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IMAGEN DE ANDALUCÃA

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 La imagen de Andalucía es potente, rica, casi universal y funciona desde hace mucho tiempo, pues, aunque adquiere importancia en la época romántica, sus raíces se perciben desde la Antigüedad. Así Manuel Marchena "al que se debe la mejor sistematización de este asunto y al que nos remitimos, presentando aquí un estracto de su trabajo" escribe en 1987: "La actual Andalucía desde siempre ha sido considerada como territorio rico, feraz y bien situado geoestratégicamente, y cuyos habitantes, por lo menos, se caracterizan por sus comportamientos "peculiares" [...]. Otra cosa es la interpretación, según el momento histórico de esa imagen estructural y constante".

Tartessos.  Existe suficiente información para asegurar que Tartessos es muy conocido y objeto de menciones, relatos y leyendas, como las de Gárgoris y Habidis, predecesores del no menos mítico Gerión, con el que lucha Hércules, "autor" de las dos columnas que cerraban el Mediterráneo. Así, estas tierras son durante largas épocas basamento de las creencias de una parte del mundo y, por lo tanto, productoras de imágenes y puntos de referencias del Ecumene.

En este sentido Marchena resalta la percepción del territorio andaluz en la Antigüedad como exploración del extremo del mundo, además de la explotación de la feracidad. De manera que los colonizadores, relacionándose con las poblaciones indígenas, transmiten aproximaciones matemáticas espaciales, principalmente costeras, o descripciones de aspectos físicos, humanos y de recursos. En los primeros interesan los puntos de anclaje, la configuración del perfil y las claras referencias: mons Cassius , dunas entre Huelva y Guadalquivir, mons Tartesiorum , cubierto de bosque entre Sanlúcar y Gádes, la ciudad más antigua de Occidente, el mons Silurus , Sierra Nevada...  

Sobre los pueblos existentes entonces hay bastante  bibliografía y reconstrucciones cartográficas, que los localizan de manera aproximada, pero no siempre coincidentes en número, denominación y situación. Los turdetanos aparecen en todos los casos y, generalmente, en el territorio tartéssico, ocupando aproximadamente lo que hoy es Andalucía, con una rica economía mixta; agropecuaria, con abundantes y excelentes producciones de cereales, aceite y vinos; minera en las sierras de Huelva, Córdoba y Jaén; mercantil y artesanal en torno a ríos y costas; marinera y constructora de barcos.

Todo esto establece notables diferencias con el centro y norte peninsular y no menos el grado de urbanización "200 ciudades según Estrabón o 175 en opinión de Plinio, destacando Córdoba, Cádiz, Sevilla y Málaga", así como el elevado nivel cultural "con textos literarios y jurídicos muy antiguos, tanto en prosa como en verso", una religión, mezcla de elementos autóctonos y de fuera, avanzada arquitectura y escultura "Dama de Baza, por ejemplo". Es decir, un país, la Turdetania, Bética después, a la que se refiere Estrabón hacia el siglo I a. C. de la siguiente manera: "Sucede que la Turdetania, la que atraviesa el río Betis, está situada en la costa del lado de acá del Anas [Guadiana], que la limita por el Oeste y el Norte [...]. El tamaño de este territorio a lo largo y a lo ancho no excede los 2.000 estadios [unos 400 km., cuando las dimensiones máximas de Andalucía son hoy de 450 km. de Este a Oeste y 270 de Norte a Sur]; sin embargo el número de ciudades es muy elevado. Llegan a decir que 200. A causa de los negocios son las más conocidas las que están a orillas de los ríos, en los estuarios y son puerto de mar" (III, 2,1).

