIV) dice que "se parece a Damasco, sobrepujando a ésta en que Granada se asienta sobre una eminencia que domina su fértil valle (arboleda, frutos y agua) y se halla descubierta por la parte septentrional". ibn Battuta (XIV) ensalza los alrededores de la capital de Andalucía, que "no tienen semejantes en todo el Universo. Los jardines, los vergeles, las praderas o los huertos, los castillos y los viñedos rodean a Granada por todas partes", y cita a algunos de sus sabios como el elocuente Abu-l-Cacín, el juriconsulto Abu Abdalá, el profesor coránico Abu Salid, el cadí Barazat o el superior de los sufís Aba alí Umar, así como a peregrinos procedentes de Persia y la India.
Por entonces ibn al-Jatib dice: "Granada es un mar de trigo, una mina de excelentes cereales, de seda y de azúcar". Al Basit, viajero egipcio que visita Granada en 1465-1466, escribe: "Capital del rey musulmán del Ándalus" es graciosa, agradable, de posición admirable. Vi en ella muchas clases de artificios, y se parece a Damasco de Siria; vi también aguas corrientes, huertos, jardines, viñas. Es lugar de reunión de personajes ilustres, de poetas, de científicos, de artistas; están en ella los mejores hombres de nuestro tiempo, monumentos grandiosos, lugares amenos" En ella se encuentran congregaciones religiosas, cultura literaria y habilidad técnica maravillosa; en suma: es una de las mayores y más bellas ciudades de occidente. Allí encontré muchos personajes doctos y eminentes". Conoce la vega con abundancia de frutas y hortalizas, así como vides e higueras, los ríos Sannil y Hadarro, el barrio del Albaicín, la Alhambra y otros lugares. Menciona un ejército de 80.000 ballesteros, cifra, que, aunque exagerada, da idea de la fuerte defensa nazarí, admitida por numerosos escritores andalusíes, castellanos o extranjeros, por ejemplo, los 60.000 hombres que asigna Nicolás de Popielovo en 1485. Por cierto que en sus escritos este polaco alude muchas veces a los andaluces de manera negativa: "Los habitantes de campo en Andalucía son aún más groseros, que difícilmente se encontrarían en todo el mundo; y no hay de que extrañarse, porque viven con los brutos sarracenos, se relacionan y comercian con ellos" y en muchas cosas siguen sus costumbres".
En cuanto a testimonios posteriores, Granada ha sido, junto con Córdoba y Sevilla y otras ciudades andaluzas, punto de referencia de viajeros, sobre todo románticos del siglo XIX, y de atractivo turístico. La lista sería muy larga; recordemos a Teófilo Gautier, Víctor Hugo, Washington Irving, Chateaubriand, Edmundo de Amicis" Tampoco podemos extendernos en la historia y características económicas del estado andalusí nazarí, ni siquiera de su Vega, que sin duda tiene mucho que ver con el desarrollo urbano, para ceñirnos más a éste.
Garnata es una típica ciudad andalusí con su fortaleza o alcazaba (la Cadima o Vieja y la nueva) amurallada desde el siglo XI y con cuatro puertas: Bonaider (cerca de la puerta de Elvira), Cieda, Bonur y Acad (Bosque y otros, 1991). Abajo estaba la Medina (cercada y con once puertas, con sus calles estrechas, retorcidas, callejones sin salida, plazuelas") con la mezquita mayor, hoy catedral, y la alcaicería o mercado. Arriba la medina Al Hambra, amurallada asimismo, y al Sur los arrabales de la Antequeruela (por los emigrados de Antequera, 1410) y Alfajarín o de los alfareros, con murallas y puertas. Al noroeste de la medina Garnata, el barrio del Albaicín (por los procedentes de Baeza y Úbeda), con mezquita mayor, cerca y dos puertas (Faj al Lauza, una de ellas), y la xaria , lugar despejado donde se reunía el pueblo en las dos grandes fiestas, Ramadán y Pascua, además de ser meta de las procesiones para hacer rogativas contra la sequía. Y al Suroeste un pequeño arrabal amurallado, la Rambla.
Tampoco falta algo propio de estas ciudades, que en Granada se confundía con la Vega: un entorno lleno de alquerías o pequeñas aldeas, almunias, o viviendas de recreo con huertos y jardines, y, algo específico de esta ciudad, los cármenes ( carm igual a viñedo), que, además de su función en la vendimia, son también fincas de recreo, para pasar las grandes fiestas o celebrar añaceas y zambras. En cuanto a población, Bosque Maurel cree que la ciudad tendría casi 100.000 h. y en el momento del asedio el doble, por los refugiados de la Vega.
La Granada morisca. Tras un prolongado asedio, los Reyes Católicos toman la ciudad el 2 de enero de 1492, acabando así el estado nazarita (cuyo último monarca es Boabdil, el Chico), que pasa a depender de Castilla. Pero las transformaciones urbanas son escasas: ampliación de algunos barrios (Magdalena y Angustias y la excavación de cuevas en el Sacromonte), ciertas edificaciones notables (Palacio de Carlos V, la catedral desde 1528, iglesias, hospital") El plano de Alonso Vico de 1595 es prácticamente la ciudad islámica. Y la mayoría de la población andalusí permanece en la ciudad (y en el resto del Reino) y las capitulaciones entre los dos reyes contendientes respetan las costumbres, la religión y la lengua de los granadinos, con lo que en principio las cosas no cambian tanto, como demuestran varios testimonios.
Jerónimo Münzer (1495) se extiende en contar la visita de Granada (a la que entra por una larga calle "por la que transitaban muchísimos moros"), su mezquita mayor (donde la catedral) y numerosas otras pequeñas, la Alhambra, el Generalife, el Albaicín ("de más de catorce mil casas" y una mezquita mucho más bella que la grande de Granada"). "Al Mediodía, al Norte y al Poniente, extiéndose una dilatada y hermosísima llanura" con agua abundante para el riego y de suelo tan fecundo que produce dos cosechas al año y se crían zanahorias, nabos, mijo, lentejas, panizo, habas, aceitunas, etc. y muchas clases de árboles (membrillos, higueras, almendros, granados, naranjos, cidros, cerezas, peras, manzanas, uvas"), habiendo fruta casi todo el año". Elogia la habilidad, el ingenio, la austeridad y el arte para el riego de los moros y destaca algunas cuestiones urbanas. La ubicación en "siete colinas", lo intrincado y estrechez del callejero, sobre todo en el Albaicín, las reducidas dimensiones del caserío (aunque "hay moros ricos que poseen casas espléndidas"), la pulcritud de los interiores y el saneamiento: "por excepción, se hallarán algunas casas que no estén provistas de cisternas y de dos cañerías, una para el agua potable y otra para las letrinas, pues los moros cuidan mucho de estos menesteres".
