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MúSICA EN ANDALUCÃA |
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| Muy pocas regiones del mundo tienen un patrimonio
musical tan rico como el de AndalucÃa. Pese a la simplificación que se
suele realizar del folclore y la música popular andaluza, AndalucÃa,
durante milenios tierra de encuentro de las formas musicales europeas y
orientales, es la fuente de las esencias, el objeto de inspiración y el
espejo en el que se mira la cultura musical española. AndalucÃa tiene
desde el comienzo de la historia una personalidad musical propia e
irrepetible, resultado de la fusión de los ritmos, melodÃas, ritos,
danzas e instrumentos que los diversos pueblos y circunstancias
históricas sedimentan. El estudioso catalán Jaime Pahissa, al hablar de
las caracterÃsticas de la música española, asevera que éstas ?son,
indudablemente, las propias de la música tÃpica andaluza. Esto es: los
ritmos acusados, fuertes a veces hasta llegar a la dureza, formando
fórmulas repetidas; los melismas y las cadencias de un aire entre árabe y
oriental, creado y naturalizado en la España potente, original y
palpitante de vida inagotable?. Desde las
puellae gaditanae
 de la Gades protohistórica hasta los últimos
estertores del romanticismo musical de Albeniz, Falla y Turina, casi
siempre andaluz en su origen y concepión, el pueblo andaluz es el que
lleva la primacia y el que aglutina en su música los principales
caracteres genéricos de lo español.
Prehistoria y Antigüedad.
La música está presente en la génesis de la especie
humana, en especial como elemento sagrado en el acompañamiento de ritos
religiosos y funerarios. La música se considera entonces un elemento
sagrado, reservado tal vez a las personas más importantes de la
comunidad, y son muchos los vestigios de primitivos instrumentos
musicales que llegan hasta el presente. Antonio MartÃn Moreno, en
su
Historia de la música andaluz
, menciona restos del PaleolÃtico Medio
(150.000-40.000 a.C.), entre los que se encuentran huesos tallados o
raederas que hacen suponer algún tipo de acompañamiento musical, vocal o
instrumental; en la cueva de la Zájara, en AlmerÃa, se ha encontrado una
concha de vieira del Auriñaciense (PaleolÃtico Superior, 31.000-8.000)
dotada de una perforación que permite suponer que debe usarse en parejas,
como crótalos, o aisladamente como idiófono. Aunque las culturas de los
Millares y El Argar no es muy rica en vestigios musicales, el pueblo
fenicio, introductor de diversas traduciones musicales semitas, trae
consigo pruebas irrevocables de la importancia de la música, producida o
acompañada mediante diversos resonadores, con casi toda probabilidad
membranófonos, de caja, ovoides y troncónicos.
Es precisamente en la Cádiz fenicia donde Estrabón,
citando a Posidonio, sitúa la primera referencia de las muchachas
cantoras o
puellae gaditanae
, que pasados los siglos alcanzan una gran fama en
Roma y su imperio y son elogiadas por Juvenal, Plinio o Marcial. Estas
bailarinas utilizan la
baetica crusmata
, especie de castañuela bética o andaluza que llega
al presente. La música romano-andaluza, que jugará un papel esencial en
el teatro y en diversos cultos como el del dios Baco, poco a poco se
formaliza y tiene en AndalucÃa algunos de sus primeros tratadistas, como
Séneca o Marco Fabio Quintiliano, natural de La Calahorra
(Granada).
La música visigótica o mozárabe.