"Esta Turdetania es admirablemente fértil. Siendo productora de todo y en gran cantidad, duplica ésta su prosperidad con el comercio exterior. Pues el excedente de los frutos se vende fuera facilmente por el número de sus barcos comerciales" (III, 2, 4). "Se exporta desde Turdetania trigo y mucho vino y no sólo mucho aceite sino excelente. Pero también se extrae cera, miel, pez [utilizada en las embarcaciones], cochinilla en abundancia [producto tintóreo] y un cinabrio [mercurio] no inferior al de la tierra de Sínope. Los barcos se construyen allí con madera indígena, entre ellos hay también minas de sal y ríos no pequeños de agua salada [...]. La magnitud y número de los barcos evidencia la abundancia de lo que se exporta desde Turdetania" (III, 2, 6). Y añade: "Pues ni oro, ni plata, ni cobre ni hierro han podido verse hasta el presente en tierra alguna ni tan abundante, ni de tanta calidad" (III, 2, 8).

Estamos, pues, ante un territorio definido y cohesionado por el Valle del Guadalquivir, con dimensiones sensiblemente parecidas a las actuales y una fertilidad y riquezas extraordinarias, con productos innovadores para la época en una verdadera potencia marítima y comercial. Poblada por gentes de elevada cultura, pacíficas y un tanto acomodaticias, como parece convenir a tierras de paso. Así, el mismo Estrabón relata que "estos llegaron a estar sometidos a los fenicios de una forma tan completa que la mayor parte de las ciudades de Turdetania y de los lugares próximos incluso ahora están habitados por ellos [...]. Tienen los turdetano, además de una tierra rica, costumbres dulces y cultivadas [...] y, en especial los que viven en torno al Betis, han tomado las costumbres de Roma, sin ni siquiera acordarse de su propia lengua. La mayor parte se ha convertido en latinos y han recibido colonos romanos, hasta el punto de que poco distan todos de ser romanos" (III, 2, 15). Se trata, pues, de un pueblo y un territorio claramente diferenciados en el Sur peninsular, que lleva a Roma a un reconocimiento explícito con la creación de la provincia Bética.

Roma.  La entrada de Roma en la Península Ibérica, denominada entonces Hispania, se hace por el Este; desde la llanura de Albacete se llega al alto Guadalquivir y de ahí con facilidad al Valle, mientras otras expediciones alcanzaban la costa, utilizando probablemente en ambos casos antiguos caminos que luego se convierten en sendas calzadas. Hacia el 206 a. C. el Betis "Guadalquivir" separa la parte Ulterior "o lado de allá" de la Citerior "zona de acá", siendo prácticamente desconocida el interior peninsular, y después se coloca el límite en el Anas "Guadiana", si bien el interfluvio, despoblado, no era más que una especie de glacis defensivo.

El río Betis es el eje de un territorio percibido como muy distinto en sus aspectos naturales "Sierra Morena era más aún que hoy un bosque en relieves abruptos, obstáculo insalvable con la Meseta", culturales y de recursos y se delimita como provincia, que llegaba por el norte y el oeste al Guadiana, como la Turdetania, y por el este no difería mucho de los límites andaluces actuales, si bien podría quedar fuera una pequeña parte del norte oriental. De igual forma, la Lusitania, claro precedente de Portugal, queda centrada por el Tajo entre el Duero y el Guadiana, mientras la tercera provincia, la Tarraconense, no es más que el resto peninsular, sin criterios fluviales, culturales ni de otra clase.

Como bien estudia Marchena (1987), la imagen de la Bética en la obra de san Isidoro, máxima figura de la intelectualidad visigoda, queda subsumida y apenas mencionada en beneficio del laudes Hispaniae , que se dibuja con las características béticas, más adecuadas para los objetivos de exaltación. Prescinde, por lo tanto, de otras zonas peninsulares, cuestión que tiene bastante trascendencia en la interpretación histórica, si bien, como señala el citado autor, no es descartable las pérdidas, reajustes e interpretaciones posteriores, pues es bastante extraña esa escasa referencia a un territorio político-administrativo tan importante, la Bética, y en el que vive tanto tiempo, si es que no era natural de Sevilla.

al-Ándalus.  Los largos ocho siglos de al-Ándalus son importantes en la percepción de Andalucía, cuya coincidencia territorial es prácticamente igual en la época almohade, si bien el peso de nuestra tierra en la economía, política y cultura  del estado islámico hace difícilmente distinguible lo andaluz  de lo andalusí. Es por eso que en las diferentes épocas "Califato, almorávides, almohades" la capitalidad radica en Córdoba, Almería y Sevilla, respectivamente.