Antonio de Lalaing, acompañante de Felipe el Hermoso en 1501, dice que "Granada es muy comercial, principalmente en sedas, porque los mercaderes compran allí la mayor parte de las sedas que se trabajan en Italia, para hacer las telas. El sitio en donde se venden es llamado el Zacatín. Cerca hay una plaza llamada la Alcaicería, donde se venden los paños de seda trabajados a la morisca"" Al embajador polaco Juan Dantisco (1526) le cuesta trabajo encontrar hospedaje en Granada, "pues la mayor parte de las casas son todavía de moros, cristianos sólo de nombre, que temen mucho a los forasteros, pero especialmente a los españoles".
Andrea Navaggero, embajador veneciano (1526), describe tres colinas: Albaicín, Alcazaba y Alhambra, deteniéndose en el palacio. La ciudad, atravesada por el Darro, sigue amurallada y el Genil corre por el foso en su lado izquierdo. Recuerda el escaso tiempo que es cristiana, por lo que existen pocas iglesias: Santa Isabel en la Alcazaba, se está construyendo la catedral y la capilla junto a ella, San Jerónimo fuera de la urbe, San Francisco y el Monasterio de la Cartuja. Alude a las ruinas de la antigua ciudad a una legua de la puerta de Elvira y a la abundancia de agua, "no habiendo casa que no la tenga, y va por cañerías que se abren y cierran a voluntad". Ensalza también la riqueza de la vega y su variedad de frutos, olivares y moreras, cultivado todo por moriscos que pueblan la ciudad, "hablan su antigua y nativa lengua "son cristianos medio por fuerza" y muy enemigos de los españoles, de los cuales no son en verdad muy bien tratados""
Independientemente de estas apreciaciones, que pueden ser más o menos objetivas, se sabe que la situación se va haciendo difícil y las capitulaciones dejan de cumplirse. El cardenal Cisneros exige el bautismo de todos los granadinos no bautizados y en los reinados de Carlos I y Felipe II se endurecen la condiciones y aumentan los tributos. Hasta que en 1568 estalla la sublevación de las Alpujarras, proclamándose rey en Láujar de Andarax Abén Humeya, verdadero nombre de don Hernando de Córdoba y Válor. Durante nada menos que cuatro años hace frente al ejército castellano hasta que es enviado el mismo hermano del monarca, don Juan de Austria, quien acaba la guerra en 1572, proclamándose la expulsión de los moriscos.
Domínguez Ortiz y Vincent (1978) calculan una deportación de 80.000 en el reino nazarita, casi todos al resto de Andalucía y Castilla; y otros autores manejan cifras distintas. Pero, comparando los datos de población anteriores y posteriores a la guerra, y teniendo en cuenta el crecimiento natural, pueden quedar en el reino unos 120.000, y aun después de las últimas expulsiones de 1614 parte de la población morisca permanece. Tanto que en 1626 don Francisco Maldonado, procurador de Granada, protesta en las Cortes por "los grandes inconvenientes de permitirse en Andalucía tanto número de moros y moras".
Hay muchos testimonios de la pervivencia, que investigaciones recientes ponen de manifiesto. Desde el principio hay exclusiones en la expulsión: los descendientes de bautizados antes de la conversión general de 1500, considerados 70 años después como cristianos viejos; los grandes linajes que colaboran en la conquista, como los Zegríes o Venegas, miembros de la administración y personas influyentes que obtienen los certificados correspondientes. Los mismos decretos de expulsión establecen multitud de excepciones: seis de cada cien, niños, hijos de matrimonios mixtos, numerosos esclavos y los que desde algún tiempo vivieran entre cristianos, "sin visitar las Aljamas", produciéndose una gran cantidad de solicitudes, de modo que, como afirma Lapeyre, "algunos millares de personas ocultas en la fronda burocrática resultaron más difícil de expulsar". El fracaso de la repoblación en muchos sitios insta a que pudieran obtener tierras legalmente hasta una parte de "naturales"; porque una cosa es que se llamara a la repoblación en Castilla o Galicia y, otra, que acudieran los previstos o que algunos no vendiesen lo obtenido (a veces a los antiguos propietarios o sus familias) y se volvieran a su tierra.
A todos estos se unen los que quedan clandestinamente camuflados entre los repobladores con apellidos castellanos o de su lugar de origen, pues como asevera Caro Baroja, "no cabía establecer gran diferencia racial entre la población morisca y la cristiana vieja en muchos pueblos de Granada". Así denuncia en 1610 Pedro de Arriola, responsable de los embarques en Málaga, que "muchos moriscos de los expedidos del Andaluzía y Reyno de Granada se van volviendo de Berbería en navíos de franceses que los echan en esta costa de donde se van entrando la tierra adentro y he sabido que los más dellos no vuelven a las suyas por temor de ser conocidos y denunciados y, como son tan ladinos, residen en cualquier parte donde no los conocen como si fuesen cristianos viejos".
Más aún, Domínguez Ortiz y Vincent afirman que "en Granada también debieron quedar bastantes moriscos, ya ocultos, ya haciéndose pasar por cristianos viejos, porque la dilatada convivencia con éstos les había hecho adquirir su habla y costumbres de tal manera que era muy difícil distinguirlos". Otros pasaban como berberiscos que venían a bautizarse y Henríquez de Jorquera narra cómo "en 1607 vinieron a la ciudad de Granada muchos moros e moras de Berbería con sus criaturas" viniendo a volverse cristianos, y por mandato de S.M. se les dio cogimiento en la ciudad de Granada". Y cita Caro Baroja que "entre las personas dedicadas a la industria de la seda y los empleados y letrados de regular posición existían (aún entrado el XVIII) mahometanos que conservaban su fe y que encubrían su origen bajo nombres cristianos"" Indudablemente todo eso se diluye y no queda nada de aquella población, pero sí un legado muy amplio; y no sólo en lo material (arquitectura, alfarería"). Precisamente esta historia de necesarios camuflajes explica mucho la tendencia en Granada, y en general de Andalucía, a buscar y pregonar determinadas genealogías limpias, como se recoge en un recuadro adjunto.
La decadencia de Granada. La pervivencia de la población autóctona no es total, las explotaciones de la vega se resienten, los repartos de las tierra confiscadas se gravan (tanto a naturales como a los de fuera) con un censo enfitéutico que se está pagando hasta 1868 y empobrece aún más al otrora floreciente reino nazarí; cuya capital pasa de encabezar un estado a un reino administrativo dentro de la corona castellana. La ciudad queda estancada y hasta finales del siglo XIX se mantiene el perímetro islámico, si bien es notable la construcción de edificios, sobre todo iglesias y conventos (por la numerosa población para cristianizar), que modifican el paisaje urbano.
Según Bosque, en 1678 la población sería de unos 50.000 h., en 1752 se contabilizan 50.143 y un siglo después, en 1860 exactamente, 67.326. El reino de Granada, como los otros tres andaluces, Sevilla, Córdoba y Jaén, apenas tiene contenido político y abarca las tres provincias actuales de Almería, Granada y Málaga, salvo la comarca de Antequera, que pertenece a Sevilla. En el Censo de Floridablanca (1785) la capital encabeza un partido, con corregimiento de primera categoría, en un espacio bastante coincidente con la comarca de la Vega; y en 1833 la división provincial, realizada por el granadino Javier de Burgos, reduce el espacio capitalino como a una tercera parte del antiguo reino.