La cristianización de Imperio impulsada desde Roma
y, posteriormente, la llegada de los visigodos a la PenÃnsula, provoca
que la música pagana vaya desapareciendo, refugiándose en el folclore y
en la tradición de bardos y juglares, y se reduzca a la unificación de la
práctica musical cristiana. La liturgia visigótico-mozárabe tiene su
periodo más brillante entre el cuarto Concilio de Toledo ?presidido por
San Isidoro de Sevilla? y el fin del periodo visigodo tras la conquista
musulmana, cuando la música mozárabe sobrevive como expresión,
inicialemente permitida, de religiosidad cristiana en tiempos de dominio
árabe. La liturgia visigótica, propia del sur peninsular frente a las
liturgias
ambrosiana
o milanesa o la
galicana
o francesa, conserva sus caracterÃsticas propias
incluso después de la reforma impulsada por el papa Gregorio Magno, que
da lugar al canto romano o gregoriano. La escuela musical sevillana, que
florece en los siglos VI y VII y tiene a San Leandro y San Isidoro sus
principales impulsores, tiene buena parte de la responsabilidad de esta
resistencia, por la que AndalucÃa se mantiene al margen de la reforma
gregoriana. En sus
EtimologÃas
, San Isidoro ofrece una amplia información sobre la
práctica del canto en los templos españoles, los instrumentos de la
época, la división teórica y práctica de la música, etc. Esta personal
interpretación de la liturgia musical católica por los primeros
cristianos andaluces, unido a las tradiciones profanas, que subsisten
pese a la persecución de las autorirades clericales, fertilizan el
terreno para que, con la llegada de los musulmanes, la música andalusÃ
cristalice en una explosión de creatividad y variedad.
La música andalusÃ.
->
véase
La música de al-Ãndalus
 (Tomo 2, págs. 696-697).
Las Cantigas de Santa MarÃa.
 Tanto Fernando III como su hijo y heredero,
Alfonso X el Sabio, son dos grandes amantes y promotores de la música. En
sus familias habÃa una gran tradición en la protección de músicos y
juglares, y la música andaluza también se beneficia de este mecenazgo. Si
Córdoba es posiblemente la primera ciudad de Europa donde se enseña la
polifonÃa, Alfonso X el Sabio se preocupa de introducir la Música en el
Quadrivium ?junto con la Aritmética, la AstronomÃa y las Matemáticas? y
crea una importantÃsima cátedra de Música en Salamanca. La música
castellana se enriquece con la aportación de las tradiciones judÃas y
árabes, y son los propios nobles los que reclaman la presencia de los
mejores músicos arábigo-andaluces en sus cortes.
En este rico contexto, que tiene uno de sus
principales escenarios la corte de Sevilla, surgen las
Cantigas de Santa MarÃa
, una obra que bastarÃa por sà sola para situar la
música española en un puesto de honor. Algunas de las cantigas son
compuestas en los Alcázares de Sevilla y la influencia de la música
andalusà es innegable. También es remarcable la influencia andaluza en el
plano instrumental, al introducirse una gran cantidad de instrumentos de
origen arabe-persa: las dobles flautas, mandolas,
rebabs
, gigas, jayal, la rota, el rabel, el
canun
(salterio o arpa), el
munis
, la
quenira
(especie de cÃtara), la guitarra y el
zolami
 (oboe) entre otros.
La música religiosa y profana del XV.
Básicamente, el siglo XV es una centuria de
transición hacia el gran florecimiento musical andaluz del XVI. La música
culta tiene dos centros de creación bien definidos, las catedrales y los
palacios de los nobles, y en ambos se están haciendo progresos notables.
Las catedrales de AndalucÃa se preocupan por reclutar buenos maestros,
organistas y cantores. De los primeros, que son los autores de los
composiciones, nos ha llegado una buen listado de nombres, de los que
desafortunadamente se conocen pocos datos biográficos. Vinculados a la
catedral de Sevilla están Pedro de Escobar ?al que se le atribuyen 43
obras? y Francisco Peñalosa, que es el autor que cuenta con más obras que
han llegado hasta nosotros, entre las que figuran tres misas,
lamentaciones y unos 30 motetes.