Otra cuestión es el uso posterior y actual de lo andalusí, que se relaciona con las imágenes del XIX y la inclusión en una parte de los contenidos de la percepción presente, principalmente de la marca turística. Aunque las  descripciones son algo distintas según las épocas (entre la Córdoba califal y la Granada Nazarí median casi cinco siglos), no obstante existen ciertas constantes en los narradores árabes: naturaleza, huertas "técnicas de riego en Granada, Córdoba, Sevilla, Almería...", jardines, recursos agrícolas y artesanales, aprovisionamientos hídricos, ciudades, alfoz, zonas rurales pobladas de alquerías y almunias, influencia de la cultura clásica, preocupación por el conocimiento de caminos y rutas, con distancias, jerarquizaciones de núcleos, descripciones de paradores y ventas, poco interés por las montañas, aprecio por los valles y vegas...

Destaca Marchena las descripciones de al-Ándalus   del cordobés al-Razí en el siglo X, que exalta las riquezas,  detalla la cuenca del Guad-al-quevir, y retrata Córdoba, "ciudad sin rival en todo el mundo islámico". Y menciona las divisiones administrativas o coras, donde la urbe cabecera es, a diferencia de Oriente y por influjo grecolatino, ciudad-región, originando un sistema espacial articulado, del que aún quedan restos.

Otro productor de imagen andalusí es el geógrafo al-Idrisí del siglo XII, considerado el "Estrabón árabe", y relator de ciudades como Sevilla, Almería, Granada o Málaga: "Esta ciudad [Sevilla] es muy grande y muy poblada. Las murallas son sólidas; los mercados, numerosos, haciéndose en ella gran comercio; la población es rica. El principal artículo del comercio [...] es el aceite, que se envía a Oriente y Occidente por tierra y por mar; este aceite procede del Aljarafe [...], que está todo cubierto de olivos e higueras [...] y existen en él ocho villas florecientes con gran número de baños y hermosos edificios [...]. Almería fue la principal ciudad de los musulmanes en tiempos de los almorávides. Era entonces una ciudad muy industrial y se contaba en ella, entre otras cosas, ochocientos telares para tejer seda [...] y alcanza también gran renombre por la fabricación de utensilios de hierro y de otros objetos. El valle que depende de ella producía una gran cantidad de frutos que se vendían a bajo precio [...]. El puerto de esta ciudad recibía embarcaciones de Alejandría y de toda Siria".

Desde mediados del XIII a finales del XV el territorio andaluz estuvo dividido en dos partes: por un lado, los reinos cristianos de Jaén, Córdoba y Sevilla, con límites similares a los almohades, y, por otro, el estado islámico de Granada. En medio, una frontera, coincidiendo sensiblemente con los bordes de la cordillera bética, pero cambiante a lo largo de tiempo, y a través de la cual hubo bastante comunicación "comercial, demográfica, cultural...". Y, aunque la imagen es distinta, en cada lado, Andalucía es tierra de convergencia de civilizaciones y nexo comercial, funcionando la totalidad de las costas andaluzas como paso obligado de las rutas bajomedievales, controladas por Génova y Flandes, que encuentran, en una parte, el puerto de Sevilla y, en otra, Almería y Málaga.

Reconquista. Las conquistas de la Corona castellana se realizaban según distintas modalidades: acuerdos o pactos, pudiendo permanecer en sus lugares la población autóctona, o conquista armada con pérdida de propiedades y expulsión "al menos en principio, aunque algunos regresaban". En cualquier caso las instituciones andalusíes desaparecen, sustituidas por una estructura feudo estamental, predominante en Castilla, "aunque es indudable que persistieron algunas peculiaridades características de unos territorios que habían permanecido durante siglos bajo dominación musulmana" (Sánchez Mantero, 2001). La ruralización de Andalucía se acentúa, si bien la devastación y destrozos de la guerra propicia terrenos para la caza y campo abonado para el latifundio y la entrada de ganadería trashumante del norte.