En este periodo de decadencia desde principios del siglo XVI hay bastantes noticias, de las que sobresalen, como en otras ciudades, los testimonios de viajeros. En el Diario escrito por Francisco Bertaut, señor de Fréauville, que visita Granada en noviembre de 1659, se describe la abundancia de agua en la Vega y su canalización, lamentando "que no esté más habitada ni cultivada, si era en otro tiempo el paso más agradable y la morada más deliciosa del mundo". Conoce los cármenes y sus jardines, recorre murallas y puertas, calles y plazas (Elvira, Zacatín, Bibarrambla), la Alhambra ("tan grande como el recinto de varias ciudades"), el Generalife y el Albaicín, haciendo constar la reciente construcción del convento del Sacromonte y las obras de la Cancillería. Además de la catedral ("compuesta de tres iglesias ["], la primera es una antigua mezquita"), describe la Capilla Real y la Iglesia Mayor, aún no terminada, y varios conventos, destacando los Jacobinos, San Juan de Dios, los Jerónimos y los Cordeleros. Narra también el hallazgo en 1595 de las planchas de plomo del Sacromonte, escritas en árabe y latín.
El también francés A. Jouvín visita la ciudad en 1672 y la ve amurallada y dividida en cuatro partes. La primera, Granada, en tierra llana y con "Universidad, Parlamento y Arzobispado ["], ciudad de gran diversión ["] por la gran cantidad de cosas curiosas ["], obras antiguas y diversidad de paseos ["], escogida por muchos nobles ["] y ricos comerciantes de seda, cuyo tráfico es general por todas las otras partes de España y en los países extranjeros". La segunda es la Alhambra, la tercera no es más que una fortaleza (la Alcazaba) y la cuarta el Albaicín ("que contiene tantas calles y casas ["] con gran cantidad de obreros que allí trabajan en la seda").
En 1772, el diplomático Juan Francisco Peyron dedica varias páginas al reino y la ciudad de Granada, comparando con el esplendor nazarita, si bien destaca aún la elaboración de seda. Finalmente, uno de los relatos más importantes, el del inglés Townsend en 1787 (cuando Granada cuenta con 52.325 h.), revela la admiración, como tantos otros, hacia la Alhambra ("edificio de una arquitectura tan completamente diferente a todo lo que había visto hasta entonces"), pero también muestra su afición y conocimiento artístico al describir iglesias, conventos y edificios civiles, así como retablos y pinturas (Cano, Ribera, Tiziano, Morales). Analiza dos grandes razones de la decadencia manufacturera de la seda: la carga excesiva de impuestos reales y la existencia de varios reglamentos estrictos desde 1552 ("formalidades incómodas y multas vejatorias", anchuras, número de hilos, etc.), cuando la producción extranjera estaba exenta de esos condicionantes, "por falta de una sabia política en el gobierno de esa ciudad". También alude a la Inquisición y cómo en 1726 (más de un siglo después de la última expulsión) detienen a 360 familias "acusadas de estar secretamente unidas a la religión mahometana" y él mismo presencia una ejecución en la Plaza Nueva.
Granada en el siglo XIX. Según Bosque, los principales cambios urbanos no se producen hasta principios del XIX, con la incidencia de la guerra napoleónica (cuando la Alhambra, minada, corrió grave peligro de ser destruida) y la desamortización eclesiástica. Entonces desaparecen conventos, hay nuevos usos de edificios y espacios abiertos, como el paseo del Salón y la Bomba, las plazas del Carmen y la Trinidad, el soterramiento del Darro con la calle Reyes Católicos, la consolidación del centro Puerta Real y, a finales del siglo, la apertura de la Gran Vía y el derribo de murallas, desapareciendo "el viejo y bello barrio de la Mezquita Mayor medieval y la Catedral renacentista y barroca, la bella Medina medieval". Pero antes nos detenemos en una fuente importante para mediados del siglo XIX, el Diccionario de Madoz.
A los detalles que después resumiremos, hay unas observaciones generales muy significativas de la crisis granadina: "Es lastimoso confesar que esta hermosa ciudad se halla en una visible y rápida decadencia: su vecindario disminuye; muchos de sus arrabales están despoblados, y sus casas ruinosas presentan un aspecto triste y desconsolador. La agricultura ["] yace estacionaria por la imposibilidad de los transportes hacia los puntos marítimos; la industria de la seda [...] está poco menos que paralizada".
La población era de 61.610 h. (sólo 9.000 más que sesenta años antes), que vivían en 10.041 casas ("muchas de ellas conservadas según su primitiva planta morisca"), distribuidas en 411 calles ("en general estrechas y tortuosas; principalmente en los barrios de construcción arábiga") y 94 plazas y placetas, destacando la dilatada del Triunfo, Bib Rambla ("muy celebrada de los poetas árabes y romanceros moriscos como teatro de las justa, corridas de caballos y galanteos de los caballeros musulmanes"), Plaza Nueva ("sobre la bóveda de un gran puente sobre el Darro"), de Gracia, San Agustín, Capuchinas, Larga (en el centro del Albaicín). Los paseos granadinos eran "célebres por su número, amenidad y extensión": Genil (desde la Carrera de las Angustias a la fuente de la Bomba), Darro (hacia el Sacromonte y la fuente del Avellano), Violón, Gracia, Príncipes, Triunfo, Alhambra, Campillo"
Se mencionan las dos fortalezas árabes, Alcazaba y Alhambra, y la gruesa muralla, de la que queda una parte de la primera fortificación, encerrando, aunque no completa (San Nicolás, San Miguel, Agreda, Calderería) las cuatro parroquias antiguas de San Miguel, San José, San Juan y San Nicolás. Describe la segunda cerca: Puerta de Elvira, San Salvador, Universidad, Trinidad, Bib-Rambla, Puerta Real, Carrera Genil, castillo de Bib-Araubín, Santo Domingo, Realejo, Torres Bermejas, Alhambra, Cuesta del Chapiz, San Agustín, San Nicolás, Puerta Nueva y Elvira. Éste es el recinto de la Medina Garnata y la Alcazaba Cadima. Y el tercer muro, el del Albaicín, desde Elvira, San Diego, Puerta de Fajalauza, San Miguel, camino Sacromonte, barrio de Hajariz hasta enlazar con la otra tapia en Chapiz, que en el plano adjunto al Diccionario aparece prácticamente completa. Enumera también las 20 puertas que deben ser las señaladas por Bosque Maurel. Y las 1.030 torres en época musulmana (la mayoría no serían más que almenas), que se arruinan y destruyen casi todas, siendo destruidas las últimas en 1812.
