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PREHISTORIA DE ANDALUCÃA

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Las pruebas arqueológicas de la ocupación humana más antigua de Andalucía se descubren en ciertos lugares donde había condiciones para que los grupos humanos prehistóricos sobrevivieran y se conservaran las pruebas de su existencia. Tales circunstancias han concurrido en las depresiones orientales de la provincia de Granada, en algunas comarcas del Valle del Guadalquivir y en entornos costeros de Andalucía Occidental. Los hallazgos de las Depresiones de Guadix y de Baza-Huéscar provocan el desarrollo de un debate sobre el inicio del poblamiento de las tierras andaluzas ( -> véase Orce ). El fragmento óseo fósil de Venta Micena (Orce) primero y los artefactos de piedra tallada de Barranco León *  y Fuente Nueva (Orce) después, constituyen referentes clave del mismo. A pesar de los recelos que despiertan en la comunidad científica estos restos, la investigación interdisciplinar más reciente está aportando datos que permiten asentar las bases para plantear el estudio de la ocupación homínida de esta zona de Andalucía de manera integrada. Otras evidencias, procedentes de las playas de Andalucía Occidental como El Aculadero (El Puerto de Santa María) y El Rompido, provienen de depósitos cuya posición cronoestratigráfica continúa siendo incierta. A partir de toda esta información se ha argüido a favor de la hipótesis del paso del Estrecho de Gibraltar, lo que convertiría a Andalucía en el territorio europeo más tempranamente colonizado desde África. Sin embargo, en el estado actual del conocimiento, tal sugerencia no cuenta con suficiente apoyo empírico.

El cuadro de la vida humana que puede esbozarse a partir de pruebas tan escasas y controvertidas nos representa a grupos integrados por pocos individuos moviéndose por extensos territorios para aprovechar una gran variedad de recursos animales y vegetales. Estos rasgos del sistema de vida generan pocas trazas y éstas requerían unas condiciones excepcionales para que llegaran algún día a ser registro arqueológico. Incluso en un yacimiento como Cúllar Baza I * , con una cronología de hace 700.000 años, cuando se supone que la población ya debería ser más numerosa, las evidencias de la actividad antrópica son muy limitadas y parecen responder a acciones de carroñeo sobre los despojos de animales muertos por los carnívoros o por causas naturales.

Este panorama cambia cuando valoramos las pruebas con cronología de hace 500.000 años. Los yacimientos del Achelense se encuentran en las terrazas fluviales del Guadalquivir y de sus afluentes (Jándula, Genil, Corbones), en las del Guadalete, en las de algunos ríos de la vertiente mediterránea, como el Guadalhorce, y en la laguna de La Janda * . Se asume que la población era algo más numerosa y que a la significación técnica del uso generalizado del bifaz como instrumento básico multifuncional a la vez que reserva de materia prima se une el uso del fuego y la práctica de estrategias de caza oportunista. Estas novedades implican importantes transformaciones en el modo de vida. Además de la recolección en el bosque mediterráneo y el carroñeo ocasional, los homínidos aprovechan más sistemáticamente los entornos de los lagos interiores donde se concentra la fauna. La Solana del Zamborino * , en el borde de un antiguo lago de la Depresión de Guadix-Baza y con una edad de hace 350.000 años, constituye el mejor ejemplo en toda la Península Ibérica de un entorno que los homínidos visitan a lo largo de miles de años hasta que se seca el lago.