No obstante, se conservan muchos más datos sobre la
música profana, sobre todo a través de la crónica que retratra diversos
episodios de las festividades y las celebraciones en la corte de don
Miguel Lucas de Iranzo, condestable de Jaén. De gran valor es la crónica
de su boda con doña Teresa de Torres, en la ?iglesia mayor? de Jaén, y en
cuyas celebraciones la música y la danza se suceden durante varios dÃas:
?Yva tan grand moltitud et ruydo de atabales, tronpetas bastardas et
ytalianas, chirimÃas, tanborinos, panderos et locos (...) que non avÃe
persona que una a otra oyr se pudiesen, por çercaet alto que en uno
fablasen?. En efecto, la danza forma parte esencial de la nobleza e
incluso el pueblo llano andaluz, sobre todo con motivos de bodas,
nacimientos, fiestas religiosas y paganas. Afortunadamente, en el
Cancionero Musical de Palacio
se conserva la música de una de estas danzas altas,
compuesta por el autor sevillano Francisco de la Torre, que es
representado en el cancionero con 14 composiciones polifónicas más. Pero
no es el único andaluz que aparece en el
Cancionero
, obra fundamental puesto que da buena idea de la
música que se escucha en la corte española y en la casa de Alba. Entre
todos los nombres, el más importante es el de Juan del Encina. Salmantino
de nacimiento, Juan del Encina es nombrado en 1508 arcediano de la
catedral de Málaga, y desde entonces está muy ligado a esta ciudad.
Testimonio de su destacado legado musical es que sus obras están
presentes en el
Cancionero de Palacio
, de la Biblioteca Colombina, de Barcelona, de
Elvas, de Madrid, de Segovia y de Florencia. Suyos son los famosos versos
?¿Qué´s de ti, desconcolado?/ Qué´s de ti, rey de Granada?/ ¿Qué´s de tu
tierra i de tus moros?/ ¿Dónde tienes tu morada??. Pese a la fama que más
tarde alcanza Juan del Encina, el compositor más representado del
Cancionero
es Juan de Triana, sevillano de cuna.
Exclusivamente andaluz es, por el contrario,
el
Cancionero Musical
 de la Biblioeteca Colombina, un manuscrito
anterior a 1492, de carácter netamente profano, en el que se integran
obras de Juan Urrede, J. de León, Madrid, Moxica, Lagarto, Gijón,
Enrique, Cornago, Belmonte y Juanes, asà como Juan de Triana, Hurtado de
Jerez y Francisco de la Torre, ya presentes en el Cancionero de
Palacio.
La contribución andaluza no se reduce, sin embargo,
a un nivel práctico, sino que también es fundamental en el plano teórico.
El primer tratado de teorÃa musical escrito en castellano se redacta en
Sevilla y está fechado en 1410. Su autor era Juan Ferrand y se
llama
Reglas de canto plano o de contrapunto o de canto de
órgano
. Además de la existencia de otros manuscritos de
fecha más tardÃa, no se puede olvidar la contribución de Bartolomé Ramos
de Pareja, nacido en Baeza (Jaén) en torno a 1440, aunque residente en
italia el último tramo de su vida, uno de los grandes teóricos musicales
del Renacimiento. Aunque se le conocen algunas composiciones, lo más
fructÃfero y esencial de su trabajo es la superación de la vieja teorÃa
musical del hexacordo (seis sonidos en la escala) y la elaboración de un
nuevo sistema para solfear, basado en el octocordo, esto es, un nombre
para cada uno de los ocho sonidos de la escala. Asimismo, y en palabras
de Antonio MartÃn Moreno, ?abandona la vieja teorÃa pitagórica sobre los
intervalos y establece una nueva y original, basada en las matemáticas de
las proporciones para explicar la tercera mayor y menor, ofreciendo con
ello un nuevo punto de partida para la teorÃa de la larmonÃa?. A todo lo
anterior, se viene a sumar la aparición en Sevilla, en 1492, del primer
libro impreso sobre música, titulado
Lux Bella
 y cuyo autor es Domingo Marcos Durán.
El Siglo de Oro.