La ciudad se divide administrativamente en cuatro cuarteles, comprendiendo 14 parroquias. El primero con Sagrario, Magdalena, San Matías y Santa Escolástica, es decir, aproximadamente la zona oriental de la antigua Medina, constituyendo la otra parte el cuartel segundo (San Justo, San Idelfonso y San Andrés). El tercero, la antigua Antequeruela (Agustinos, San Cecilio, San Gil). Y el cuarto, la Cadima y el Albaicín (San José, San Pedro, Salvador y Sacromonte). Sin embargo, en el Diccionario de Madoz se prescinde de esa división para adoptar cinco barrios: San Lázaro, Albaicín, Alcazaba, Churra y Antequeruela y parte Moderna, que se ajustan más a la Granada de Boabdil, como se verámás adelante.
San Lázaro es un pequeño barrio posterior a la conquista, donde se sitúa el Hospital Real, la plaza de toros, el camino de la Cartuja y calle ancha de Capuchinos. El Albaicín ("así llamado por poblarse de moros de Baeza"), la Alcazaba ("que los moros calificaban de Cadima"), Churra o Mauror, pequeño barrio al pie de la Alhambra (al este de Plaza Nueva, Pavaneras, Casa de los Tiros") y la Antequeruela ("así denominada por ["] los moros que vinieron de Antequera"). Lo que se llama población moderna (habitada por las "familias más distinguidas y acomodadas") es la antigua Medina y la parte suroccidental posterior a la conquista. Porque, al comparar los planos de la época nazarí con el de mediados del XIX, el crecimiento urbano (aparte las transformaciones y edificaciones intramuros) se había experimentado por esa zona. Es decir, desde el mencionado barrio de San Lázaro (Hospital Real, Triunfo"), San Juan de Dios, los Jerónimos, Plaza de los Lobos, Puentezuelas, San José Baja, San Antón, Acera del Darro, Carrera del Genil o Ancha de la Virgen. Poco en 350 años.
Granada tenía Universidad literaria "desde 1236, en que, ganada Córdoba y Sevilla por Fernando III, se traslada a Granada la escuela general árabe de Córdoba, donde desde tiempo de los primeros califas se habían cultivado con fruto las matemáticas, la medicina y la bella literatura. Tras la conquista se queman muchos manuscritos, "cuya pérdida lloran todavía los sabios", y en 1531 se obtiene la bula correspondiente, estudiándose a mediados del siglo XIX, Derecho, Historia, varias Filologías, Geografía, Filosofía, Economía, Física, Química, Historia Natural, Matemáticas... Había también un seminario conciliar, escuelas, museo de pintura, teatro, varios hospitales (Santa Ana, Caridad, San Lázaro, San Sebastián, San Juan de Dios), monte de piedad y caja de ahorros.
Se describe la Alhambra, la catedral, 21 iglesias (con más detalle en las Angustias, San Luis y las antiguas mezquitas del Albaicín, San José, San Juan, San Nicolás y el Salvador), más la ermita de San Antón, la colegiata del Sacromonte y los monasterios de San Basilio, la Cartuja y San Jerónimo. También los 19 conventos suprimidos de frailes y otros tantos de monjas. De manera que Granada, como otras ciudades andaluzas y por las mismas razones, tenía una impronta religiosa muy fuerte, que, entre otras cosas, marca el paisaje urbano.
La base de la economía era la agricultura de la Vega, cuyos regadíos se reconocen de origen árabe, produciendo "toda clase de granos, aceite, vino, alguna seda, pocos agrios, muchas frutas y legumbres, lino, cáñamo, avellanas y alguna madera de construcción". Se exportan los excedentes por Málaga y Levante y se esperaba la terminación del camino a Motril para embarcar por ese puerto. La elaboración de seda había decaído desde hacía tiempo, sobre todo por el incendio de la Alcaicería en 1843, aunque se notaba cierta recuperación y el refuerzo del lino y cáñamo. A lo que se unía alguna otra industria de lana, la alfarería y poco más. La dificultades viarias para el transporte de mercancías (las líneas de diligencias iban a Madrid, Málaga, Almería, Córdoba y Sevilla) y la baratura de las producciones no favorecían la economía de Granada. La ciudad tampoco tenía una feria "tan general y célebre como la de Mairena, Ronda o Loja, o como la reciente concedida a Sevilla, donde concurren ganados de todas las especies", pero sí había un mercado anual en el Triunfo. Como nota curiosa se describe el carácter granadino como generoso, vehemente en sus odios y afectos y fieles en su trato, recordando aquel antiguo refrán de "que la palabra del granadino y la fe del castellano bastaban para formar un cristiano viejo". También aparece una larga lista de andalusíes granadinos famosos.
Ocupa mucho espacio traer aquí las noticias de viajeros por Granada, como hemos hecho para siglos anteriores en los que había menos información. Remitimos al interesante trabajo de M. Marchena (1987) donde se estudia esto de forma sistemática. No obstante, Granada contribuye, sobre todo por la Alhambra, a la imagen romántica de Andalucía, junto con otros monumentos y ciudades (mezquita de Córdoba, Giralda de Sevilla"), con ilustre personajes, como Mérimée (1827), Disraeli, Ford, W. Irving ( Cuentos de la Alhambra , 1829), Gautier, Dumas, Davillier"
A finales de siglo se experimenta un impulso económico, social y urbanístico desde la instalación en 1882 de la fabricación azucarera en la Vega y también un arraigo de las corrientes liberales, evolución ideológica que muchos escritos simbolizan en Mariana de Pineda, ajusticiada en 1831, cuando la represión de las fuerza absolutistas es extremadamente dura (juez Pedrosa, enviado por Calomarde). En la Enciclopedia dirigida por Javierre se recogen los contrastes de la época: conservadora, clasista y caciquil, de un lado, y librepensadora y con bastantes sociedades secretas, de otro (en 1772 ya existían dos logias masónicas, la Vigilante y la Discreta). Y en el campo granadino aparecen también el descontento social y los grupos secretos, siendo la más conocida la insurrección de Loja de 1861, encabezada por el notario Pérez del Álamo, con ramificaciones en otros lugares de Andalucía; y continúa el malestar social y político traspasando la centuria.
Granada en el siglo XX. Efectivamente, las ideas anarquistas, socialistas y comunistas son acogidas por las clases desfavorecidas y, tras la crisis azucarera de 1911, la situación se hace insostenible. En la ciudad y otros pueblos granadinos se producen paros y huelgas, quebrándose en las elecciones de 1918 el bochornoso caciquismo y es elegido diputado al año siguiente don Fernando Giner de los Ríos, que marca "todo el primer tercio del siglo en el terreno educativo, así como la encomiable actividad de las Escuelas del Ave María del Padre Manjón".