Las repoblaciones, además, no son tan intensas y al poco tiempo se producen abandonos. Así se calcula la instalación de 4.800 vecinos en Sevilla, procedentes de Castilla, León, Aragón y Navarra; 1.800 en Jerez, 56 en Alcalá de Guadaíra y 176 en Vejer. Las disputas internas, sobre todo entre Alfonso X y Sancho IV, y los ataques de benimerines producen abandonos y hacen desistir a potenciales colonos. Es exagerado creer que la conquista y colonización castellana hacen tabla rasa de las condiciones anteriores y cada vez más aparecen investigaciones sobre la pervivencia, bien que difícil, de la población autóctona y del importante legado andalusí.

En cualquier caso la doble imagen y el carácter de frontera aparece claramente entre mediados del XIII y finales del XV y el enfoque de ambas visiones es también distinto. De un lado, se continúa resaltando las ciudades, como Granada, Almería, Málaga, Ronda... por parte de Abulfeda, finales del XIII, Inb Batuta, XIV ""después salí para Granada, la capital de la Andalucía [...]. Sus alrededores no tienen semejante en todo el universo"", Abb al Basit, finales del XV y otros viajeros árabes.

Pero también cristianos, caso del alemán Jerónimo Munzer, 1498, que describe el reino nazarí como un enclave de prosperidad, e introduce una imagen de laboriosidad morisca, reconocida entonces por coétaneos, como Hurtado de Mendoza, que hablando de las tierras de la Alpujarra dice: "Estéril y áspera de suyo, sino donde hay vegas pero con la industria de los moriscos [que ningún espacio de tierra dejan perder] tratable y cultivada, abundante de frutos y ganados y crías de sedas" (recogido por Marchena).

En el territorio dominado por los cristianos, las Crónicas Generales "Alfonso X, Sancho IV, Fernando IV, Alfonso XI..." acentúan el carácter de frontera, bien que permeable "comerciales, tributarias, razzias ...", así como el ruralismo y la fuerte impronta religiosa con misiones, que en algunos casos integra en una misma circunscripción  Andalucía y el Norte de África "provincia franciscana, por  ejemplo". Tras la conquista del estado granadino, se constituye la Andalucía de los cuatro reinos "de contenidos administrativos fundamentalmente", que en conjunto mantiene los límites de los reinos almohades.

Edad Moderna.  En la imagen de Andalucía hay un hito importante que es el descubrimiento de América. El litoral occidental andaluz, con el rico traspaís del Guadalquivir recoge las  experiencia marítimas mediterráneas y abre por el Atlántico rutas hacia África. Este continente constituye, pues, la plataforma idónea para el descubrimiento de América, a lo que se une el trazado de los vientos alisios, especialmente para los itinerarios de regreso, cosa fundamental en una época de navegación a vela. De tal manera que, como dice Morales Padrón (1980), el Atlántico pasa a ser una prolongación del Guadalquivir hasta finales del XVIII. No sólo Colón sale de Palos de Moguer en agosto de 1492 con tripulación andaluza, sino que, además de los cuatro posteriores del almirante, la práctica totalidad de la expediciones salen desde Andalucía, hasta el punto de denominarse viajes andaluces los realizados por Ojeda, Alonso Niño, Guerra, Pinzón, Diego de Lepe...

"Esta nueva situación supuso una oportunidad histórica "en especial de Sevilla" para erigirse en capital de la "economía mundo europea" (Wallerstein, 1979 ); si bien lamentablemente desperdiciada por la confluencia de una serie de factores, entre los que destaca la pertenencia a la Corona española que le lleva a financiar la demente política exterior de ésta (Moreno Alonso, 1981), esquilmando los recursos "económicos y humanos" y condenándola al estancamiento económico. En resumidas cuentas, la relación de Andalucía en la Edad Moderna con Castilla puede catalogarse de "colonial" (Domínguez Ortiz, 1979 ). Y durante todo el siglo XVII "con secuelas en el XVIII" el gran perjudicado de la demencia política de los Austrias va a ser, sin duda, el territorio andaluz. Según Wallerstein, en esta era de estancamiento, España y Andalucía en especial padecen no sólo la involución agrícola de las áreas periféricas, sino también una desindustrialización" (López Lara, 1990).