La música andaluza juega un papel esencial en el
XVI, que es el Siglo de Oro de la Música española. El descubrimiento de
América y las grandes riquezas procedentes de las Indias repercuten en
las catedrales, que cuentan con el dinero suficiente para contratar, a
menudo por cantidades muy elevadas, a importantes maestros de capilla,
asà como organistas, ministriles y niños cantores. En el siglo XVI,
Sevilla se convierte en centro de irradiación musical, y las
celebraciones en la catedral cuentan a menudo con un aparato tan
importante como para competir con las mejores de toda la Cristiandad. Se
considera a Pedro Fernández de Castilleja el fundador de la Escuela
sevillana, y además del valor indudable de sus composiciones le cabe el
honor de haber sido el maestro de dos genios de la música univeral,
Francisco Guerrero
*
y Cristobal de Morales
*
. El impresionante éxito editorial de sus
composiciones ?la música de Morales se difunde con tanto éxito por Europa
que en 20 años se hacen más de 40 ediciones impresas? y la fama que
alcanzan en Alemania, Italia, Francia y los PaÃses Bajos no tiene
precedentes en la música Española. También nos llega el nombre de algunos
organistas, el más brillante de los cuales es Francisco Peraza. No hay
que reducir, sin embargo, la brillantez musical del XVI a Sevilla, ya que
las catedrales de Málaga y Granada, asà como la Capilla Real de ésta
última, también alcanzan altas cotas de excelencia.
En este siglo, la música civil o profana también se
beneficia del ambiente humanista que reina en las principales casas
aristocráticas. Las cortes del duque de Arcos en Marchena (Sevilla) ?que
cuenta durante algún tiempo con los servicios del mismÃsimo Cristobal de
Morales?, del duque de Osuna y del marqués de Medina Sidonia disfrutan de
sus propios servicios musicales, influencia de la nobleza italiana. En
estas cortes, en las que se darrolla una floreciente literatura musical
andaluza, especialmente para laud, violas de arco e instrumentos de
tecla, el instrumento más apreciado es la vihuela. Aunque a partir de
1578 la vihuela de mano comienza a ser suplantada por la guitarra, entre
1535 y 1576 su práctica musical da lugar a uno de los repertorios
musicales más ricos de Europa. Intérpretes excepcionales de vihuela
fueron Alonso de Mudarra y Luis de Narváez.
En el apartado de la música vocal profana destaca
Juan Vázquez, que dio a la imprenta un libro de
Villacincos y canciones a tres y cuatro
(1551) y una
Recopilación de sonetos y villancicos a cuatro y a
cinco
(1560), y cuyo mayor mérito consiste en marcar la
evolución de la forma tradicional del villancico al madrigal italiano. No
obstante, frente a esta fuente impresa única de música vocal profana que
constituye la obra de Juan Vázquez, abundan los testimonios manuscritos,
entre los cuales el más importante es el
Cancionero musical de la casa de Medinaceli
, que sucede cronológicamente y en importancia
al
Cancionero de Palacio
 y que es un ejemplo significativo del
humanismo musical del XVI. En este cancionero, se pone música a las
composiciones de destacados poetas, como Boscán, Garcilaso, Gutierre de
Cetrina, Jorge Montemayor, Gregorio Silvestre o Hurtado de Mendoza, entre
otros. Â
El plano de la teorÃa musical se verá sacudido, como
es común en todos los campos, por la extensión de la imprenta. Junto a la
biblioteca de El Escorial, la Biblioteca Colombina, recopilada por el
humanista y bibliófilo Hernando Colón, alberga la mayor colección de
España de obras musicales. En ella figuran todos los libros de los
teóricos musicales y de música práctica editados en Italia, Alemania,
Bélgica y España. Entre los libros impresos en AndalucÃa habrÃa que
destacar el
Missale Hispalense
(1500); el libro
Arte de canto llano
, de Juan MartÃnez de Sevilla; el
Libro de música práctica
, de Francisco Tovar; y sobre todo la prolÃfica e
influyente producción de fray Juan Bermudo, que ofrece información
continua sobre el panorama musical andaluz de la época. Este rico
contexto facilita, asismismo, la extensión de la música culta por
Iberoamerica.