Tras el levantamiento de Franco en 1936 una parte de la ciudad, las fuerzas populares y obreras, resiste sobre todo, significativamente, en el Albaicín (como se ve, lugar de refugio y antirrepresión en más de una ocasión). Pero, una vez más son aplastadas y los nacionales controlan la ciudad y su Vega, donde, aparte de tantos otros desmanes, se hace mundialmente famoso el asesinato del poeta García Lorca. Después de la guerra la conocida miseria, el racionamiento, la emigración y el éxodo rural, un cierto resurgir de las azucareras y el cultivo del tabaco. También la función administrativa y de servicios de la capital, la importancia de la Universidad, la fuerte proporción de estudiantes y el turismo. Con la institución autonómica, Granada se beneficia de la construcción de la autovía del 92 y otras infraestructuras y de una cierta descentralización, siendo sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. La población se duplica en 50 años (de 75.550 en 1900 a 154.589 en 1950), pero la emigración posterior, que afecta no sólo a la provincia, marca un estancamiento (en 1970 no se llegan a los 170.000) para pasar de los 200.000 en 1980.
El crecimiento urbano, en consecuencia, es importante desde principios de siglo, como estudia Bosque, con la ampliación de barrios trogloditas originados en el XVIII y XIX (Sacromonte, Barranco del Abogado), así como otros urbanos, la Magdalena y las Angustias, aparte las reformas de calles y casas. De los cuarenta es la Ronda y el comienzo de varios ensanches: actual avenida de la Constitución a la estación de ferrocarril; al Oeste hacia la Vega los barrios de Fígares y Cañaveral; y en el Suroeste, Colonia Cervantes y primer Zaidín. En opinión de Bosque, durante la Alcaldía de Gallego Burín (1938-51), catedrático de Historia del Arte, se embellece bastante la ciudad (embovedado del Darro en Puerta Real, entorno de la catedral, calle Zacatín, Santo Domingo, Plaza Nueva"), aunque algunas operaciones, como la desaparición de la antigua judería por la porticada calle Ganivet, fueron negativas. Es un periodo de inmigración procedente de la provincia y que cambia de signo con un estancamiento posterior.
No obstante, a partir de 1960 hay una expansión urbana de "desarrollismo especulativo" con alguna destrucción del callejero islámico y ocupación de una parte de la Vega, expandiéndose más allá del Genil el primer Zaidín, que supone hoy una ciudad en torno a los 100.000 h. y conurba con núcleos como Armilla y Alhendín por la carretera de Motril. Y algo similar sucede por el Norte, donde a San Francisco y La Chana se unen por la carretera de Jaén el Polígono de Cartuja en los setenta y el Caserío de Montijo y Almanjáyar en las dos décadas siguientes, prolongándose hoy mediante urbanizaciones hasta Maracena y Albolote. La tercera ampliación destacada por Bosque es en el Oeste: barriada de la Redonda con más de 30.000 h., aproximadamente como el caso anterior, con base en la ampliación de Recogidas, donde surge el polígono universitario.
Además de la expansión hay remodelaciones: plaza del Triunfo, traslado de la Universidad a la Cartuja, plaza de Isabel la Católica en la antigua Medina y actuaciones concretas en algunos edificios y barrios. En las partes altas también hubo algunos cambios: Auditorio Manuel de Falla en el Campo de los Mártires y transformaciones de algunas casas en la Alcazaba Cadima y Albaicín. El Sacromonte (a partir de la abadía de 1604, que alcanza en 1950 casi 4.000 cuevas y 15.000 h.) va disminuyendo y apenas tiene ya población y sólo quedan algunas viviendas excavadas para uso lúdico, mientras el Barranco del Abogado y la Zorra desaparecen.
La revisión del Plan de 1973 introduce alguna contención en la expansión desarrollista y permite algunas figuras protectoras, acometiéndose ciertas mejoras y rehabilitaciones, como los paseos de la Bomba y el Salón y algunos edificios, casas de la Chirimía, Cuesta de Santa Inés, calle de Zafra" La revisión del Plan General de 1983 lleva a la controvertida circunvalación, los planes especiales de la Alhambra, Albaicín y Almanjáyar, acondicionamiento de espacios públicos, equipamientos culturales, deportivos y de mercados. Palacios de Deportes, Exposiciones y Congresos, parques de García Lorca, del Violón, remodelación de Puerta Real, restauraciones de la Madraza, Catedral, Corral de Carbón"
Plano urbano. Así se conforma una ciudad que por el Norte llega al barranco de San Jerónimo (parque Nueva Granada, polígono industrial Cartuja y Almanjáyar), quedando próximos en la otra orilla El Jun y Pulianillas, más Maracena al Noroeste, al otro lado de la vía A-44, que enlaza la autovía 92 con la de Motril. Esta circunvalación marca el plano por el Oeste (barrios de San Juan de Dios, La Chana, Juventud, cruce con el Genil, San Sebastián), aunque desbordada en algún sitio, como las Angustias, y conurbando con Armilla y Churriana. Al Sur, el cauce del Monachil también está siendo superado hacia la A-395 (Santa Juliana, Divina Infanta), y la parte oriental llega al piedemonte, el Serrallo, se prolonga por la carretera de la Sierra y el Genil, para continuar por los Mártires (más al oeste el cementerio), Generalife, Alhambra, Albaicín, Sacromonte, Espeñuelas, Campus universitario, Montijo y Parque Nueva Granada.
En este perímetro se encierran distintas realidades geográficas e históricas, pues, como dice Bosque (1988), es una ciudad "nacida sobre las colinas que forman el borde orográfico de la depresión del Genil, que desciende a las terrazas aluviales extendidas a su pie, convirtiéndose en una urbe de vertiente o adosada, o bien encajándose cuando se estrecha a lo largo del valle del Darro entre las colinas de la Alhambra y San Nicolás". Nos remitimos al mismo autor para ampliar lo que aquí se resume en morfología, viviendas, densidades, sociedad, etc., de los distintos ámbitos urbanos.
La antigua ciudad nazarí mantiene en una parte la Alhambra y el Generalife y, en otra, la alcazaba Cadima y el callejero andalusí de calles estrechas, retorcidas, plazuelas, sobre todo desde la parte alta del Albaicín al eje Elvira-Pavaneras-Santiago, perdiéndose bastante en la antigua Antequeruela y transformada al Oeste, especialmente por la apertura de la Gran Vía y las remodelaciones de la zona del ayuntamiento. Es, claro está, donde el legado andalusí es más evidente, como se comprueba al hablar de los monumentos. Aunque también aparecen edificios renacentistas y barrocos en los barrios tras la conquista, sobre todo en el oeste, donde la cuadrícula delata su procedencia. La vivienda de la parte alta tiene su origen en la época musulmana, tanto la casa albaicinera (pequeña, con pocos huecos"), como "el carmen", basado en el palacio musulmán. Las casas de la parte baja son mediterráneas e islámicas y, muchas, ya modernas "hechas en serie". La "nueva Granada" de los ensanches de la segunda mitad del XX tampoco difiere en su callejero, viviendas, usos, demografía, tráfico, etc. del de otras ciudades: fuerte ocupación, población menos envejecida que el centro y diversidad social según los barrios. Por eso existen varias subunidades con sus propias características y la peculiaridad de "su específica filiación islámica", como indica Bosque. Él mismo señala como centro comercial, administrativo y social la zona a lo largo de Reyes Católicos y Recogidas, pasando por Puerta Real y la plaza de Bibarrambla. Y se prolongan hacia La Redonda, por un lado; la Gran Vía y Triunfo, por otro, y la calle Elvira y Calderería en menor medida.