Paleolítico. Algunos de estos grupos sociales usan las cuevas como lugar de hábitat, como confirman los datos de las excavaciones de Cueva Horá (Darro, Granada) o la Cueva del Ángel (Lucena). Éste será un rasgo característico del modo de vida del Paleolítico Medio, cuando vive en Europa el tipo físico humano llamado Hombre de Neandertal y del que en Andalucía se han descubierto abundantes y significativos restos. El primero aparece en 1848 en una cantera de Gibraltar: un cráneo femenino adulto muy bien conservado que no es reconocido por la comunidad científica hasta unas décadas más tarde, lo que le priva de dar su nombre a este grupo humano. Nuevos hallazgos en Gibraltar completan uno de los más importantes conjuntos de restos óseos neandertales de la Península Ibérica. También destacan los descubrimientos de la Cueva del Boquete de Zafarraya * (hasta 55 restos correspondientes a una docena de individuos, incluyendo un fragmento de fémur derecho de hombre de unos 40 años y una mandíbula completa de adulto de 30). Otros especímenes proceden de la Cueva de la Carigüela * , un frontal de niño, y Cueva Horá. Los neandertales producen una variedad de artefactos de piedra tallada clasificados bajo la denominación de Musteriense, que se data genéricamente a fines del Pleistoceno Medio y en las etapas más antiguas del Pleistoceno Superior (hacia 130.000-35.000).

Algunos yacimientos excavados tienen potentes estratigrafías. En Gibraltar, las cuevas de Gorham y Vanguard, situadas junto al mar, contienen depósitos de unos 10 m. de espesor. Cueva Horá, la Cueva del Boquete, la de las Grajas (Archidona) y Zájara I (Cuevas del Almanzora) son también de gran interés, pero entre todas destaca La Carigüela. El hábitat se localiza cerca de las entradas, donde se realizaban la producción de útiles, la preparación y consumo de alimentos y el descanso, organizándose el espacio alrededor de los hogares. Los grupos humanos deben de ser de tamaño moderado, desplazándose por un territorio amplio (generalmente menor de 50 km. de radio) que integra variados ecosistemas (de costa y montaña o de depresión interior-valle de río y montaña) según el cambio de las estaciones. Las proteínas animales, muchas veces conseguidas por medio de la caza, todavía ni especializada ni programada, constituyen una parte destacada de la subsistencia. El fuego se utiliza para la preparación de los alimentos y los restos óseos animales aparecen más fragmentados que en el Paleolítico Inferior, con marcas indicativas del despiece y consumo de las piezas. El análisis de los huesos humanos de Boquete de Zafarraya sugiere que se han consumido también algunos cadáveres humanos.

El Paleolítico Superior tradicionalmente se asocia al desarrollo del llamado hombre moderno ( Homo sapiens ) que llega al continente europeo desde el Próximo Oriente, suplantando a las poblaciones de neandertales que se habrían extinguido en toda Europa con rapidez. Por eso, la explicación del paso desde el Paleolítico Medio al Superior constituye un ámbito controvertido de la investigación arqueológica y paleoantropológica por la discusión sobre cómo sustituyen a los neandertales los humanos modernos. Ante la falta de documentación definitiva, los investigadores a veces se dejan llevar por prejuicios en sus explicaciones y se adhieren a la "hipótesis de la sustitución" mayoritariamente, aunque el "modelo de mezcla" va ganando poco a poco aceptación.

Al comparar el Paleolítico Medio y el Superior, la investigación arqueológica tiende a considerar como revolucionarios ciertos cambios que se reconocen en el segundo periodo en las técnicas de producción de instrumentos (talla laminar del sílex, sustancial incremento del uso de huesos y dientes para la elaboración de una gran variedad de instrumentos, generalización de los útiles apuntados hechos de piedra y hueso), en el modo de subsistencia (generalización de la caza especializada, recolección sistemática de recursos marinos), en el simbolismo social y religioso (uso de adornos personales, las armas puntiagudas símbolo del cazador, aparición del arte rupestre y mobiliar), en el patrón de asentamiento (articulación de yacimientos localizados en muy variados entornos con otros dedicados a la interacción social, los llamados santuarios), y en la estructura social y las relaciones políticas entre los grupos sociales.