El nacimiento de la música moderna.
El siglo XVII señala un nuevo camino en la práctica
musical. Se inaugura lo que se ha llamado música barroca, y que según
algunos autores se extiende hasta bien entrada la centuria siguiente. El
siglo XVII, según Antonio MartÃn Moreno, es ?el del nacimiento de las
grandes formas de la música occidental?, como el bajo continuo, la
monodia acompañada, la
suite
, la sonata, la cantata, el
concerto grosso
, la ópera, etc. Estas nuevas formas rompen con la
unidad estilÃstica del Renacimiento. Aunque aún se cultiva la polifonÃa
contrapuntÃstica, se produce, como fenómeno esencial, la ruptura de
estilo, de tal manera que los compositores se ven obligados a dominar las
formas tradicionales y las más novedosas.
Los nombres más importantes de este siglo son Alonso
Lobo, natural de Osuna (Sevilla), maestro de capilla de la catedral de
Sevilla y compositor de gran prestigio en su época; SebastÃan DurÃn,
natural de Brihuega (Guadalajara), que ocupa durante cuatro años el
puesto de segunto organista de la catedral de Sevilla y del que se
conserva una zarzuela de 1696, la primera que se conoce con música y
textos completos; Sebastián López de Velasco, racionero de la catedral de
Granada, que realiza una muy importante aportación en el campo de la
música policoral española y la práctica de las formas tÃpicas del Barroco
musical español; Esteban de Brito, posiblemente natural de Évora
(Portugal) y maestro de capilla de la catedral de Málaga hasta su muerte,
que deja un amplio catálogo compositivo; y Francisco Correa de Araujo,
organista de la Catedral de Jaén, que realiza una de las aportaciones más
interesantes del XVII, el libro titulado
Facultad orgánica
, un espléndido repertorio para órgano, con 69
composiciones, precedido de diez capÃtulos sobre la teorÃa de la
Música.
En el apartado de la música profana, son numerosos
los compositores andaluces que integran los distintos cancioneros que se
conservan. Tanto en el cancionero conservado en la Biblioeteca Nacional
como en el
Cancionero de TurÃn
, asà como en el de Medinaceli, también llamado de
Tonos castellanos para diferenciarlo del cancionero del siglo XVI, y en
el
Libro de tonos humanos
, figuran nombres como Gabriel DÃaz, Francisco
Gutiérrez y Palomares, Francisco Muñoz y Diego Gómez. Una fuente
importante de música profana en esta época son las poesÃas del cordobés
Luis de Góngora
*
, que en el XVII son armonizadas por una gran
cantidad de autores, como Mateo Romero, Juan Blas de Castro, Gabriel
DÃaz, Diego Gómez, Francisco Guerau, Juan Hidalgo, Juan Arañés, Tomás
Cirera y Manuel Correa.
En cuanto a la teorÃa musical, junto a la Facultad
orgánica de Francisco Correa de Araujo, hay que citar el
Discurso sobre el arte del danzado y sus excelencias
y primer origen reprobado de las acciones deshonestas
, de Juan de Esquivel Navarri, una obra muy valiosa
para el estudio de la técnica y la historia de la danza.
El siglo XVIII.
Aunque algunos autores prolongan la música barroca
hasta el1750, año de la muerte de Juan Sebastián Bach, lo cierto es que
desde el inicio de siglo se notan actitudes diferentes, que contribuyen
al establecimiento del temperamento igual ?que consiste en la
participación del tono en dos semitonos iguales? y el nacimiento de la
ArmonÃa como ciencia que trata de los acordes y su encadenamiento, cuyas
bases son puestas por Rameau en su
Tratado de ArmonÃa
(1722). Frente a la música religiosa, que continúa
teniendo un papel protagonista, el nuevo principio rector de la música
será el placer y la diversión de las clases más pudientes.