Arte, monumentos y turismo. Hablar de arte en Granada es casi una redundancia, porque la antigua ciudad nazarí ya lo es en sí misma. La Alhambra * , Patrimonio de la Humanidad desde 1984, constituye uno de los monumentos más importantes y visitados del mundo. Se trata de un conjunto militar, civil y palaciego construido desde 1238 (Alhamar de Arjona, primer rey nazarí, que traslada la corte desde la Alcazaba Cadima) a 1391 (Mohamed V) sobre una colina de cuyas arcillas rojizas se extrajo el material para la edificación, por lo que del nombre al-Qalát al Hamra o "castillo rojo", deriva Alhambra, que domina la Medina Garnata. Ocupa una superficie de 720 m. por 220 y está toda amurallada, con cuatro puertas (Armas, Justicia, Vino y Hierro) y varias torres (de la Vela, Comares, Abencerrajes") Alberga la Alcazaba y una serie de unidades yuxtapuestas (adaptadas al terreno según se iban necesitando), que proporcionan gran originalidad. Los patios "el de los Leones es sin duda el más representativo y conocido" articulan una serie de habitaciones, de estilo nazarí tan decorativo, junto con profusión de jardines y fuentes con el agua como otro elemento de articulación. Muy cerca el Generalife, o palacio nazarí de verano, entre jardines, fuentes, albercas y surtidores. Del Baluarte del Alcázar sale un lienzo de muralla de la antigua Medina, que llega hasta las Torres Bermejas con las Puertas de las Granadas a medio camino, por donde se accede al palacio Rojo desde la Cuesta de Gomérez.
En la colina opuesta, separada por el Darro, se halla la parte más antigua o Alcazaba Cadima, con el Albaicín, que mantiene la muralla exterior del siglo XIV, trazado callejero, estilo de viviendas y, como se ve, una gran cantidad de monumentos andalusíes, ziríes del XI, sobre todo anteriores a la época nazarí. Cerca de la Puerta de Elvira, entrada a la Medina, y paralela a la Cuesta de la Alhacaba (cuesta en árabe precisamente) existe un lienzo de muralla de la antigua Alcazaba del XI, con cuatro grandes torreones semicilíndricos y ocho rectangulares, la Puerta Monaita ( Bib al-Unaydar ), antiguo acceso a la Alcazaba vieja, y, al final, el Arco de las Pesas, con el esquema defensivo de recodos.
Próxima, y en la parte más alta del Albaicín, está la Plaza de San Bartolomé con su iglesia, que conserva el alminar y un aljibe (abastecedor de agua potable hasta no hace mucho) y un entorno peculiar albaicinero de encalados, macetas y cerámica de Fajalauza. Luego de visitar las plazuelas de Almona y Fátima, se llega a la cercana iglesia del Salvador, que conserva el patio de las abluciones de la mezquita mayor del barrio y, por San Cecilio, se alcanza el mirador de San Nicolás, cuya iglesia se construye sobre una mezquita, y desde donde se divisa la Alhambra en la colina de enfrente. Por el Arco de las Pesas y el zigzagueante callejón de las Minas se alcanza el Aljibe del Rey, del siglo XI, y el nazarí Palacio de Daralhorra, o Casa de la Reina. Cerca quedan la plaza de San Miguel (con un aljibe del XIII y una antigua casa Morisca restaurada, conocida como el Corralón), y la de San José, donde se mantiene el alminar de la mezquita, al igual que en San Juan de los Reyes, al final de la calle de igual nombre, una de los ejes principales andalusíes. En la Carrera del Darro, a la derecha del río y en la ladera (antiguo arrabal Ajsaris, en una zona tranquila) se alza el Maristán (hospital, fundado en 1367 por Mohamed V, ahora bastante transformado) y se suceden una serie de monumentos, algunos de aquella época, como los Baños o Bañuelo, zirí del XI; y en la parte alta, la Casa del Chapiz, sede de la Escuela de EstudiosÁrabes,de estilo morisco.Más arriba, el Sacromonte, tradicional barrio troglodita desaparecido, que aún conserva lugares de flamenco; y en la cima, la Abadía, con una portada del Renacimiento andaluz.
Tras el conjunto Alhambra-Generalife y el de la Alcazaba-Albaicín (con los barrios moriscos de Zenete, Dalahorra, San Andrés y San Idelfonso y la calle Elvira que separaba Alcazaba y ciudad), hay que citar un tercero en la zona baja, la antigua Medina Garnata y parte de la Antequeruela, pero con un paisaje urbano más transformado que los otros dos conjuntos, si bien quedan importantes edificios andalusíes. Como punto de unión de los tres espacios está la Plaza Nueva con la iglesia Mudéjar de Santa Ana y la Real Chancillería, del XVII, además del inicio de la cuesta de Gomérez que lleva a la Alhambra. La Madraza (fundada por Yusuf I y por donde pasan personajes como Ibn al-Jatib o Ibn Jaldún) sufre grandes transformaciones; así como la Alcaicería, tras el incendio de 1843, aunque mantiene el trazado y el estilo. Menos conocido es el aljibe junto a la Catedral, desde donde, por la calle Zacatín se alcanza la plaza de Bibarrambla ( Bib al Ramla ), antigua explanada junto a la puerta de la Medina. Y cerca, el Corral del Carbón, alhóndiga del siglo XIV con un magnífico arco de herradura. Se conocen menos el Cuarto Real de Santo Domingo (que conserva torreón, alberca y decorados almohades), una Rábida de la misma época, donde se instala la ermita de San Sebastián, y el Alcázar Genil, también almohade, aunque transformado en la época nazarí.