En Andalucía constituye uno de los escenarios del debate acerca de la desaparición de los neandertales, ya que se viene proponiendo que aquí se refugian y perviven grupos de neandertales hasta hace 24.000 años, a tenor de los resultados procedentes de las cuevas gibraltareñas o de La Carigüela. Sin embargo, esta propuesta es contradictoria con la existencia de Auriñaciense en algunas cuevas de la costa malagueña y sus inmediaciones, si bien no se sabe con certeza qué tipo humano produce tales evidencias. Aunque los materiales del Paleolítico Superior en Andalucía son todavía escasos, el conjunto de yacimientos de la provincia de Málaga refleja un desarrollo cronoestratigráfico análogo al de las áreas levantinas de la Península Ibérica. Sólo los datos del Solutrense (hacia 19.000-15.000 a.C.), con representación territorial amplia de una variedad de situaciones topográficas y de entornos medioambientales, permiten insinuar ciertas proposiciones sobre los sistemas de vida de los humanos de entonces. Formaban parte de comunidades amplias segmentadas en grupos menores que explotan territorios grandes siguiendo el ritmo de las estaciones por medio de grupos de tareas especializadas (caza, recolección, marisqueo). En determinadas circunstancias participaban en agregaciones en las cuevas "santuarios" donde se realizaron las representaciones de arte rupestre. Las cuevas de La Pileta * , de Ardales * , de Nerja *  y de Malalmuerzo (Moclín, Granada) parecen haber cumplido este papel de lugares de agregación donde los grupos reafirmaban sus vínculos sociales.

Son muy escasos los datos sobre las últimas poblaciones de cazadores y recolectores (a partir de 9000 a.C). Aparentemente el régimen de vida es una continuación del desarrollado durante el Paleolítico Superior con algunos cambios en el tamaño y variedad de los tipos de puntas, en la diversidad de las especies cazadas, pescadas y recolectadas y en la fragmentación de los territorios y ruptura de las relaciones políticas de largo alcance que parece indicar la desaparición del arte rupestre figurativo.

Neolítico. Los grupos cazadores y recolectores del Epipaleolítico, a partir de 6000 a.C., van integrando progresivamente en su sistema económico las técnicas de la producción agropecuaria, que identifican al Neolítico junto a la cerámica, la piedra pulida y ciertos elementos de adorno. Tanto en las serranías (Cueva del Nacimiento y Valdecuevas en la Sierra de Cazorla) como en la costa (Embarcadero del Río Palmones, Algeciras) encontramos escasos materiales cerámicos junto a útiles tallados propios de los últimos cazadores y recolectores que informan sobre los procesos de adopción de la economía agropecuaria durante las primeras etapas del periodo neolítico. Es por ello que la distribución de los asentamientos parece responder a una economía móvil o semimóvil. Las actividades cinegéticas en medio montañoso se completan con la práctica del pastoreo a partir de establecimientos en cueva y al aire libre, dependiendo de las características geológicas y topográficas de los territorios. Complementariamente, los asentamientos en llanuras y fondos de valle constituyen una novedad por su relación con el potencial de la tierra y están principalmente ligados al cultivo de cereales mediante una agricultura de roza y rotación. El impacto sobre el medio de este modelo de implantación depende de la mayor o menor importancia de la agricultura en unas zonas u otras, como ejemplifican la Cueva del Toro (Antequera), Cueva de los Murciélagos de Zuheros o Los Castillejos *  de Montefrío.