La imagen de Andalucía sigue siendo, en opinión de Marchena, más fértil que la de Castilla: "Al entrar en Andalucía, nuestras vistas, cansadas de un desierto monótono han sido recompensadas por la hermosura, alegría y abundancia de los productos de aquel país" (Sobieski, 1611). La despoblada Sierra Morena establece una clara separación, como ya señala Navaggero, embajador veneciano en la corte de Carlos V: "Después de Linares, hay que pasar las montañas que dividen a Andalucía de Castilla", ". La huella andalusí introduce una percepción peculiar ""los moriscos hablan su antigua y nativa lengua y son muy pocos los que quieren aprender el castellano; son cristianos medio por fuerza", dice el mismo Navaggero" y las ciudades acaparan la atención: Sevilla, "capital de las Indias", Granada, Córdoba, Málaga...

En el siglo XVIII hay dificultades de viajar por Andalucía, dadas las deficiencias de infraestructuras y la mala situación de alojamientos. Aunque se notan las repoblaciones en Sierra Morena y el trazado de la nueva carretera con Madrid, principal puerta de acceso "y de contrastefísico y humano con Castilla", a las que se unen las de Baza, Guadix, Antequera y la entrada desde Gibraltar.

En general, se trata de viajes con objetivos fisiocráticos, observaciones agrarias, anotación de enormes posibilidades de desarrollo y escasa optimización, ensalzamiento del caballo andaluz, control extranjero de la economía, evocación del pasado andalusí, como precedente del Romanticismo "los alpujarreños se califican de industriosos como descendientes de moros", descripción de ciudades, Cádiz, Sevilla, Granada y, sobre todo, Málaga. Abundan, por el contrario, las apreciaciones negativas "indolencia, bandolerismo, hipocresía...", pero también se destaca ya la copla y el flamenco.

Romanticismo y actualidad.  Pero es en el Novecientos cuando se fija una cierta imagen de esta tierra a través de los viajeros románticos y  eclosiona en este siglo el interés por Andalucía. "La configuración de la llamada "imagen romántica" "escribe Marchena" se gesta en el siglo XIX, sobre todo a partir de su segundo cuarto. Nuestra región contiene todos los ingredientes para ello: atributos de atraso, "estado natural" y marginal de las gentes y territorios, africanismo y orientalismo, y específicamente todo viajero que se precie contará y cantará las excelencias y testimonios del glorioso pasado medieval islámico, cuyo cénit en Europa no cabe duda que lo constituye al-Ándalus, espacio conceptual reconocido territorialmente en Andalucía".

En la percepción del territorio se destaca lo excepcional: un clima cálido determinante de indolencia, feracidad y productos tropicales y africanos; el predominio de la montaña, refugio de bandoleros y contrabandistas, sobre la llanura; la descripción de ciudades, casas de patio, callejero medieval; y la famosa trilogía Mezquita, Alhambra, Alcázar y Giralda "de Córdoba, Granada y Sevilla, respectivamente". El retrato robot del andaluz es de orgulloso, perezoso, amigo de fiestas y extravertido; con rasgos, costumbres, habla o música de ascendencia árabe.  

Conviene recordar que una parte de la razón viajera se basa en la búsqueda de lo diferente y exótico, cuya descripción justifica y revaloriza el desplazamiento. Por lo que no es algo singular del lugar ni el momento, si bien Andalucía muestra paisajes rurales y urbanos diferentes y el romanticismo provee de elementos para adornar y exagerar ciertos rasgos. Algunos contemporáneos, y autores posteriores hasta hoy, han rechazado parcialmente esa imagen, por lo que tiene de exagerada y, en algunas cuestiones, incierta. Pero tampoco faltan los que la repudian, no tanto por el enfoque sesgado, sino porque en realidad no aceptan que de una u otra forma se identifique algo como andaluz y, más, si se relaciona con el pasado andalusí. Existe toda una tradición historiográfica tendente a minusvalorar "ya que no pueden negarlo" ese pasado y su huella actual en tantas cosas "y no solo materiales".