Tras la conquista castellana el estilo andalusí pervive en el mudéjar (iglesias de San Juan, Santa Ana, San Bartolomé y otros edificios), pero se introducen las formas renacentistas (y después barrocas), que marcan el paisaje urbano y se convierten en puntos de referencia. Quizás el más simbólico de la nueva situación sea el Palacio de Carlos V, incrustado en la Alhambra, pero el más importante es la grandiosa Catedral (de Diego de Siloé y fachada principal de Alonso Cano), en cuya Sacristía el Museo catedralicio guarda obras de Montañés, Cano y quizás del mismo Leonardo de Vinci. Al lado se halla la Capilla Real, de estilo gótico florido y portada plateresca, con el mausoleo de los Reyes Católicos. Cerca, pero anexa a la muralla, se levanta la Universidad en 1523 y, al lado, el Colegio de San Bartolomé, edificio también del XVI, como la próxima iglesia de los Santos Justo y Pastor. Al otro lado de la calle Gran Capitán, la Iglesia de San Jerónimo, también renacentista, y hacia arriba la de San Juan de Dios, de estilo barroco. En la amplia y bella plaza del Triunfo (o del Arco de Elvira), el Hospital Real, edificio gótico plateresco, hoy propiedad de la Universidad. Al Norte, el Monasterio de la Cartuja, de cuyo primitivo edificio renacentista sólo queda el patio, constituyendo el resto una de las muestras más importantes del barroco andaluz. Al otro lado de la ciudad también existen arquitecturas renacentistas y barrocas, como Santo Domingo, Casas de los Tiros y del Padre Suárez; y en el mismo Albaicín y antigua Alcazaba; San Miguel, San Andrés, Casa de Castril"
Aún podrían citarse más edificios y monumentos, como: la iglesia de Santa María de la Alhambra, del XVI, sobre las ruinas de la Mezquita Real; el Parador de San Francisco, antiguo convento en un anterior palacio y mezquita del XIV; el palacio de Bibataubín, edificio de portada salomónica y sede tradicional de la Diputación, sobre un torreón de la muralla; el convento de Santa Catalina, de portada renacentista y una pequeña casa andalusí en el interior; el Carmen de los Mártires, el mayor de los granadinos con 7 ha. Existen varios Museos, algunos en edificios notables ya mencionados, además de la Casa de los Tiros, y el reciente Parque de las Ciencias en la avenida del Mediterráneo, moderno, variado e interactivo.
La artesanía, por otra parte, demuestra el legado andalusí y constituye un atractivo turístico, tanto en madera como en metal, cerámica, joyería, piedra, vidrio, marroquinería, instrumentos musicales" Destacan la taracea (incrustaciones en madera de nácar, conchas y metales, formando mosaicos de colores), la cerámica de reflejos metálicos, cuerda seca y la azul y verde de Fajalauza; y en el metal, calderería y faroles, sobre todo. También tiene el mismo origen parte de la gastronomía, atractivo turístico y una de las bases de la hostelería. Dominan los productos del campo, la imaginación y el colorido: potajes, ollas, cazuelas de hinojos o distintos guisos, pero hay dos platos eminentemente granadinos: las habas con jamón y la tortilla del Sacromonte, con criadillas y sesos. También son peculiares la gallinita granadina (espinacas, plátanos, boniatos"), la boronía (frito de calabacines y calabaza) y los platos de cordero. Las fiestas son otro elemento turístico y algunas procesiones de Semana Santa embellecen aun más el paisaje urbano de las noches granadinas, como la subida del Cristo de los Gitanos al Sacromonte o el encierro del Cristo del Perdón en San Miguel del Albaicín. En la Cruz de Mayo se engalanan plazas y plazuelas (sobre todo en ese antiguo barrio) con macetas, mantones, cobre, y se canta, baila y bebe durante la madrugada. La fiesta del Corpus es la más oficial, tras la cual empieza la feria, de carácter andaluz. Se están consolidando los Festivales de Música y Danza y, como cualquier otra ciudad andaluza, la oferta de Flamenco es amplia.
Economía y población. La decadencia de Granada viene de lejos, al pasar de una gran capital de Estado a una ciudad cabecera de un reino meramente administrativo, en el que se incluía, entre otras, Málaga y Almería, que hoy cuentan con vida económica propia; por lo que pretender reconstruir la antigua capitalidad del territorio nazarí es una quimera. Lo que sí se debe reforzar es su papel en la articulación del territorio de la parte oriental de Andalucía y quizás localizar allí alguna otra institución autonómica, o bien potenciar la función judicial "es sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía" con el posible aumento de competencias. Por citar sólo algo: la antigua ciudad de Boabdil se beneficia sobremanera de la constitución de la autovía autonómica A-92.
Granada logra una posición estratégica dentro del sistema de comunicaciones, como nudo de interrelación entre Andalucía y Murcia-Valencia, y entre el centro peninsular y el litoral mediterráneo. Esto coadyuba a una posición de mercado importante, sólo superada por Sevilla y, en algunos aspectos, por Málaga y Córdoba. Históricamente lidera el territorio circundante dominando la Vega, cuya organización interna y características productivas son un fiel reflejo de la explotación agraria llevada a cabo durante mucho tiempo, concentrándose la población y las otras actividades de producción "artesanía, industria, servicios" en la ciudad de Granada; especialmente, a partir del momento en que se convierte en capital provincial.
Por otra parte, como en la urbe y su entorno todavía no se produce un proceso de industrialización, los cambios transformadores del territorio y de la sociedad obedecen a otros factores diferentes a la industria, menos intensos, iniciados a partir de los años setenta y que tienen que ver con la terciarización de la economía, con el desarrollo de los servicios públicos, ligados a la puesta en marcha de la autonomía andaluza, y con la sociedad del bienestar.
El conjunto de estos factores, más la descentralización urbana y el desarrollo de la construcción, desembocan en la conformación de la aglomeración de Granada, dando lugar a un área metropolitana en formación, de modelo convencional y caracterizada por el crecimiento de un centro urbano "Granada" que se expande sobre los municipios rurales de su entorno. Durante los años setenta se acentúa su centralidad, acompañada de la construcción de segundas residencias y polígonos industriales en la periferia de la ciudad, pasando de tener 155.065 h. en 1960 a 214.230 en 1975 (38,2%).
En las décadas ochenta y noventa se consolida el crecimiento de la periferia, alcanzando ésta última un ritmo de expansión superior al del municipio central, de la misma manera que se producen algunos cambios en el proceso de crecimiento urbano: reequilibrio del mercado inmobiliario interno de Granada, extensión paulatina del proceso de aglomeración a las zonas más periféricas e incremento de la movilidad ciudadana. De ahí que la capital tan sólo aumentara su población en un 19% entre 1975 y 1991.
Desde el punto de vista de la estructura viaria, el proceso de transformación y crecimiento urbano de Granada (1980-2000) se realiza sin apenas modificar el viario interior tradicional. Aunque, las rondas de la A-92, la N-323, el acceso a Sierra Nevada y muy especialmente la ronda Sur, suponen un avance extraordinario en la dotación de infraestructuras viarias para la aglomeración granadina y en relación a las condiciones de movilidad de la ciudad.
Así pues, el resultado de la descentralización urbana y del conjunto de actuaciones viarias permiten calificar a la aglomeración de Granada como un espacio unitario y funcionalmente complejo, que genera un mercado de trabajo y de servicios integrados y, como consecuencia de ello, la movilidad diaria intermunicipal es cada vez más intensa. De ahí que se haya constituido un ámbito funcional supramunicipal y polinucleado; sin embargo, todavía a principios del siglo XXI existe una clara estructura centralizada en Granada, situándose la aglomeración en las primeras fases de configuración, con una organización de los desplazamientos simple, que se realizan fundamentalmente desde la corona residencial metropolitana a los lugares de trabajo ubicados en la ciudad central. En total, cabe incluir en la aglomeración de Granada alrededor de unos 40 municipios.