La plena neolitización acabaría generando la reducción de la movilidad de los grupos, cuyo resultado es la progresiva sedentarización y, sobre todo, la creación de excedentes de alimentos como forma de limitar el riesgo. Esto origina, a su vez, la necesidad de crear mecanismos sociales que garantizaran el acceso a los excedentes y frenasen la posibilidad de apropiación desigual por los distintos segmentos sociales del grupo. Esta tendencia al conflicto afectaría también al ámbito de las relaciones intercomunitarias, concretándose en la delimitación territorial. Se han distinguido dos horizontes culturales en el Neolítico andaluz. El más antiguo, la Cultura de las Cuevas, se extendería por todo el territorio, aunque las mejores evidencias se localizan en las serranías. La Cultura de Almería * y la Cultura de los Silos *  la sustituirán después en el Sureste y en las áreas centrales y occidentales de Andalucía respectivamente. Y se han diferenciado tres grandes periodos cronoestratigráficos. El Neolítico Antiguo (6000-5000 a.C.) se caracteriza por el uso de la cerámica con decoración cardial (por el uso del borde de la concha de Cardium edule para decorar las vasijas). El Neolítico Medio (5000-4200 a.C) presenta una gran variedad de técnicas y estilos decorativos en la cerámica que sustituyen a la cardial con variantes a lo largo del territorio andaluz. En el Neolítico Reciente (4200-3200 a.C.) tiene lugar el proceso de territorialización y fijación de los asentamientos a causa de importantes cambios socioeconómicos. A fines del periodo (3600-3200 a.C.) se consolidan en las campiñas del Guadalquivir y en el Sureste los grandes poblados que serán los focos de la estructuración jerárquica posterior.

Calcolítico. La metalurgia del cobre se ha usado como criterio de caracterización del Calcolítico (3200-2200 a.C.). Su introducción ha sido interpretada como la prueba de la llegada de colonos orientales a la Península Ibérica en busca de metales por los defensores de las hipótesis difusionistas. Sin embargo, en el último tercio del siglo XX se han elaborado hipótesis que la explican como resultado de procesos de evolución interna. Se utiliza para diferenciar al Calcolítico Antiguo (3200-2800 a.C.) del Neolítico Final una variedad de materiales arqueológicos: recipientes cerámicos como las fuentes de borde engrosado, las hojas prismáticas de sílex de medianas y grandes dimensiones y la proliferación de armas para la agresión como las puntas de flecha de sílex. Durante el Calcolítico alcanzan su máximo desarrollo los grandes centros fortificados como Los Millares * , especialmente en el Cobre Pleno (2800-2500 a.C.), mientras que en el Cobre Reciente (2500-2200 a.C.) aparecen otros elementos significativos como la cerámica campaniforme, acompañada de nuevos productos metálicos, en especial armas y objetos suntuarios, como las puntas foliáceas de jabalina denominadas "puntas de Palmela", los puñales con enmangue en forma de lengüeta y los anillos, colgantes y diademas de oro.

El Calcolítico del Sureste de la Península Ibérica queda inscrito en la Cultura que recibe el nombre del conocido yacimiento de Los Millares * ( -> véase Millares, Cultura de ), cuya necrópolis de tumbas de enterramiento colectivo es la mayor y más monumental de todo el occidente mediterráneo. Otros poblados mayores del Sureste, como Las Pilas (Mojácar) junto al río Aguas o Almizaraque * (Cuevas del Almanzora) en el bajo Almanzora y Las Churuletas (Purchena) en el curso alto del mismo río, también estaban rodeados de tumbas dispersas por las colinas y llanos de sus alrededores. El Calcolítico del Valle del Guadalquivir, además de presentar diferencias en los materiales muebles respecto al del Sureste, destaca por las manifestaciones funerarias, hasta el punto de que, tras las investigaciones de G. Bonsor * y los estudios sobre el megalitismo ( -> véase Dolmen ) de G. y V. Leisner, los poblados quedan marginados en las investigaciones posteriores y sus fortificaciones son minusvaloradas por estar realizadas principalmente con materiales perecederos. Sin embargo, a las evidencias como las enormes diferencias entre las sepulturas en tamaño o contenido o la espectacularidad del "Campaniforme de estilo Carmona", la investigación actual ha añadido abundantes datos sobre la continuidad en el hábitat, la jerarquización entre los asentamientos, la circulación de materiales de prestigio y el desarrollo de industrias especializadas como la metalurgia, lo que conduce a la conclusión de que el nivel de centralización política y estratificación social era semejante al de la Cultura de Los Millares.