En la música religiosa destacan Pere Rabassa,
oriundo de Valencia, que llega a Sevilla y deja nueve misas, cinco
misereres, himnos, salmos y motetes, asà como un
Tratado de composición
; Domingo Arquimbau, compositor muy prolijo por toda
España, que en AndalucÃa deja un gran número de obras en Córdoba, Málaga,
Granada y Sevilla; los brillantes organistas de la catedral de Málaga
José Barrera, Esteban Redondo y JoaquÃn Tadeo de MurguÃa; AgustÃn
Contreras, del que existen en el archivo catedralicio de Córdoba una gran
cantidad de obras, en las que práctica la policoridad de manera
magistral; o el barcelonés Jaime Balius y Vila, maestro de capilla en la
catedral de Córdoba, donde también se conserva la mayor parte de su
extensÃsima producción, integrada por centenares de composiciones.
En el ámbito profano, la música del XVIII se
caracteriza por la llegada a Sevilla de la corte de Felipe V e Isabel de
Farnesio, que se instalan en los Alcázares. Con ellos viene Doménico
Scarlatti, que permanece en Sevilla durante cinco años. Esta estancia
explica la presencia de la música andaluza en las composiciones de
Scarlatti. Según Kirkpatrick, ?ningún compositor español, incluido Manuel
de Falla, consigue expresar la esencia de su paÃs de forma tan completa y
elocuente como lo hizo el italiano Scarlatti?. Asimismo, destacan Gaspar
Molina y SaldÃvar, marques de Ureña, y Francisco de Paula Mico y
Cifuentes, marqués de Méritos, ilustrados muy amantes de la música que
encargan a Joseph Haydn ?Las siete palabras?, destinada en su origen a la
iglesia de la Santa Cueva de Cádiz.
También surgen en esta época la música teatral, con
la tonadilla escénica y la ópera como principales géneros. Las ciudades
de Cádiz y Sevilla, compitiendo con Madrid y Barcelona, se confirman muy
pronto como florecientes centros de este tipo de representaciones, y de
aquà surgiran figuras tan importantes como MarÃa Antonio Vallejo
Fernández, La Caramba
*
, y el cantante y compositor de ópera Manuel
GarcÃa
*
.
El romanticismo musical andaluz.
En el siglo XIX la música, considerada el arte ideal
para la expresión del sentimiento, toma por primera vez la delantera de
manera evidente al resto de las artes. A partir del XIX, ya no es la
música la que se expresa a través del hombre, sino el hombre el que se
expresa a través de la música. Surge asà el romanticismo musical, una
corriente que en AndalucÃa devuelve a la música su esplendor
tardomedieval y que se prolonga, gracias a importantÃsimas figuras como
Manuel de Falla o Albéniz, hasta bien entrado el siglo XX.
Cádiz se revela en este siglo como un importante
centro musical. De allà proceden, entre los más destacados, Ventura
Sánchez de Madrid, quien además de ser abogado y alcalde de Algeciras,
compone resonantes zarzuelas y óperas que alcanzan gran éxito en Madrid,
Sevilla o Lisboa; Rafael Taboada y Mantilla, autor de más de 40
zarzuelas; o Lucas Guenee, que llega a ser director de la orquesta del
Palais Royal de ParÃs. De Córdoba son Eduardo Lucena
*
, Cipriano MartÃnez Rücker
*
 ?uno de los autores más relevantes de la
música andaluza?, y José Molina León, compositor y director y uno de los
fundadores del Centro Filarmónico Eduardo Lucena.