Desde el punto de vista económico, la conformación de esta aglomeración no obedece a un modelo convencional basado en el desarrollo de un proceso de industrialización y en la introducción de la sociedad servindustrial a partir del primero. Tal como se ha apuntado antes, la economía de la capital y su entorno se centra en el desarrollo del sector servicios y de la construcción. Así, si observamos la distribución de la población activa por ramas (2001) sin contar la agricultura (1,6%), un 7% se dedica a la industria, el 7,8% a la construcción, el 15,8% al comercio y el 67,8% al resto de subsectores de servicios.
De estas cifras se deduce la escasa importancia que tiene la industria, que disminuye en los últimos tiempos, como en general ocurre en toda Andalucía. Así, como afirma Bosque, de los más de 6.500 obreros censados a finales de los años sesenta se pasa a menos de 5.000 veinte años después; si bien existen desplazamientos a polígonos industriales de municipios cercanos, como Albolote, Maracena y Peligros. En cualquier caso, esta debilidad industrial dificulta enormemente la introducción de la sociedad servindustrial. Además, de cara al futuro resulta fundamental destacar los problemas de debilidad y desestructuración de esta rama, debido a la desarticulación de los sectores clave "alimentación con un 32,7% del empleo, auxiliar de la construcción con el 14%, energía y agua 7,8%, químico con el 7,1%", a la inexistencia de un sector hegemónico, al predominio de las actividades de demanda final intensivas en trabajo, a la reducida dimensión de las empresas y al escaso grado de apertura al exterior.
En consecuencia, mientras en las economías postindustriales los servicios avanzados son demandados por el conjunto de sectores económicos, especialmente por la industria, y como resultado de la internacionalización de éstos, en la capital granadina la principal actividad es el comercio con 6.280 establecimientos y 13.037 ocupados (2003). Le sigue el subsector hotelero con 2.285, las actividades inmobiliarias y los servicios a empresas con 2.038, otros servicios sociales con 1.094 y la construcción con 1.036, según datos de 2003. Es decir, la debilidad del tejido industrial incapacita a éste a demandar una cuantía importante de inputs intermedios del sector servicios, lo que hace que la demanda de los mismos se concentre en el propio terciario y en la demanda final, lo que a su vez dificulta su futura expansión.
Sin embargo, en relación con el turismo, Granada sí se consolida como destino preferente en relación al conjunto de ciudades españolas, ya que progresivamente va dejando de ser un lugar de paso para convertirse en una "ciudad estancia", aunque el periodo de permanencia de los turistas sigue siendo reducido a pesar del crecimiento experimentado. Y ello es posible, además del siempre atractivo de la Alhambra, gracias a la construcción del Palacio de Congresos y al impulso recibido en los últimos años por la estación de esquí de Sierra Nevada, elementos que permiten plantear un mejor futuro para la ciudad.
Por otra parte, la implantación progresiva de la administración autonómica y el crecimiento de los servicios prestados por la administración local supone en las décadas pasadas un crecimiento espectacular del empleo público. No obstante, desde comienzos de esta década dicho sector inicia una clara tendencia a la reducción del gasto general; y en la actualidad, es impensable que se continúe en la dinámica de crecimiento de años pasados. Así, en Granada, los servicios públicos y, en especial, la Universidad representan el 51,3% del empleo asalariado del sector; el comercio significa el 19,5%, la hostelería y restauración 5,5%, las finanzas 4,5% y los transportes 3,3%, mientras que la construcción abarca un 10,6% del total del empleo. La Universidad mantiene, a pesar de la creación de los campus de Almería y Jaén, el segundo lugar en Andalucía por número de estudiantes, goza de un merecido prestigio en países árabes y latinoamericanos y ostenta unos índices elevados respecto a la población, que repercuten en la vida urbana y su economía. Así la hostelería se ve reforzada por este elemento, a la vez que por el turismo.
Por último, el subsector agrícola cuenta con unos importantes recursos hídricos ya que la aglomeración urbana de Granada se encuentra situada en un enclave privilegiado, al abrigo del macizo montañoso de Sierra Nevada en su vertiente sur y de la sierra de Harana en sus diferentes formaciones montañosas, constituyéndose en receptor de las aguas de la cuenca hidrográfica del Alto Genil y de otras subcuencas que vierten a ella, abarcando una extensión de casi 3.000 km2. A pesar de ello, el sector adolece de problemas estructurales que le dificultan alcanzar rendimientos y beneficios significativos a causa del minifundismo, del conservadurismo en la elección de cultivos, de la falta de inversión y capitalización y de la fuerte presión urbana sobre las zonas mas productivas. Los cultivos principales son el maíz y el olivar casi exclusivamente desarrollados en regadío.
Así pues, la dinámica económica de la aglomeración de Granada explica que la renta familiar disponible (2003) se sitúe (entre 9.300 y 10.200 euros) en torno a la media andaluza (9.500 euros) y que la tasa de actividad alcance el 51,7 (2001) frente al 45,7 en 1986. Sin embargo, en la actualidad Granada está perdiendo efectivos, ya que ha pasado de tener 255.212 h. en 1991 a 238.292 en el 2003, habiendo disminuido un 6,6%. La tasa de inmigración es negativa y el incremento relativo de población también lo es (-3 % en 2004). Todo ello ha dado lugar a que el porcentaje de población menor de 20 años sea de 19,3 frente al de mayores de 65 años (2004) que se sitúa en el 17,53; luego se trata de una población envejecida.
Área de influencia y articulación regional. El área de influencia de Granada es amplio y en esto supera, por ejemplo, a la de Málaga "que compite con importantes centros litorales y dos fuertes núcleos interiores: Antequera y Ronda", abarcando, no sólo lo que es su área metropolitana, sino que se introduce en las comarcas de los Montes, Poniente, Valle de Lecrín y Alpujarra; no así, o en menor medida, en la de Guadix. La delimitación realizada en el libro Comarcas de Andalucía (2002), obra dirigida por Gabriel Cano, adopta la aglomeración oficial de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de 1999, pero añadiéndole el Temple, por las razones expuestas en dicha publicación, de carácter actual, pues históricamente el Temple ha sido más veces área singular que asimilada a la Vega o Alhama. También se analiza en ese texto la problemática de la banda oriental o proyecto de Alfanevada.
Así se configura un espacio de 45 municipios con un total de 1.635 km 2 y una población con una dinámica positiva: en 1960, 282.000 h.; en 1981, 100.000 más; en 1998, 440.000 h.; y 70.000 de aumento hasta el 2003. Se trata del segundo centro andaluz de atracción de su entorno, después de Sevilla, que debe potenciarse con inversiones estatales y autonómicas para que sea el verdadero nodo articulador de esta parte de Andalucía e irradie dinamismo hacia las zonas septentrionales de la propia provincia, así como de Almería o el sur de Jaén. [ Gabriel Cano / Rosa Jordá Borrell ].
Para más información, visite Wikanda: http://www.wikanda.es/wiki/Granada
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