Durante mucho tiempo, la investigación arqueológica había considerado poco relevante la actividad metalúrgica calcolítica del Suroeste y el Valle del Guadalquivir. Sin embargo, esta opinión ha cambiado por los resultados obtenidos en Cabezo Juré (Alosno, Huelva), las evidencias sobre la primera contaminación por metales pesados en la Bahía de Cádiz reconocida por el análisis de sedimentos marinos y de conchas recuperadas en las excavaciones y, más recientemente, por el registro metalúrgico obtenido en el importante asentamiento situado en el subsuelo Valencina de la Concepción * . Esta actividad metalúrgica intensiva se explica en el contexto de apropiación por las élites de parte de la producción agropecuaria a través del control de la fuerza de trabajo, lo que exige formas de justificación y exhibición del poder que se manifiestan, por ejemplo, en la presencia de elementos exógenos y de prestigio dentro de las sepulturas. En el Valle del Guadalquivir, hacia  2500 a.C., existen grandes estructuras políticas dirigidas por élites establecidas en asentamientos de gran tamaño y complejidad.

El sistema incluye asentamientos agropecuarios centrales, como El Gandul * , cuya necrópolis tiene también destacadas sepulturas de variada tipología. Marroquíes Bajos ( -> véase Jaén ) y Alcores-Albalate-Berral ( -> véase Porcuna ) entrarían igualmente en esta categoría. También existen poblados dependientes, asentamientos estratégicos y otros especializados en la extracción/producción de elementos de gran demanda (materiales silíceos y minerales metálicos entre otros), que se distribuyen en torno a los centros políticos y por determinadas áreas periféricas, algunos de los cuales también cuentan con sepulcros de entidad como La Paloma en la necrópolis de El Villar (Zalamea la Real). Otras grandes necrópolis concentradas de la Alta Andalucía deben expresar también la importancia de los poblados en torno a los cuales se sitúan, como la de Las Peñas de los Gitanos ( -> véase Castillejos, Los ) y las famosas tumbas de Antequera * .

Edad del Bronce. La Edad del Bronce del sur de la Península Ibérica se desarrolla entre 2200 y el 800 a.C. En el Sureste y la Alta Andalucía existe una discontinuidad cultural entre sus fases iniciales (Bronce Antiguo, Medio y Tardío) adscritas a la Cultura de El Argar ( -> véase Argar, Cultura de El ) y el Bronce Final, que se inicia a partir del 1300 a.C. Por el contrario, en Andalucía Occidental se mantienen tradiciones calcolíticas que perduran incluso hasta el Bronce Final. En toda Andalucía durante la Edad del Bronce se acentúan las diferencias sociales, lo que se identifica arqueológicamente por las diferencias en el consumo, por la apropiación de medios de producción como animales de gran talla y de la fuerza de trabajo de la servidumbre, y en el acceso diferencial a la posesión y uso de bienes de prestigio, especialmente metálicos, dentro de una ideología aristocrática que persigue perpetuar el poder de la clase social dominante.