Por su parte, López Ontiveros reitera en el 2003 "cómo se va consolidando una nítida imagen romántica de la región" y rechaza "este historicismo maurofílico", lo que no significa necesariamente un posicionamiento maurofóbico. Pero, en cualquier caso, actitudes negativas similares están también presentes en otros autores y, si bien se miran, son imprecisas generalidades no fáciles de probar. Lo que sí es palpable en ocasiones es el intento descalificador de estudios y opiniones no coincidentes con las propias, sean de iniciativa personal o por encargo. Y en el capítulo de unidad y variedad de Andalucía "del que otro geógrafo, no citado por cierto, escribía ya en 1983" de dicha publicación se arremete contra los que no se prestan a negar la identidad de  Andalucía en diferentes enfoques, geográfico, histórico y otros.

En la percepción de un pueblo y un territorio se seleccionan las imágenes más particulares que a veces se exageran, pero casi siempre responden a una realidad. Así, no se pueden negar, por ejemplo, las ferias andaluzas en pueblos y ciudades, pero eso es una semana; la existencia del flamenco no significa que todos los andaluces canten por soleares, como no todos los catalanes bailan sardanas; la fuerte presencia de monumentos andalusíes no debe borrar la presencia de un rico barroco andaluz; la visión en una tarde estival de segadores "que trabajaban de sol a sol" descansando a 40 grados en la sombra no significa indolencia"Y así podríamos recordar diversas imágenes .

Retomamos lo que escribe Marchena en la Geografía de Andalucía , añadiendo algunas observaciones posteriores. Regionalismo, costumbrismo, el problema de la propiedad de la tierra, la Andalucía trágica... son marcas recientes, pero sobre todo la persistencia de la imagen  romántica de Andalucía, como los Cantares  de Machado ""son dejos fatales de la raza mora. Cantares. Cantares de la Patria mía. Quien dice cantares dice Andalucía"" o los poemas del almeriense Villaespesa ""es la Andalucía fatalista y mora"". O los escritos de los Álvarez Quintero, Villalón, Pemán, García Lorca. La recurrente indolencia es recogida por Ortega y Gasset, mientras Gerald Brenan se acerca más a la realidad.

La reciente imagen turística de Andalucía se difunde por diversos medios "folletos, guías, libros, radio o televisión" con contenidos globales, tradicionales y actuales, dando una visiónunitaria. "Andalucía sólo hay una" es la frase publicitaria más repetida en los comienzos del tercer milenio, con el doble mensaje de única y unida y, a la vez, con diversidad espacial, provincial sobre todo.

Los contenidos son variados y, al sol y playa de masas, se añaden otras posibilidades, como el turismo rural, la hípica, el golf, los espacios naturales, los deportes de vela, fiestas, flamenco, gastronomía y monumentos, ocupando puesto de honor la trilogía emblemática de Alhambra-Mezquita-Giralda y el legado andalusí en un sentido de mayor amplitud y ajeno a la exclusividad. Así una de las guías más conocidas y utilizadas por los viajeros y turistas al referirse a Andalucía dice: "La Andalucía actual, región de extraordinario encanto natural por sus variados paisajes, su arquitectura popular, su luz, sus flores, el carácter de sus gentes, es provincia romana denominada Bética y privilegiada tierra que los árabes llamaron al-Ándalus" ( Guía Michelín , 1997). A este respecto se recuerda que, no sólo Andalucía deriva de al-Ándalus, sino que el artículo "al" se estuvo utilizando "como "la" o "el"" y así aparece todavía oficialmente en el Real Decreto provincializador de 1833. Últimamente la publicidad, sobre todo televisiva, utiliza las frases "Andalucía te quiere" y "Déjate llevar". Y diferentes publicaciones y guías para viajeros mantienen fundamentalmente la imagen conocida, que, con algunas exageraciones "como casi todos los estereotipos", resulta atractiva y redunda en divisas.          [ Gabriel Cano ].

 

 
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