En Granada, hay que citar a la familia Guervós, cuyo
iniciador es José Guervós del Castillo
*
y, entre otros, Antonio de la Cruz
*
, autor de canciones, romanzas en español e
italiano, canciones andaluzas, colecciones de valses, polkas y melodÃas,
además de varios libros sobre música. De la provincia de Huelva es Pedro
GarcÃa Morales, que entre 1918 y 1920 es director de las orquestas
sinfónicas de Londres, Cambridge y Birmigham y que deja piezas tan
inspiradas como su ?Esquisse Andalousie?. De Jaén surgen José MarÃa
Ventura, oriundo de Alcalá la Real, quien alcanza una enorme popularidad
en Cataluña bajo el nombre de Pep Ventura, ya que fue él quien crea la
tenora, reforma la antigua cobla ampurdanesa y reforma la sardana. Según
Antonio MartÃn Moreno, José Ventura es el primer músico que se inspira en
el folclore de Cataluña. Junto él, también son jiennenses Francisco
Reparaz y Chamorro, compositor de zarzuelas, escritor y traductor de
mérito nacido en Linares, y Ramón MarÃa Montilla Romero, originario de
Alcaudete. En Málaga sobresale la meritoria figura de Eduardo Ocón y
Rivas
*
, un autor de enorme influencia, puesto que en su
música se inspiran la mayorÃa de los compositores nacionalistas
posteriores. La labor de Eduardo Ocón es tan importante que eclipsa la
labor de otros músicos malagueños posteriores, como Antonio José Cappa,
José Cabas Galván y su hijo José Cabas Quiles. Finalmente, de Sevilla son
Jerónimo Jiménez y Bellido
*
y Luis Leandro Mariani
*
.
En el plano de los intérpretes destacan la gaditana
Dolores Espadero, extraordinaria pianista, residente en 1810 en La Habana
y madre del también pianista y compositor Nicolas Ruiz Espadero; José
Miró y Anoria, también de Cádiz, introductor en España del método
pianÃstico Thalberg; y, sobre todo, el guitarrista almeriense Julian
Arcas
*
, iniciador de una brillante escuela que devuelve a
la guitarra su antiguo esplendor. No en vano, bajo su maestrazgo se
forman los guitarristas españoles más importantes del XIX, como Cano,
Viñas, Parga, Carnicer, Tárrega, etc. En el plano teórico, hay que citar
a José Parada y Barreto, de Jerez de la Frontera, y Juan de Castro,
natural de Andújar, fundador de las revistas
España musical, artÃstica y literaria
y
El diario de teatros
 y autor de numerosos tratados.
La música nacionalista.
El romanticismo musical, que tanto auge tiene en
AndalucÃa en el siglo XIX, prepara el terreno para el nacimiento del
nacionalismo musical, que surge en el siglo XX, según MartÃn Moreno,
?como un decidido interés por la música popular y su utilización como
base de la música culta?. El nacionalismo musical, aunque se cultiva en
toda España, es un fenomeno predominantemente andaluz, ya que AndalucÃa y
su música son el motor y la inspiración de este movimiento, que produce
cuatro compositores de talla internacional, Manuel de Falla
*
, JoaquÃn Turina
*
, Enrique Granados
*
e Isaac Albéniz
*
. Junto a ellos, el otro nombre más importante de la
música andaluza del XX es el guitarrista Andrés Segovia
*
, que eleva la guitarra a la categorÃa de
instrumento culto que ostenta hoy. La presencia de estos gigantes de la
música ensombrece el papel de otros músicos coetáneos, si bien no resta
importancia a la labor de otros compositores como Francisco Alonso
López
*
, Ãngel Barrios
*
, Alfredo Larrocha, Manuel Infante y Manuel Font de
Anta
*
, asà como a la tarea investigadora del malagueño
Rafael Mitjana y Gordon
*
. Asimismo, en AndalucÃa tiene un gran relieve la
saga iniciada por Pedro Halffter
*
.
El siglo XX tiene un colofón de oro con el
compositor sevillano Manuel Castillo
*
y con el granadino Juan Alfonso GarcÃa GarcÃa
*
, quien a su vez es el maestro de Francisco
Guerrero
*
, José GarcÃa Román
*
y Manuel Hidalgo. En el plano teórico, la principal
aportación la realiza el musicólogo Antonio MartÃn Moreno
*
, quien con su trabajo sienta las bases para la
recuperación de los estudios musicales en AndalucÃa.
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