El área nuclear de la Cultura del Argar se sitúa en el Bajo Almanzora y la cercana comarca de Lorca, pero después se extiende por el resto del Sureste y la Alta Andalucía, ocupando la totalidad de las provincias de Almería y Murcia y gran parte de las de Granada, Jaén y Alicante. Sobre la base de la tipología de ciertos materiales arqueológicos, de las dataciones de C14 y de las reestructuraciones de algunos yacimientos excavados se ha ofrecido una periodización que distinguen un Bronce Antiguo de formación (2200-1900 a.C.) en las áreas de Lorca y la Depresión de Vera, un Bronce Pleno (1900-1650 a.C.) durante el cual tiene lugar la expansión argárica hacia los atiplanos granadinos y el Alto Guadalquivir, y un Bronce Tardío (1650-1450 a.C.), cuando se produce una importante transformación de la sociedad argárica, si bien todavía se asiste a una última expansión hacia la zona del Alto Vinalopó (Villena, Alicante). La mayor parte de los poblados argáricos se sitúan en colinas de laderas escarpadas para aprovechar sus posibilidades naturales de defensa. Las laderas se cortan para crear plataformas escalonadas que acogen las viviendas y los espacios públicos (establos, cisternas...), con calles estrechas de comunicación entre las distintas terrazas. Las viviendas son de planta rectangular u oval, alineadas en las terrazas y agrupadas frecuentemente en barrios. Las principales diferencias entre los poblados de las distintas áreas del territorio argárico se aprecian en los sistemas de cierre y defensa. En la zona nuclear, la cima de los cerros se encastilla con potentes fortificaciones que forman una especie de acrópolis en la que vive la élite. En los altiplanos orientales de Granada se repite el modelo, quedando la acrópolis del Castellón Alto * circundada por un muro de fortificación, en cuyo interior se han localizado dos grandes casas, con ricas sepulturas, y una cisterna. Por el contrario, el modelo urbanístico característico del "Grupo Granadino Occidental" presenta un recinto fortificado de planta rectangular o absidal, sin viviendas ni sepulturas internas, situado sobre una meseta en la zona central del asentamiento. Es el caso de la Cuesta del Negro * o el Cerro de la Encina ( -> véase Monachil ).

La economía argárica se basa en la agricultura de secano, en el cultivo de pequeños huertos en las inmediaciones de los cursos de agua y en la ganadería. Sólo determinadas materias primas, como el mineral de cobre, las rocas volcánicas y el marfil, procedían de zonas alejadas, mientras la mayor parte se obtenía en la zona inmediata a los asentamientos. En esta época se generaliza la costumbre del enterramiento individual en el interior del hábitat, en la mayoría de las ocasiones bajo las viviendas o en las paredes de las mismas. Aunque es más corriente la inhumación individual, numerosas tumbas contienen dos individuos: adulto e infantil o dos adultos de diferente sexo, aunque también a éstos pueden añadirse uno o varios niños.

El sistema de control estricto del territorio entra en crisis durante el Bronce Tardío, alrededor de 1600 a.C., coincidiendo con otros factores, como la llegada de grupos ganaderos del "Horizonte Cogotas I" desde la Meseta que crean en la Alta Andalucía verdaderos asentamientos foráneos, como es el caso del poblado reciente de la Cuesta del Negro * , y el hundimiento de la metalurgia del cobre arsenicado, sustituida por la producción del auténtico bronce, que requirió la explotación de los afloramientos de estaño occidentales y, como consecuencia, el traslado de los principales centros de producción y de  poder económico a la Baja Andalucía y otras regiones atlánticas.

La gran diferencia formal entre la cerámica funeraria y la doméstica unido a que los enterramientos (en cista, fosa o covacha) se realizaban fuera de los asentamientos, ha dificultado la adscripción cronológica de los yacimientos de la Edad del Bronce de Andalucía Central y Occidental, que muestran, además, cierta continuidad con el Calcolítico. Con todo, a partir de las pocas dataciones disponibles parece que las tumbas individuales estarían presentes en Andalucía Occidental al menos hacia 1900 a.C y en el Suroeste desde  2200 a.C.

Bronce Final del Sureste. Al proceso de descentralización política y dispersión del poblamiento que se produce en el Bronce Tardío le sigue, en Andalucía Oriental, una nueva centralización y concentración de la población, que la investigación arqueológica ha denominado "Bronce Final del Sureste". Vuelven a habitarse algunos de los antiguos yacimientos argáricos que cumplen con las nuevas exigencias: amplios espacios con mesetas y laderas más bajas y mejor comunicadas como Cástulo (Linares), el Cerro de la Encina (Monachil) y el Cerro de los Infantes * en la Vega granadina, que permitan el desarrollo del nuevo urbanismo integrado por grandes cabañas de planta oval exentas y dispersas en pequeños grupos. Este nuevo urbanismo se mantendrá en todo el territorio andaluz hasta que las influencias fenicias provoquen nuevas transformaciones urbanísticas con la rápida difusión del modelo de casa oriental, que se generalizará en el urbanismo ibérico. Puede afirmarse que el inicio del Bronce Final no supone en Andalucía un caos demográfico ni un retroceso en el sistema de desigualdad instaurado durante la época argárica. En el Valle del Guadalquivir se sigue un proceso semejante, pero desde la continuidad. Grandes yacimientos como los de Carmona * , el Cerro de los Alcores (Porcuna), Colina de los Quemados * o El Carambolo * muestran una secuencia continua, en algunos casos como el de la Mesa de Setefilla *  con ocupaciones precedentes importantes, que permite estudiar los cambios en los materiales muebles que dan lugar al repertorio tartésico del Bronce Final, en el que destaca la decoración bruñida, que ocupa el interior de cazuelas, fuentes y platos carenados. Cuencos y cazuelas de fondo semiesférico y pared corta tras una pequeña carena entrante son los recipientes de consumo más frecuentes, seguidos de los soportes bitroncocónicos y las vasijas de almacenaje y de cocina ovoides con cuellos cortos. En las fases más recientes abundan las cerámicas pintadas con motivos geométricos. Existen pequeños asentamientos de ocupación corta vinculados a explotaciones mineras, como Cerro Salomón en Riotinto, que reflejan un gran  desarrollo de la metalurgia con aleaciones incluso ternarias (cobre-estaño-plomo) y los primeros indicios de hornos más complejos. Entre los depósitos metálicos destaca el hallazgo de espadas de la Ría de Huelva fechado en el siglo X e interpretado como parte de un cargamento de piezas para reciclar. Tanta riqueza minera y desarrollo técnico pronto atraen a viajeros del Mediterráneo, los fenicios que siguen las rutas abiertas primero por los pioneros de las islas del Mediterráneo central, como reflejan la cerámica micénica encontrada en Llanete de los Moros (Montoro) y algunas piezas metálicas.

En la nueva realidad social, la familia, entendida no sólo como grupo de parientes y siervos sino como unidad política básica, adquiere un papel central, siendo al mismo tiempo expresión política de la jerarquización social. Una interpretación directa de la organización del hábitat no avalaría la afirmación anterior; sin embargo, la existencia de grandes monumentos funerarios de tipo tumular con enterramientos principales y secundarios parece estar indicando la dependencia de éstos respecto de los primeros, es decir, un tipo de relación conocida como clientelar. Ha sido por la vía de la creación de esta nueva relación familiar que estos núcleos sociales, que ya en el momento de descomposición del mundo del Bronce Antiguo-Pleno habían conseguido la propiedad de los rebaños (especialmente los animales de gran talla), en el tránsito hacia el Bronce Final se apropian de los pastos y de las tierras que los sustentan y, finalmente, de la tierra agrícola. De esta manera, parece cerrarse el "ciclo" de la instauración de un sistema sociopolítico aristocrático. La colonización fenicia contribuye a consolidar la organización social preexistente, reforzando, en ciertas zonas, las relaciones políticas de tipo aristocrático con toda la parafernalia de exhibición social del poder y la riqueza que les caracteriza. En esta compleja mezcla de tradiciones y contactos con otras sociedades cuaja el sistema social de Tartessos * , al que darán continuidad en un momento avanzado de la Edad del Hierro (850/800-218) el conjunto de sociedades ibéricas que se distribuyen por todo el territorio de Andalucía y regiones aledañas de la costa mediterránea de la Península Ibérica ( -> véase Iberos ). [Gabriel Martínez Fernández / José Andrés Afonso Marrero ].

 

 
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